14 ago 2012
Bonjour, Hello
Fred(erick), que así se llama, no es la persona más brillante del mundo. No fue al instituto porque le costaba trabajo memorizar datos. Aprendió la profesión (manitas es una profesión?) siguiendo a su tío de casa en casa, y hoy ofrece sus servicios a todos los vecinos del barrio que le quieran contratar. Fred en francófono. Sabe que se me da mejor el inglés pero quiero mejorar mi francés, así que me habla en su idioma materno con los ojos muy abiertos para ver si se me escapa alguna palabra. Si le parece que no le entiendo, me hace la traducción en un inglés sin mácula, inmediatamente.
Manitas hay en todas partes. Yo me pregunto, sin embargo, cuántos de ellos hablan dos idiomas, de hecho tres si contamos el griego, que es lo que sus padres hablan en casa. Estaba pensando en eso cuando ha pasado un mendigo más piojoso que he visto en mucho tiempo me ha parado en la calle. "Bonjour, hello, avez vous quelques sous a partager, do you have some cents to spare?" Sin respirar entre medias, como si no se tratara de dos idiomas distintos.
Fred y M. Mendigo son caracteres del barrio. Pero ahora que estoy dejándome los cuernos para mejorar mi francés y con ello las posibilidades de encontrar un buen trabajo en Montreal, Fred y Mendigo me refrescan la impresión que tuve al llegar a esta ciudad hace unos años: aquí no hay trabajos no cualificados. Matizo: muy pocos.
Cierto, hay fábricas y limpiadores, dependientas y mozos de almacén, como en todos lados. Y en algunos casos (no muchos) en las empresas se habla sólo un idioma. Hay cuatro grandes universidades, dos 100% anglófonas (McGill y Concordia) y dos 95% francófonas (la Université de Montréal y la UQAM). Los trabajadores manuales suelen ser francófonos. Aparte hay comunidades que se valen en uno de los dos idiomas oficiales, o incluso en ninguno porque usan mayoritariamente el suyo propio que sus mayores trajeron de quién sabe dónde. Pero para la gran mayoría de los mortales (incluyendo fontaneros, repartidores, dependientes, etc etc) hablar dos idiomas es una necesidad a la hora de encontrar trabajo. Y en mi mundo hablar idiomas es una cualificación.
Así que bueno, aquí estamos, en medio de una campaña electoral para lo que en España serían las autonómicas, expuesta día sí y día también al debate sobre la necesidad de defender el francés contra la amenaza (real, todo hay que decirlo) anglófona. Yendo a un colegio todos los días, cinco horas al día, para expresarme mejor en francés. Buscando trabajo sin saber si llegaré y la entrevista será en inglés, en francés, mitad o mitad o incluso si habrá partes en castellano, porque aquí cualquiera sabe. Y preguntándome cómo es que en una ciudad con un mercado laboral tan raro y tan exigente somos tantos los que queremos quedarnos y empezar de nuevo en un idioma que no es el nuestro.
Again.
Quiero decir, encore!
PD He hecho el blog privado temporalmente porque no me apetece tener los últimos años de mi vida, bajones y mejores momentos, a la vista ahora que estoy buscando trabajo. Os he autorizado como lectores para que sigamos en contacto ;)
11 jun 2012
La buena vida
27 may 2012
Esta semana en Montreal
Esta semana ha sido movidita y, sobre todo, ruidosa. Hemos (ya que vivo aquí me incluiré en el "nos") salido en la prensa nacional y la internacional en primera y segunda plana. Según los periodistas los responsables de las manifestaciones diarias, las caceroladas y el caos que reina en la ciudad cuando se pone el sol son los estudiantes que se oponen a la subida de la matrícula universitaria. Pero en mi calle no hay estudiantes, y sin embargo no hay vecino que no tenga ya las cacerolas abolladas a base de golpes. Las protestas, las más numerosas y longevas que ha visto este país, están llenas de abuelos, de familias y de gente que hace tiempo que dejó de pagar su deuda estudiantil o a la que le falta mucho para empezar a hacerlo.
En resumen, decir que lo que pasa en Montreal hoy es por la subida de las tasas universitarias es como decir que a Francisco Javier Guerrero Benítez se le daba mal la contabilidad: dudoso.
