Oh, el regreso. Apenas unos días de catarsis musical terminaron hace poco con todos y todas cantando Amazing Grace en escenario principal del festival, y todo acabó hasta el año que viene. Vendremos? Querer, queremos, pero poder ... no sé si podremos. Sniff.
Este festival ha estado marcado por los muchos reencuentros, desencuentros, descubrimientos e indiferencias. En lo que sigue comparto algunos de ellos con ustedes, para que juzguen y disfruten con sus propias orejas.
Mi primer reencuentro fue con Oscar Brand, leyenda de la música folk, compositor de uno de los himnos de Canadá (Something to sing about) y ... una de las mentes pensantes detrás de Barrio Sésamo (de hecho el Monstruo de la Basura es él, porque al parecer se puso super pesado). Está claro que el nonagenario ya no es lo que era: le falla la memoria y se mueve con mucho esfuerzo. A pesar de eso tuvo a su audiencia rodando de risa por el suelo cuando hablaba e hipnotizada cuando él o los otros artistas del escenario cantaban sus canciones. Mítico.
También me reencontré con Arrested Development, una banda Afroamericana de hip hop un poco más actual que Oscar Brand (de los 90). Si no os suenan, he puesto un video refresca-memorias. Fue como ver otra vez en Príncipe de Bel Air, pero el concierto fue es-pec-ta-cular.
Arrested development, Everyday People.
La sección de descubrimientos la inauguraron los United Steel Workers of Montreal, un grupo rockabilly de carretera con un directo genial (ellos lo llaman folk-punk alternativo). No he encontrado ningún video de mi canción favorita, pero para quien quiera curiosear, aquí teneis. Sin duda leereis más sobre ellos.
Otros descubrimientos incluyen música folklórica de la de verdad (The Dardanelles) y un genio muy rarito llamado Andrew Bird. Botón de muestra.
Entre los desencuentros, por desgracia, el mayor es Konono no 1 con un directo patético (siento el calificativo, pero no hay otro); entre las indiferencias, DePedro, que tocó un repertorio idéntico las tres veces que lo vi. Debe ser que estaba en otras cosas.
Quédense con las recomendaciones :o)
Mostrando entradas con la etiqueta Winnipeg. Mostrar todas las entradas
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12 jul 2010
6 jul 2010
Desde Winnipeg con muchas fotos del viaje ....
El problema, a veces, de empezar un blog y actualizarlo regularmente es que la familia y amigos se acostumbran a ello, y cuando dejo de hacerlo me empiezan a llegar correos. “Estás bien?” “Qué te pasa, por qué no escribes?” “No te das cuenta de que a tu madre le va a salir una úlcera de tanta preocupación, ahora ni me mandas correos ni escribes en el blog!” Etc etc. He de reconocer que tanta atención me sube el ego y me abruma al mismo tiempo ;o)
No, no es que me falten ni ganas ni cosas que decir (como dice Álvaro en una de sus como siempre geniales entradas). No: lo que me falta es tiempo. Salí de Portland hace una semana y no sé si lo saben, pero en el tren no hay internet, y los días en Vancouver tienen demasiadas pocas horas para visitar a tanta gente con la que quisiera compartir tantas cosas -- en otras palabras, ni encendí el ordenador. Pero empecemos por el principio.
En primer lugar, no tuve la oportunidad de compartir con ustedes una foto que nunca fue, la del Guay Hommo Portlander, también conocido como Hipster o tipo “mira-como-molo” con mi ropa de sexta mano y mi bicicleta sin frenos. No conseguí la preciada imagen, simplemente, porque me daba vergüenza plantarme en plan fotógrafa de la naturaleza en cualquier calle de la ciudad. Lo que sí conseguí fue una foto de su modo de transporte inseparable: la bicileta de piñón fijo sin frenos. Efectivamente, sin frenos. Para parar hay que derrapar ligeramente frenando con los pedales (que tienen conexión directa con la cadena) pero no siempre funciona bien, con los riesgos que eso conlleva. Si ya lo decía mi abuela que para lucir hay que sufrir ...
De Portland fuimos a Seattle, en un ... TALGO!! Y es que los trenes de Amtrak (la RENFE de los EEUU) en la zona de Cascadia (la región que se extiende a ambos lados de la frontera Americano-Canadiense en el la costa del Pacífico) son made in Spain. Entre eso y la selección, casi me sale la vena patriótica. Casi.
