El caso es que como era la primera excursión decidimos tomárnoslo con tranquilidad. No hicimos muchos kilómetros al día (máx. 60), fuimos con el alojamiento reservado y compramos un pack con el que venían incluídas las comidas. Pijo, pijo, repijo. De esa forma, pensamos, si Inara no va cómoda o la cosa no marcha, al menos tendremos todo resuelto menos el pedaleo unas horas al día. Mereció la pena la pasta que nos gastamos sobre todo por la tranquilidad mental (y la comida, yum...). La próxima vez iremos con una tienda de campaña y nuestras cacerolas, que llevamos sin utilizarlas ya demasiado tiempo.
Algo que decidimos hacer y de lo que me siento particularmente orgullosa fue no alquilar un coche. A diario usamos el transporte público y la bici, aunque normalmente para las aventuras alquilamos un coche pequeñito. Estuvimos dudando hasta el último momento porque el tren no nos llevaba a St Jerome (punto de inicio) y el viaje de vuelta en bus era muy largo, pero al final encontramos una manera de llegar. La sorpresa fue que en el viaje de ida justo detrás de nosotros había una pareja de españoles que trabaja en Ste Adele. Cuando dije que la peque se llamaba Inara la chica (Ana) dijo: "Anda, pero tú no serás Lunatrix, la del blog, no?" Me sentí famosa por un instante XD A ver si nos volvemos a cruzar pronto!!!
Al llegar a St Jerome sacamos las bicis y el trailer del maletero y en seguida nos pusimos a pedalear. El P'tit Train du Nord es una ruta verde: una antigua vía de tren convertida en corredor para disfrute del personal (hace tiempo hablé de otra en British Columbia, el KVR). Está perfectamente cuidado y tiene otra cosa buena: es más bien llano, o si no al menos la inclinación máxima no pasa del 7%, lo que se agradece.
Normalmente la gente se hace la ruta empezando en Mt Laurier porque hay más cuesta abajo, pero nosotros (miren a Alex) decidimos ir a contracorriente: de Sur a Norte, cuesta arriba, de lo más civilizado a lo más silvestre (o eso creíamos). Porque sí. El primer día fue duro aunque corto. No saben ustedes lo empinada que se hace una inclinación de nada cuando llevas dos alforjas cargadas hasta los topes. Tras unos 30km al fin llegamos al Auberge de la Gare en Ste Adele donde cenamos como reyes, dormimos como benditos y nos levantamos con un dolor de culo del infierno. Note to self and others: no es recomendable hacer una ruta de estas características con un sillín nuevo.
Auberge de la Gare, Ste Adele. Día 1.
El segundo día nos trajo una sorpresa muy agradable: una cuesta abajo de al menos 10 km. Además ese día ya no llevaba las alforjas (las ventajas de viajar como una pija es que te lo llevan todo). Tan rápido fuimos que nos faltó el pelo de un calvo para pasarnos el segundo hostal en St Jovite / Mount Tremblant. Lo vimos de chorra pura y disfrutamos como kikos de un rato en los columpios y un paseito por el pueblo. Regocijo puro.
En los columpios de St Jovite, día 2.
El tercer día fue entre llano y cuesta arriba, tremendo. Íbamos (como en días anteriores) muy cerca de la autopista, aunque separados de ella por bastantes metros de vegetación muy frondosa. También como el resto de los días estaba nublado y hacía viento (de frente, como no). Las nubes fueron una bendición pero el viento... ay, el viento ... Menos mal que el paisaje, como siempre, hacía que a una se le olvidasen las penas.
Vacas, caballos y ciervos entre St Jovite y Labelle.
Por suerte a mediodía nos tropezamos con la antigua estación de Labelle, hoy restaurante y albergue, donde nos pusimos hasta el casco de Poutine, quiche y otras sutilezas cocinadas con / fritas en grasa de pato. Así pedaleamos alegremente otros 35 largos kilómetros hasta que llegamos al mejor albergue de nuestro recorrido: Chez Ignace. Oh, lá lá, Chez Ignace ...
Inara post-jacuzzi en Chez Ignace: más chula que un ocho. Día 3 cerca de Nominingue.
Sitting on a dock by the lake ...
Tras una cena a base de jabalí, ciervo y conejo quedó claro que mis días como vegetariana han llegado a su fin. Obelix habría salivado al ver mi primer plato (de cinco). Eso sí, me va a costar retomar mis karma-puntos para con el resto de la fauna del planeta. Lo único que puedo decir al respecto es ... ñam ... El desayuno, eso sí, mucho más comedido. Mucho más.
Desayuno light.
Con los crepes aún a medio digerir volvimos a castigar el cuerpo a base de pedal. Ese día fue largo, soleado y precioso hasta el kilómetro 50. Unos paisajes ...
Día 4, entre Nominingue y Mt Laurier.
Nos lo pasamos pipa los tres, y los dos que levantamos más de metro y medio del suelo (en mi caso, por poco) llegamos a Mt Laurier color gambita a pesar de las capas y capas de protector solar que nos pusimos. Señores y señoras: en los últimos 10 kilómetros no había ni un mísero árbol bajo el que cobijarse. En el horrible pueblo de Mt Laurier nos alojamos en un motel de carretera, pasamos la noche con un grupo de moteros jubilados de botellón el el parking, y al día siguiente por la mañana temprano nos montamos en el autobús de regreso a Montreal, con nuestras bicis, las pobres, en sendas bolsas de plástico en el maletero. Y un montón de picaduras de mosquitos y horse flies. Ay.
Por el camino descubrimos que a Inara no le sienta bien la leche. Eso explica el, en fin, un tanto peculiar equipaje con el que llegamos a Montreal: una bolsa gigantesca de pañales y reservas de toallitas para un año.
En resumen: una experiencia para repetir. El fin de semana volvemos a las andadas, yay!!




































