30 oct 2011

Sin ton ni son ... el regreso


Por fin Alex ha terminado la tesis. Le queda la defensa, pero lo peor parece que ya ha pasado. Adiós a los días (suyos) delante del ordenador desde las 5 de la mañana hasta la medianoche, a la rutina (mía y para la que no nací) de madre a tiempo completo. La última semana fue una locura llena de sobresaltos pero ya está hecho. Bye bye, su tesis; hello, la mía. La tengo que terminar dentro de un año, dos meses y un día y me queda medio capítulo por escribir. Qué estrés.

Como celebración, hemos pasado unos días en un lugar medio escondido de por aquí cerca. Para bien o para mal (quién sabe) este planeta gira independientemente de los plazos del doctorado, así que cuando llegamos a nuestro tranquilo lugar norteño los árboles estaban peladitos, tal que así:


Nada del mar de hojas rojizas que se ve en las postales. Quizás el año que viene tengamos más suerte.

Eso no nos impidió darnos unos cuantos paseos por la montaña con la peque metida en una mochila-trono. Cuesta arriba, cuesta abajo, y ella duerme que te duerme mientras nosotros mirábamos el paisaje y nos dedicábamos a hacer y deshacer entuertos, viajes, sueños. Como la gente normal, con pausas, sin la sensación de vivir en un momento de urgencia extrema donde no se permite dormir más de tres horas seguidas.

Además, hemos vuelto a ver películas. Y a leer novelas en el bar de la esquina, durante el día. En el comedor suena música movida de vez en cuando. A Inara eso le hace reír. Y el lunes nos vamos a pasar la tarde repartiendo caramelos vestidos de murciélagos (o algo así). Y llevamos dos días intentando decidir si el jueves vamos a ir a ver una peli o a un concierto. Pero lo mejor, lo mejor, es esto: que llevo una semana levantándome a las 9, porque sí.

:)

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