En Seattle pasamos una tarde + noche de lujo en un hotel con jacuzzi en la terraza que nos costó super barato gracias a una oferta. Fueron sólo unas pocas horas en las que visitamos el inevitable Pike Market y fui, por primera vez, a la biblioteca pública de Seattle (una de ellas) donde pude admirar su arquitectura fuera de lo normal.
... Y como de costumbre, la ciudad nos recordó una vez más la grandísima estupidez que llevó a tantos alcaldes de ciudades norteamericanas a construir autopistas en el centro de la ciudad. En Seattle, la consecuencia de tanta estulticia es una ciudad separada del mar por una autopista de dos pisos. Las vistas, para los coches. Con un par.
Luego Vancouver, segundo hogar, y un viaje laaargo en tren a través de las Rocosas que nos ha llevado hasta Winnipeg a través de unos paisajes preciosos. Estaremos bailando, cantando y haciendo fotos en el Festival de Música Folk hasta el lunes, así que no se preocupen ustedes por la ausencia: volveré!!!!! :o)
No, no es que me falten ni ganas ni cosas que decir (como dice Álvaro en una de sus como siempre geniales entradas). No: lo que me falta es tiempo. Salí de Portland hace una semana y no sé si lo saben, pero en el tren no hay internet, y los días en Vancouver tienen demasiadas pocas horas para visitar a tanta gente con la que quisiera compartir tantas cosas -- en otras palabras, ni encendí el ordenador. Pero empecemos por el principio.
En primer lugar, no tuve la oportunidad de compartir con ustedes una foto que nunca fue, la del Guay Hommo Portlander, también conocido como Hipster o tipo “mira-como-molo” con mi ropa de sexta mano y mi bicicleta sin frenos. No conseguí la preciada imagen, simplemente, porque me daba vergüenza plantarme en plan fotógrafa de la naturaleza en cualquier calle de la ciudad. Lo que sí conseguí fue una foto de su modo de transporte inseparable: la bicileta de piñón fijo sin frenos. Efectivamente, sin frenos. Para parar hay que derrapar ligeramente frenando con los pedales (que tienen conexión directa con la cadena) pero no siempre funciona bien, con los riesgos que eso conlleva. Si ya lo decía mi abuela que para lucir hay que sufrir ...
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| From Portland Seattle Vancouver Winnipeg - Summer 2010 |
De Portland fuimos a Seattle, en un ... TALGO!! Y es que los trenes de Amtrak (la RENFE de los EEUU) en la zona de Cascadia (la región que se extiende a ambos lados de la frontera Americano-Canadiense en el la costa del Pacífico) son made in Spain. Entre eso y la selección, casi me sale la vena patriótica. Casi.
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En Seattle pasamos una tarde + noche de lujo en un hotel con jacuzzi en la terraza que nos costó super barato gracias a una oferta. Fueron sólo unas pocas horas en las que visitamos el inevitable Pike Market y fui, por primera vez, a la biblioteca pública de Seattle (una de ellas) donde pude admirar su arquitectura fuera de lo normal.
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... Y como de costumbre, la ciudad nos recordó una vez más la grandísima estupidez que llevó a tantos alcaldes de ciudades norteamericanas a construir autopistas en el centro de la ciudad. En Seattle, la consecuencia de tanta estulticia es una ciudad separada del mar por una autopista de dos pisos. Las vistas, para los coches. Con un par.
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Luego Vancouver, segundo hogar, y un viaje laaargo en tren a través de las Rocosas que nos ha llevado hasta Winnipeg a través de unos paisajes preciosos. Estaremos bailando, cantando y haciendo fotos en el Festival de Música Folk hasta el lunes, así que no se preocupen ustedes por la ausencia: volveré!!!!! :o)
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| From Portland Seattle Vancouver Winnipeg - Summer 2010 |
19 jul 2008
El efecto banjo-lina: una selección de música del Winnipeg Folk Festival
Aunque no suelo cumplir mis promesas cuando digo que pronto voy a escribir una entrada en el blog sobre un tema concreto, esta vez lo voy a hacer: ahí van las memorias del Winnipeg Folk Fest, por si os animáis a venir un día de estos (totalmente recomendado: ver sugerencias en un post anterior) y si no, pues que disfrutéis de un poco de música “exótica” en un día de ocio cualquiera. Eso sí, antes de empezar quiero dejar claro que esto no es necesariamente una selección de lo mejor del festival en términos musicales, sino de la música y los artistas que he disfrutado más.