Es cierto que todo esto empezó con el tema de la subida de la matrícula. Las primeras protestas comenzaron allá por febrero por ese motivo, cuando se propuso aumentar la matrícula universitaria un 82% entre 2012 y 2019. En dinero contante y sonante estamos hablando de pasar de poco más de 2.000 a casi 4.000 dólares canadienses al año de media. Eso, que en España puede sonar a una barbaridad, aquí es poco: actualmente los estudiantes de universidades quebecois pagan la mitad que el resto de los canadienses y una tercera parte que los americanos (estamos hablando de medias, claro). Por decirlo de otra manera, se trata de poner el coste de la educación universitaria en Quebec a la par que el resto de las provincias.
Se ha hablado mucho de que los estudiantes de Quebec son unos privilegiados que no saben lo que tienen. Sin meterme en el debate sobre la educación gratuita vs. educación pública de pago, el problema es que subir las tasas abre (o debería abrir) un debate que se cerró en los años 60 fundamentalmente en un documento: el informe de la Comisión Parent. En aquella época, quizás la más turbulenta que ha visto Quebec en su historia (fueron los años de la Revolución tranquila) se decidieron tres cosas: la secularización de la sociedad, la fragmentación del debate político entre federalistas y separatistas y la creación de un estado de bienestar, todo esto a nivel provincial. Clave en este proyecto fue la secularización de la educación, que pasó de ser el privilegio de unos pocos que tenían acceso a educación fundamentalmente católica a ser un derecho. Consecuentemente, se congelaron las tasas y se creó un sistema de colleges (o CEGEPs) gratuitos. Para ayudar a los estudiantes con menos posibilidades además se puso en marcha un sistema de becas y ayudas en función de los ingresos.
Es posible que haya que subir las matrículas. El problema no es ése, sino la percepción (no limitada a los estudiantes) de que hacerlo requiere un debate abierto y pluralista sobre el significado de esta medida. La reforma de la educación superior que se llevó a cabo tras el informe Parent es hoy un pilar de la identidad quebecois: modificar las normas que regulan el acceso a la universidad y la forma de financiarla, según este grupo, es un proyecto demasiado importante como para que se lleve a cabo a puerta cerrada. Así fue como nació el movimiento de la "Primavera del Arce" (printemps érable) y con él su emblema, los cuadrados rojos. Se oponían tanto al aumento del coste de la educación universitaria como a la modificación de las reglas del juego sin que se les tuviera en cuenta. Se organizaron huelgas, piquetes y todo tipo de acciones. Luego vinieron los cuadrados verdes: el símbolo de los estudiantes que, cansados de perder clases (ellos siguen pagando) querían volver a las aulas para terminar el curso. Finalmente, los cuadrados blancos, a través de los cuales los padres de estudiantes mostraban su preocupación ante la crisis social que se ha desencadenado en la provincia y pedían al gobierno que pusiera de su parte para resolverla.
El gobernador de la provincia, Charest, tenía que hacer algo ante un movimiento estudiantil que no amainaba. De hecho, tras alcanzar un controvertido y breve acuerdo con los líderes de los sindicatos, hubo unos días en las que el asunto empezó a decaer un poco. Al mismo tiempo los que iban quedando comenzaron a usar estrategias cada vez más violentas: amenazaban a políticos concretos, se enfrentaban con otros estudiantes, atacaban a la policía ... En medio del caos creciente, en un momento casi irreal de mi estancia en este país, una mañana cuatro estudiantes paralizaron el sistema de metro de la ciudad usando bombas de humo.
Es difícil saber qué habría pasado si Charest hubiera optado por la inacción en ese momento, pero mi impresión es que el movimiento habría pasado a mejor vida. El ataque al metro fue la gota que colmó el vaso para muchos, un acto de estupidez supina que molestó a todos y no benefició a nadie.
Charest no sólo hizo algo, sino que decidió que la mejor defensa era una buena ofensiva y una semana después de los ataques del metro pasó el Decreto 78, que básicamente borra de un plumazo muchos de los derechos civiles que tenemos todos los ciudadanos de países democráticos. Con un lenguaje marcadamente vago, se eliminan el derecho de manifestación y asamblea se hace a los sindicatos responsables de cualquier protesta contra la subida de las tasas. Quien quiera saber más que lea esto.
