19 jul 2008

El efecto banjo-lina: una selección de música del Winnipeg Folk Festival

Aunque no suelo cumplir mis promesas cuando digo que pronto voy a escribir una entrada en el blog sobre un tema concreto, esta vez lo voy a hacer: ahí van las memorias del Winnipeg Folk Fest, por si os animáis a venir un día de estos (totalmente recomendado: ver sugerencias en un post anterior) y si no, pues que disfrutéis de un poco de música “exótica” en un día de ocio cualquiera. Eso sí, antes de empezar quiero dejar claro que esto no es necesariamente una selección de lo mejor del festival en términos musicales, sino de la música y los artistas que he disfrutado más.

Una cosa curiosa del festival es la organización de los escenarios: durante el día los espectáculos son colectivos – es decir, juntan a dos, tres o cuatro grupos en el mismo escenario y les ponen a tocar. Las mezclas no siguen un razonamiento concreto y pueden resultar de lo mas esotérico. Por ejemplo, poner a los grupos que vienen de lugares más lejanos (Brasil, Macedonia y Mongolia, por ejemplo); o a gente que toca el mismo instrumento (en uno de los conciertos en los que estuve había 9 banjos); o a gente de tres provincias costeras de Canadá. Todo vale. Estos conciertos suelen empezar con los músicos haciendo turnos y cada uno tocando una canción suya. Pero la idea es que tras esa “introducción” empiecen a tocar juntos, primero canciones propias y luego, durante los últimos 10 o 15 minutos de actuación, improvisando sobre temas o ritmos con los que están familiarizados.

Lo bueno de estos conciertos es son súper divertidos y la música es muy buena (lo que a veces resulta un tanto sorprendente). Es toda una experiencia ver a los músicos trabajando juntos tan de cerca. De hecho, yo diría que la mejor música que he escuchado en este festival ha sido en los conciertos colectivos y las sesiones improvisadas. Lo malo es que la música no existe, o mejor dicho, no está a la venta, porque lo más probable es que nunca antes hayan tocado juntos – la mayoría ni se conocen. Así que lo suyo es disfrutar el momento al máximo o llevarse una grabadora.

Otra idea muy interesante durante el día es una escuela de música folk en la que músicos experimentados dan una especie de “mini-clases” sobre temas específicos y la audiencia (entre 15 o 30 personas) hace preguntas. Los más atrevidos pueden traerse su instrumento y llevarse una clase particular de regalo.

En una de las escuelas fue donde conocí a uno de los grupos revelación (para mi) de este verano: Sheesham and Lotus, que son un par de tíos que parece que se han escapado de la era del Gold Rush, tirantes y pantalones de pana incluidos. Son dos pero parecen 20, entre otras cosas porque van por el mundo con dos maletones llenos de instrumentos de lo que llaman “Old time music”: banjos, violines, mandolinas, armónicas (en 45 minutos sacaron 15 tipos diferentes de armónicas cada uno), huesos, base harmónica, cuernos, y un largo etcétera. Aparte de eso usan los pies, la boca y son unos artistas de las palmas. En resumen, que hacen música con todo lo que se les pasa por delante y no solo eso, sino que tienen muchísima gracia y hacen bailar a los muertos. Imaginaros que Gila en lugar de un teléfono fuera un hombre orquesta, multiplicadlo por dos, y os salen Sheesham and Lotus. No tienen precio.

Otro grupo al que perseguimos durante el festival son los Vancuveritas The Fugitives (tambien tienen una pagina de myspace), de los que ya hablé en otra ocasión.

Otros descubrimientos de los escenarios diurnos que podéis mirar si os apetecen son el grupo de Jim Byrnes and the Soujournes (que juntos hacen un Blues buenísimo), Forro in the Dark (ercusión brasileña), Leela Gilday (ahí va una cantante aborigen canadiense), the Infamous Stringdusters (estos ya tienen un par de grammies en su carrera), Jacob & Lily (atención al vozarron de Lily, que en realidad se llama Karla; la potencia era tal en los conciertos que apenas le hacia falta el micrófono), y Outlaw Social (con otro vozarrón, esta vez de hombre).

Para mi los escenarios de día, mas pequeños y experimentales, fueron lo mejor. En comparación los espectáculos nocturnos (bastante convencionales, son enormes y con los musicos “famosetes”) me dejaron indiferente. Por ejemplo Donet Gnahore, de Costa de Marfil, es muy guapa y baila muy bien, pero en términos generales yo diría que ni frío ni calor. Michael Franti está muy bien para bailar y sabe como meterse al público en el bolsillo, pero no me compraría un cd suyo si pudiera elegir. Kathleen Edwards es impresionante pero tampoco me apasionó. Joan Armatrading es una musica im-presionante, pero le da al sintetizador que da gusto – algo que llevo muy mal. Y Ray Davies (de los Kinks), aunque al final nos hiciera bailar con sus grandes éxitos de otras épocas, no es tan rey del mambo como él piensa. Así que yo me quedo con el día y le dejo la noche a los que son mas fashion.

Para cerrar esta larguísima entrada, os dejo con un par de videos de mis actuaciones favoritas :o)

Sheesham and Lotus, Sweet Mamma (ver la segunda parte, a partir del minuto 4:30).



Y la Lola de Ray Davis, para que no se queje:



Me voy que pierdo el avion ...

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