Una cosa curiosa del festival es la organización de los escenarios: durante el día los espectáculos son colectivos – es decir, juntan a dos, tres o cuatro grupos en el mismo escenario y les ponen a tocar. Las mezclas no siguen un razonamiento concreto y pueden resultar de lo mas esotérico. Por ejemplo, poner a los grupos que vienen de lugares más lejanos (Brasil, Macedonia y Mongolia, por ejemplo); o a gente que toca el mismo instrumento (en uno de los conciertos en los que estuve había 9 banjos); o a gente de tres provincias costeras de Canadá. Todo vale. Estos conciertos suelen empezar con los músicos haciendo turnos y cada uno tocando una canción suya. Pero la idea es que tras esa “introducción” empiecen a tocar juntos, primero canciones propias y luego, durante los últimos 10 o 15 minutos de actuación, improvisando sobre temas o ritmos con los que están familiarizados.
Lo bueno de estos conciertos es son súper divertidos y la música es muy buena (lo que a veces resulta un tanto sorprendente). Es toda una experiencia ver a los músicos trabajando juntos tan de cerca. De hecho, yo diría que la mejor música que he escuchado en este festival ha sido en los conciertos colectivos y las sesiones improvisadas. Lo malo es que la música no existe, o mejor dicho, no está a la venta, porque lo más probable es que nunca antes hayan tocado juntos – la mayoría ni se conocen. Así que lo suyo es disfrutar el momento al máximo o llevarse una grabadora.
Otra idea muy interesante durante el día es una escuela de música folk en la que músicos experimentados dan una especie de “mini-clases” sobre temas específicos y la audiencia (entre 15 o 30 personas) hace preguntas. Los más atrevidos pueden traerse su instrumento y llevarse una clase particular de regalo.
En una de las escuelas fue donde conocí a uno de los grupos revelación (para mi) de este verano: Sheesham and Lotus, que son un par de tíos que parece que se han escapado de la era del Gold Rush, tirantes y pantalones de pana incluidos. Son dos pero parecen 20, entre otras cosas porque van por el mundo con dos maletones llenos de instrumentos de lo que llaman “Old time music”: banjos, violines, mandolinas, armónicas (en 45 minutos sacaron 15 tipos diferentes de armónicas cada uno), huesos, base harmónica, cuernos, y un largo etcétera. Aparte de eso usan los pies, la boca y son unos artistas de las palmas. En resumen, que hacen música con todo lo que se les pasa por delante y no solo eso, sino que tienen muchísima gracia y hacen bailar a los muertos. Imaginaros que Gila en lugar de un teléfono fuera un hombre orquesta, multiplicadlo por dos, y os salen Sheesham and Lotus. No tienen precio.
Otro grupo al que perseguimos durante el festival son los Vancuveritas The Fugitives (tambien tienen una pagina de myspace), de los que ya hablé en otra ocasión.
Otros descubrimientos de los escenarios diurnos que podéis mirar si os apetecen son el grupo de Jim Byrnes and the Soujournes (que juntos hacen un Blues buenísimo), Forro in the Dark (ercusión brasileña), Leela Gilday (ahí va una cantante aborigen canadiense), the Infamous Stringdusters (estos ya tienen un par de grammies en su carrera), Jacob & Lily (atención al vozarron de Lily, que en realidad se llama Karla; la potencia era tal en los conciertos que apenas le hacia falta el micrófono), y Outlaw Social (con otro vozarrón, esta vez de hombre).
Para mi los escenarios de día, mas pequeños y experimentales, fueron lo mejor. En comparación los espectáculos nocturnos (bastante convencionales, son enormes y con los musicos “famosetes”) me dejaron indiferente. Por ejemplo Donet Gnahore, de Costa de Marfil, es muy guapa y baila muy bien, pero en términos generales yo diría que ni frío ni calor. Michael Franti está muy bien para bailar y sabe como meterse al público en el bolsillo, pero no me compraría un cd suyo si pudiera elegir. Kathleen Edwards es impresionante pero tampoco me apasionó. Joan Armatrading es una musica im-presionante, pero le da al sintetizador que da gusto – algo que llevo muy mal. Y Ray Davies (de los Kinks), aunque al final nos hiciera bailar con sus grandes éxitos de otras épocas, no es tan rey del mambo como él piensa. Así que yo me quedo con el día y le dejo la noche a los que son mas fashion.
Para cerrar esta larguísima entrada, os dejo con un par de videos de mis actuaciones favoritas :o)
Sheesham and Lotus, Sweet Mamma (ver la segunda parte, a partir del minuto 4:30).