El patinazo fue brutal. Charest no es un líder querido. Dicen de él que es lo más conservador que se ha visto por aquí en algún tiempo. En Montreal no gusta su actitud hacia los escándalos de corrupción en el sector de la infraestructura pública, menos aún cuando el derrumbe de varios puentes y túneles está fresco en la memoria (y en los bolsillos) de los que por aquí vivimos. Su Plan Nord (que prevee la explotación de recursos naturales en áreas del norte del país habitadas mayoritariamente por amerindios) es muy poco popular. Eso, entre otras cosas.
Así que cuando Charest pasó su temporal pero devastadora ley de emergencia, los montrealeses en lugar de amilanarse se echaron a la calle en masa. 250.000 ni más ni menos en una manifestación no autorizada. 700 detenidos. Y al día siguiente, cada uno en su balcón y muchos en las esquinas, los vecinos de la ciudad entera se citaron a las 8 de la tarde para dar un pucherazo.
El ritual se repite todas las noches. La prensa del resto de Canadá y la internacional dice que se trata de estudiantes que protestan contra la sudiba de las tasas. Pero en mi calle no hay estudiantes y los que salen a la calle todos los días hace tiempo que no pisan las aulas. No, ya no estamos hablando de estudiantes. Estamos hablando de gente que no está dispuesta a que le quiten lo que nos ha costado tanto ganar.
Y aunque signifique pasar una hora más meciendo a Inara para que se duerma porque el vecino de al lado saca todos los día su batería al balcón ... la verdad, la verdad, es que si yo me sintiera un poco menos extranjera también les seguiría el ritmo.
24 abr 2012
Allá donde fueres ...
Una de las cosas que teníamos pendientes era abrir un plan de ahorros para la educación post-secundaria de Inara. Efectivamente: todavía no anda y ya estamos ahorrando para libros. Es ... una idea un poco extraña, pero que en un país donde la educación sale cara tiene sentido, sobre todo ahora que parece inevitable (y en cierto sentido, lógico) que a pesar del lío que están montando los estudiantes en Quebec suba el precio de la matrícula universitaria en esta provincia, donde llevaba congelada unos cuantos años.
En cualquier caso, los RESPs (Registered Education Savings Plans) son algo relativamente común entre las familias de nuestro entorno. Desde que Inara nació de vez en cuando alguien nos preguntaba: "y con quién tenéis vuestro RESP?", a lo que debíamos responder, en voz baja "pues es que todavía no hemos tenido tiempo ..." Mi objetivo era que el RESP fuera nuestro regalo de primer cumpleaños, y así ha sido!! Hoy nos hemos reunido con la representante del grupo de padres que comenzó el programa, allá por los años 60, y hemos recibido toda la información que nos hacía falta y más.
La idea es muy sencilla: tú (en este caso, con apoyo familiar transatlántico) pones dinero todos los años / meses y el gobierno añade un 30% de lo que una invierta para animar a los padres a que ahorren lo máximo posible. Aparte de eso la fundación (sin ánimo de lucro) hace inversiones en bonos del estado (no en bolsa) y te hace partícipe de los beneficios que ellos obtengan a partir de otras actividades que tienen ellos, principalmente una empresa de márketing. La inversión está libre de impuestos. Y en una fecha ridículamente lejana, cuando Inara cumpla los 19 años, tenemos 2 opciones: si decide seguir estudiando después de ir al instituto el total se le ingresa en su cuenta en saldos mensuales; y si decide no estudiar, sacamos el dinero y nos damos un (grandísimo) homenaje, aunque eso sí, es este último caso la cantidad final es menor porque parte de los beneficios se los queda la fundación. Si en algún momento no se puede pagar, te sales del plan y ya está.
Estoy describiendo el lío este en el que nos acabamos de meter y la verdad, no acabo de creérmelo. Desde que nació Inara esta es una más de esas situaciones en las que no acabo de verme (yo firmando un contrato con una entidad financiera más allá de una cuenta de ahorros? Válgame dios!!). Pero vivimos en esta parte del charco, donde he visto a gente inteligentísima no poder permitirse una educación y quedar condenada a trabajos míseros, y no quiero que mi hija acabe perteneciendo a ese grupo. Así que ya ven: aquí estamos, irreconocibles y metidos de lleno en eso que llaman la vida de una familia de clase media.
19 ene 2012
Fresquitos estamos
Puede que algun@s ya hayáis visto este video que puse ayer en FB, pero para los que no, aquí va: un retrato fiel de los días de invierno en Montreal, con la gente como si nada.