Y la Lola de Ray Davis, para que no se queje:
Me voy que pierdo el avion ...
Una cosa curiosa del festival es la organización de los escenarios: durante el día los espectáculos son colectivos – es decir, juntan a dos, tres o cuatro grupos en el mismo escenario y les ponen a tocar. Las mezclas no siguen un razonamiento concreto y pueden resultar de lo mas esotérico. Por ejemplo, poner a los grupos que vienen de lugares más lejanos (Brasil, Macedonia y Mongolia, por ejemplo); o a gente que toca el mismo instrumento (en uno de los conciertos en los que estuve había 9 banjos); o a gente de tres provincias costeras de Canadá. Todo vale. Estos conciertos suelen empezar con los músicos haciendo turnos y cada uno tocando una canción suya. Pero la idea es que tras esa “introducción” empiecen a tocar juntos, primero canciones propias y luego, durante los últimos 10 o 15 minutos de actuación, improvisando sobre temas o ritmos con los que están familiarizados.
Lo bueno de estos conciertos es son súper divertidos y la música es muy buena (lo que a veces resulta un tanto sorprendente). Es toda una experiencia ver a los músicos trabajando juntos tan de cerca. De hecho, yo diría que la mejor música que he escuchado en este festival ha sido en los conciertos colectivos y las sesiones improvisadas. Lo malo es que la música no existe, o mejor dicho, no está a la venta, porque lo más probable es que nunca antes hayan tocado juntos – la mayoría ni se conocen. Así que lo suyo es disfrutar el momento al máximo o llevarse una grabadora.
Otra idea muy interesante durante el día es una escuela de música folk en la que músicos experimentados dan una especie de “mini-clases” sobre temas específicos y la audiencia (entre 15 o 30 personas) hace preguntas. Los más atrevidos pueden traerse su instrumento y llevarse una clase particular de regalo.
En una de las escuelas fue donde conocí a uno de los grupos revelación (para mi) de este verano: Sheesham and Lotus, que son un par de tíos que parece que se han escapado de la era del Gold Rush, tirantes y pantalones de pana incluidos. Son dos pero parecen 20, entre otras cosas porque van por el mundo con dos maletones llenos de instrumentos de lo que llaman “Old time music”: banjos, violines, mandolinas, armónicas (en 45 minutos sacaron 15 tipos diferentes de armónicas cada uno), huesos, base harmónica, cuernos, y un largo etcétera. Aparte de eso usan los pies, la boca y son unos artistas de las palmas. En resumen, que hacen música con todo lo que se les pasa por delante y no solo eso, sino que tienen muchísima gracia y hacen bailar a los muertos. Imaginaros que Gila en lugar de un teléfono fuera un hombre orquesta, multiplicadlo por dos, y os salen Sheesham and Lotus. No tienen precio.
Otro grupo al que perseguimos durante el festival son los Vancuveritas The Fugitives (tambien tienen una pagina de myspace), de los que ya hablé en otra ocasión.
Otros descubrimientos de los escenarios diurnos que podéis mirar si os apetecen son el grupo de Jim Byrnes and the Soujournes (que juntos hacen un Blues buenísimo), Forro in the Dark (ercusión brasileña), Leela Gilday (ahí va una cantante aborigen canadiense), the Infamous Stringdusters (estos ya tienen un par de grammies en su carrera), Jacob & Lily (atención al vozarron de Lily, que en realidad se llama Karla; la potencia era tal en los conciertos que apenas le hacia falta el micrófono), y Outlaw Social (con otro vozarrón, esta vez de hombre).
Para mi los escenarios de día, mas pequeños y experimentales, fueron lo mejor. En comparación los espectáculos nocturnos (bastante convencionales, son enormes y con los musicos “famosetes”) me dejaron indiferente. Por ejemplo Donet Gnahore, de Costa de Marfil, es muy guapa y baila muy bien, pero en términos generales yo diría que ni frío ni calor. Michael Franti está muy bien para bailar y sabe como meterse al público en el bolsillo, pero no me compraría un cd suyo si pudiera elegir. Kathleen Edwards es impresionante pero tampoco me apasionó. Joan Armatrading es una musica im-presionante, pero le da al sintetizador que da gusto – algo que llevo muy mal. Y Ray Davies (de los Kinks), aunque al final nos hiciera bailar con sus grandes éxitos de otras épocas, no es tan rey del mambo como él piensa. Así que yo me quedo con el día y le dejo la noche a los que son mas fashion.
Para cerrar esta larguísima entrada, os dejo con un par de videos de mis actuaciones favoritas :o)
Sheesham and Lotus, Sweet Mamma (ver la segunda parte, a partir del minuto 4:30).
Y la Lola de Ray Davis, para que no se queje:
Me voy que pierdo el avion ...
Winnipeg en verano = mosquitos!

Winnipeg tiene varios alias, como por ejemplo “Winterpeg” (por los insufribles inviernos) o “The mosquito Capital of Canada”. Y no son ninguna exageración. Los inviernos de Winnipeg, como los de Minneapolis (que son los únicos que conozco de este estilo) se caracterizan por las pocas horas de luz al día, los varios metros de nieve que se acumulan en las aceras y las decenas de grados bajos cero que duran unos cinco meses interrumpidos. En mi caso, descubrir que a menos 45 grados no hay que molestarse en convertir los Fahrenheit en Celsius porque para entonces los dos coinciden fue la señal definitiva de que este no es lugar para mi.
Ahora tengo la otra señal: los mosquitos. La madre que los parió. No es que sean más grandes ni más malvados que, pongamos, los de España, sino que hay miles, qué digo, trillones, de ellos en todas partes. Además estos mosquitos tienen trompetas que atraviesan cualquier tipo de tejido, de forma que la única salvación es quedarse en casa viendo la tele – obviamente un plan muy atractivo para unas vacaciones de verano.
Teniendo pleno conocimiento (teórico) de la magnitud del problema, por una vez decidí dejar de lado mi lado hippycomeflores y comprar una botella de antimosquitos con el mayor porcentaje de DEET que pude encontrar – porque la experiencia es sabia y un hecho es irrefutable: en el mundo de los mosquitos soy el equivalente de Naomi Campbell. Mis expectativas eran altas, y una habría esperado que el antimosquitos mega-químico haría temblar las fundaciones de ideología de hippycomflores. Pero no: apenas goteando y con tres capas de potingue ultra toxico, los mosquitos me colaron no una ni dos ni tres picaduras, sino 25 en cada pierna solo entre la zona de los dedillos y la rodilla. Lo que significa que solo en esa parte de mi cuerpo (menos de un 25% del total) me lleve 50 – y eso sin contar las picaduras que me lleve en la tripa, los brazos, el cuello y la espalda. Total, que parece que llevo el traje de lunares incrustado. Preciozo.
En vista del fracaso de los químicos ayer fui a un herbolario y me compre otro tipo de antimosquitos sin productos tóxicos y sin DEET. Para probarlo me pase toda la puesta de sol (que es cuando los mosquitos están en su máximo apogeo) en un jardín. En medio de una nube de mosquitos trompeteros. Y no me picó ni uno. Este hecho irrefutable, junto con que ahora en lugar de oler a desechos nucleares llevo conmigo un agradable aroma de limón con patas, me han hecho una conversa definitiva de los antimosquitos del herbolario. Así que mi recomendación es que si alguna vez venís a Winterpeg o a cualquier zona de esta región en verano os compréis una buena botella de antimosquitos de herbolario y tiréis a la basura el DEET.
Y supongo que ahora es cuando digo eso de que me voy a comer flores, no? :o)
16 jul 2008
Recogiendo fresas en Winnipeg

Está claro que la mejor manera de hacer turismo no es ir de hoteles y tours, sino encontrar amigos que disfruten de vivir donde viven y que estén dispuestos a llevarte a hacer las cosas que hacen normalmente y a los sitios que más les gustan. Esa lección la aprendí en Agosto del 2006, durante un viaje que hicimos Alex y yo a la región del Yukon y Alaska hace un par de años (de hecho, ese fue nuestro primer viaje juntos). En ese viaje acabe haciendo cosas que ni se me había pasado por la cabeza podría hacer algún día, como por ejemplo pescar y envasar salmón o vivir una semana en una cabaña sin electricidad ni agua corriente. Toda una aventura.
Esta vez estamos en Winnipeg en casa de Matt y Sarah, unos amigos Winnipegonianos de Alex que nos invitaron a su boda en el 2006 y se ganaron mi cariño incondicional medio segundo después de conocerlos (se tienen que estar arrepintiendo, porque desde entonces cada vez que tenemos una excusa nos plantamos en su casa!). El otro día nos preguntaron si nos gustaría ir a recoger fresas, y quién iba a decir que no … así que ayer nos fuimos en el coche a dar un paseo por Manitoba (que por cierto, tiene playas!!) y esta mañana estábamos los cuatro doblando la raspa recogiendo fresitas (una para el cubo, una para mi; una para el cubo, una para mi…) bajo la lluvia y en medio de un enjambre de mosquitos típico de la pradera canadiense.