Hoy, precisamente, me han llamado desde España para preguntar cómo llevamos las temperaturas de entre +3 y -30 (con viento). Y la verdad es que muy bien. Todos los días ando un par de horas y no tenía ni idea de que hiciera tanto frío, pero también es verdad que con mi abrigo-horno y mis botas de piel de yeti lo único que se me hielan son los mofletes. (Bueno. A veces también me cruje el menisco izquierdo, pero eso creo que son los años.)
Os dejo con el video que esto de escribir una entrada con el teclado del móvil es muy poco elegante.
A Monday Morning in Montréal from lovecat productions on Vimeo.
10 ene 2012
Desde mi oficina, comiendo habichuelas
No, no me han contratado en ningún sitio. Un alma caritativa me ha ofrecido una mesa en su despacho a cambio de regar una planta. Ahora tengo un espacio para terminar la tesis y acceso a las librerías de la institución, a los amigos que aún no he hecho, a proyectos que no se me ocurre imaginar. De hecho, estar aquí hoy es algo estupendo: significa que en unas semanas tendré el borrador final de la tesis.
Año nuevo, oficina nueva, y los mismos problemas para almorzar en público. Si es que no tengo remedio :)
20 nov 2011
Tapeando

Desde que me fui de España he huido de los sitios que se autodenominan "españoles", más que nada por evitar juicios injustos y desgarros del corazón. Además, como ya predijeron muchos, esta semana se auguraba más bien fúnebre. Pero la nostalgia a veces tira, y también las amistades que quieren ir de tapeo. Así que eso hicimos: plantarnos en el barrio de Villerray y dejar el idioma de Shakespeare por el de Cervantes. Y arrasamos.
Si me lee alguien que viva por estos lares dirá que en Montreal hay mucho restaurante español, y es cierto. Algunos son desengaños totales y absolutos, como ese sitio al que me llevaron para celebrar un cumpleaños, llamado El Gitano y donde te clavan por una paella recién sacada del congelador. El peor restaurante tima-turistas del Albaicín es un lujo al lado de este lugar de estética anclada en la época franquista, toros sangrantes y la mujer morena. Con todo y con eso y por razones que escapan a mi limitado intelecto, siguen recibiendo buenas críticas.
Otros están más a la altura de las circunstancias y de mi, ejem, al parecer selecto paladar. La visita a lugares como el trendy bar de tapas Pintxo puede ser un placer, al menos hasta que llegue el momento de pagar y veas el precio del vino (que por otra parte no es su culpa sino de cómo se lleva el monopolio del alcohol en Quebec ... harina para otra entrada). Las tapas son diminutas y con nombres como "txampis rellenos como me enseñó Arzak" (toma modestia) o "raviolis con molleja de pato de nuestro caserío" (de verdad?). Pero la comida es deliciosa y el sitio es perfecto para una cena especial.
El sitio al que fuimos en esta ocasión se llama Tapeo y es (lo adivinan?) un bar de tapas. El tamaño de los platos es más satisfactorio que en Pintxo, con lo cual compensa más, y la calidad mucho mejor que en sitios como El Gitano, aunque eso, sinceramente, no es difícil. Además tienen tapas más como de todos los días: tortilla de patatas (muy bien hecha), calamares a los que sólo le falta el bocadillo para que parezcan recién salidos de la Plaza Mayor, unos buñuelos de bacalao buenísimos ... y paro porque me está entrando hambre. Yo no sé si volveré a ir, pero desde luego si a alguien le entra la morriña y pasa por allí le recomiendo que entre y se de un gusto. Ñam.
14 nov 2011
Una tarde de cine

La idea partió de una cosa parecida que funciona bajo el nombre de Movies for Moms aquí en Canadá: se trata de proyectar películas a horas que son convenientes para madres con bebés, en un cine donde haya unos medios básicos (es decir, donde no haya que cambiar los pañales en el suelo del cuarto de baño) y donde unos llantos no molesten a nadie. Dar el pecho no es un problema porque en Canadá se trata de un derecho recogido en el Canadian Chart of Rights and Freedoms y aunque a mucha gente le parece mal que se haga en público (no comment) los comerciantes de Montreal se andan con cuidado para no atraer la ira de las madres lactantes, que son muchas y con tiempo para sabotear negocios.
Así que copiamos la idea y la trajimos un poco más cerca de casa, al cine de nuestro barrio, que es un antiguo teatro donde hoy hemos tenido a unos 10 bebés de entre 4 y 16 meses con sus madres y padres, correteando entre las sillas, jugando unos con otros, durmiendo, comiendo ... Y de repente me ha venido a la cabeza la suerte que tengo de vivir en una ciudad donde los bebés no son un estorbo sino una excusa para hacer mil cosas que de otra manera no harías. Donde la baja de maternidad / paternidad es de un año con casi la totalidad del sueldo. Donde los lunes puedo hacer yoga post-parto e ir al cine con Inara y Alex, los martes y los jueves voy a cardio-poussette y los domingos llevamos a la pequeña a una clase de música donde está aprendiendo a tocar el xilofón (a ver si no me arrepiento de esta, jeje). Y eso sin contar las clases de pilates, natación y otras mil actividades más que se ofrecen a las madres con bebés (y a veces, pero mucho menos a menudo, a los padres).
Ahora ya sabeis por qué últimamente escribo de higos a brevas (es decir, cada mucho tiempo).
30 oct 2011
Sin ton ni son ... el regreso

Por fin Alex ha terminado la tesis. Le queda la defensa, pero lo peor parece que ya ha pasado. Adiós a los días (suyos) delante del ordenador desde las 5 de la mañana hasta la medianoche, a la rutina (mía y para la que no nací) de madre a tiempo completo. La última semana fue una locura llena de sobresaltos pero ya está hecho. Bye bye, su tesis; hello, la mía. La tengo que terminar dentro de un año, dos meses y un día y me queda medio capítulo por escribir. Qué estrés.
Como celebración, hemos pasado unos días en un lugar medio escondido de por aquí cerca. Para bien o para mal (quién sabe) este planeta gira independientemente de los plazos del doctorado, así que cuando llegamos a nuestro tranquilo lugar norteño los árboles estaban peladitos, tal que así:

Nada del mar de hojas rojizas que se ve en las postales. Quizás el año que viene tengamos más suerte.
Eso no nos impidió darnos unos cuantos paseos por la montaña con la peque metida en una mochila-trono. Cuesta arriba, cuesta abajo, y ella duerme que te duerme mientras nosotros mirábamos el paisaje y nos dedicábamos a hacer y deshacer entuertos, viajes, sueños. Como la gente normal, con pausas, sin la sensación de vivir en un momento de urgencia extrema donde no se permite dormir más de tres horas seguidas.
Además, hemos vuelto a ver películas. Y a leer novelas en el bar de la esquina, durante el día. En el comedor suena música movida de vez en cuando. A Inara eso le hace reír. Y el lunes nos vamos a pasar la tarde repartiendo caramelos vestidos de murciélagos (o algo así). Y llevamos dos días intentando decidir si el jueves vamos a ir a ver una peli o a un concierto. Pero lo mejor, lo mejor, es esto: que llevo una semana levantándome a las 9, porque sí.
:)
6 oct 2011
Diarios de la Granja
Desde junio todos los miércoles recibo un correo electrónico de Francis, el hombre que cultiva las verduras que se comen en nuestra casa. No es la primera vez que nos animamos con la iniciativa de Community Supported / Shared Agriculture (CSA): básicamente, se trata de saltarte a los intermediarios y comprar las verduras directamente a uno o varios agricultores de tu zona, en nuestro caso la granja ecológica Les Jardin d'Ambroisie. Pero nunca antes nos habían mandado correos semanales.
La idea de las CSA es que antes de comenzar la temporada abonas una cantidad fija que ayuda al productor a comprar las semillas, el equipamiento, hacerse una idea de cuánta comida tendrá que producir y cuánta mano de obra necesitará, etc. Es bastante dinero, pero se paga sólo una vez. Después hay que esperar que la cosecha sea buena e ir a recoger la cesta sorpresa una vez por semana.
Siempre existe el riesgo de que la cosecha sea mala o de que pase algo inesperado (una inundación o una plaga, por ejemplo) y entonces te quedas sin dinero y sin lechuga, pero si todo va bien la comida que recibes es de excelente calidad y mucho más barata que si la compras en el super.