Dos cosas curiosas. La primera es que he descubierto por que las fresas se llaman “strawberries” (moras de la paja? – moras pajeras?? Jejeje…): resulta que las plantan en filas y entre fila y fila extienden paja para mantener a las matas de fresas bajo control. La segunda cosa curiosa es hemos recogido fresas en un cultivo biológico donde no utilizan ni pesticidas ni fertilizantes químicos. Para eliminar las malas hierbas lo que hacen es que al caer el sol sueltan a unos gansos que tienen domesticados: a los gansos por lo visto le gustan los hierbajos pero no las matas de fresas, así que cada atardecer se encargan de comerse todo lo que no sean fresas … y de paso fertilizan un poco. Una solución muy elegante.
Ahora tenemos 8 cubos de fresas que procesar en los próximos días … en forma de: mermelada de fresas, magdalenas de fresas, fresas congeladas, fresas con nata, ensalada de espinacas con fresas, soufflé de fresas … eh … ideas?
[--> algunas fotos de lo que llevamos de viaje here <--]
14 jul 2008
Winnipeg Folk Festival -- Wow.

Leo la última entrada y no me puedo creer la escribiera hace sólo una semana. Desde luego, me merecía unas vacaciones. Y vaya homenaje que me he dado, jejeje ...
Llevo media hora dándole vueltas a las fotos de estos días: 36 horas en autobús desde Vancouver y cuatro jornadas de música sin pausa son difíciles de resumir, y sin duda se merecen más de una entrada. Entre otras cosas, tengo que hacer una lista con enlaces para que podais disfrutar, en la distancia, de algunos de los artistas que me han gustado más, por si os da por aficionaros a la música folk :o) También colgaré un álbum de fotos para que veais qué aventura hemos tenido ...
Aventura que ha incluido un día bochornoso, un día lluvioso, una tormenta de truenos y relámpagos que duró una noche completa, dos días a 10 grados, amenazas de tornado, tiendas de campaña voladoras, lluvias torrenciales ... y otro día de calor bochornoso. Todo en cuatro días. Eso, sin unos miserables pantalones largos, tan solo un par de sandalias y una solitaria sudadera. Lo que demuestra que las penas con música son menos y bailar descalza con barro hasta las rodillas es muy bueno para la salud. Je.
No sé si esta entrada tiene algun sentido pero da igual. Ahi van 4 fotos - resumen (falta la de mis "zapatos" el resto del festival: mis chanclas con mis calcetines nuevos de lana y un par de bolsas de plastico -- quien dijo que no tengo estilo??). Y al final, una lista de cosas que teneis que traer cuando vengais al Winnipeg Folk Festival: porque esto hay que vivirlo :o)

Mi horóscopo en el Globe & Mail el día que salimos de Vancouver. El viaje ya apuntaba :o)

Los veranos en las Prairies se supone que son calurosos y secos. Juzguen con sus propios ojos el lodazal en el que se convirtio el festival el segundo día de conciertos.

Pero el buen tiempo llegó, y con el los pájaros exóticos ...

...Y ayer, mirando al cielo azul, azul ("blue-if-it's-a-boy") me hubiera quedado allí la vida entera.
** Qué llevar al Winnipeg Folk Festival:
- Lo que se lleva a todos los festivales de verano: cámara de fotos, crema protectora, gafas de sol, chanclas, una botella para el agua, una gorra.
- Antimosquitos; ropa holgada y de colores vivos para disuadir a los mosquitos.
- Una silla baja para sentarse en los conciertos.
- Una tarpa (de las que se ponen debajo de las tiendas de campaña) para reservar sitio en los conciertos (funciona así: un par de horas antes del concierto abren la zona al público, y se reserva poniendo la tarpa).
- Una tienda de campaña de cuatro estaciones (no tiene nada que ver con la pizza: es para que aguante la lluvia que suele caer y el viento si lo hay).
- Botas y un poncho para la lluvia.
- Ropa de abrigo, por si acaso (importante: calcetines!!).
- A poder ser, una bici para ir del festival a la zona de acampada.
... Y muchas ganas de pasárselo bien!!
--> Music coming up soon ... :o)
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