Digo yo que será por eso de los riesgos compartidos que Francis, "mi" agricultor, se siente en la obligación de mantenernos al tanto. Todas las semanas nos manda un correo en el que nos habla del tiempo que ha hecho en la granja y cómo van las plantas; ahora me descubro a mi misma abriendo el correo nada más depertarme los miércoles por la mañana, preguntándome si todo habrá ido bien. Algunas semanas no llueve lo suficiente, y entonces nos dice que los tomates serán más pequeños de lo normal y los pimientos rojos vienen manchados porque se le olvidó poner una manguera en esa esquina del huerto. O nos cuenta que los mapaches se han dado un festín con las semillas del maíz y la cosecha será menos abundante. En una ocasión hubo una plaga de Leptinotarsa decemlineata y se nos informó con todo lujo de detalle del proceso para librarse de ellas a mano, porque en una granja ecológica, ya saben, no se usan pesticidas.
Hasta ahí, todo normal. Bichitos, sequías y aventuras varias. Pero esta semana mi granjero nos ha sorprendido a todos con una reflexión sobre la delicada situación al sur del paralelo 49 que quería compartir con vosotros.
4 octobre 2011Casi nada.
St-Chrysostome
Bonjour à tous,
Manuel y Rolando, nuestros dos trabajadores guatemaltecos, no paran de sonreír estos días: pronto volverán a ver a sus familias.
(insertar dos párrafos sobre rábanos y el pavo de Acción de Gracias)
Al salir esta mañana, poco después de despertarme, he sentido que había algo muy diferente en el aire. ¿No os habeis dado cuenta también de que la bruma ha sido distinta durante estos últimos días? La ola de cambio crece por momentos: las manifestaciones de Wall Street en Nueva York son el reflejo de un malestar general, una reacción contra el orden mundial actual, y yo, un simple granjero, no puedo dejar de preguntarme: si esto de verdad estalla, ¿hasta dónde podemos llegar y cómo? ¿Llegaremos al colapso total de forma repentina o suavemente, de forma gradual? ¿Hace falta preveer el impacto y prepararse para las consecuencias o será que todo esto es pasajero y volveremos al orden anterior como si no hubiera pasado nada? Si las cosas cambiaran de forma radical, como puede que pase, y los sistemas actuales de producción se derrumbaran, puede que la conseguir comida se haga más difícil. Si así fuera es muy probable que la granja necesite de vuestro apoyo para conseguirlo ... y viceversa :-) Algo en lo que pensar, en cualquier caso os deseo una buena noche y hasta mañana.
Un saludo,
Francis.
27 sept 2011
Rialto + spaguetis = a few dollars more
Anoche fuimos al cine. Era la primera vez que teníamos ocasión de ir a ver una peli juntos desde hace 7 meses (que es mucho para un par de devoradores de palomitas como nosotros). La película elegida fue A Few dollars more, la segunda de la trilogía de Sergio Leone que incluye A Fistful of Dollars y The good, the bad, and the ugly. Por cierto, no puedo evitar mencionar que la primera peli es una versión con pocos cambios de Yoyimbo, de Kurosawa. Es verdad que Eastwood no lleva kimono, pero está igual de bueno que Mifune. Poco más cambia.
En cualquier caso, la noche fue un éxito rotundo que incluyó imágenes para recordar como, por ejemplo, esta, que reproduzco con permiso del protagonista:
Y de dónde salieron los espaguetis, se preguntarán ustedes? Pues muy sencillo: como es un ciclo de espagueti western el dueño del Rialto decidió servir espaguetis y pizzas (gratis) con la película. Ni que decir tiene que los 15 espectadores dimos buena cuenta de la comida.
Además de ver la peli, la visita de ayer al Rialto me permitió conocer más de cerca la historia de este edificio emblemático del barrio al que (confieso) nunca le había prestado demasiada atención.
Resulta que se trata de un antiguo edificio de corte neo-barroco construido en 1923-1924, inspirado en la ópera de París y desginado edificio histórico en Canadá. Recién construido y con cables de por medio al poco de ver la luz tenía un aspecto tal que así:
Foto tomada de la página del Teatro Rialto. El proyector se apagó en 1990. Entre el 2000 y el 2010 se hicieron varias renovaciones del interior para distintos propósitos, incluyendo (gasp!) el de abrir un asador. Los dueños de aquel entonces arrancaron los bancos del cine, pintaron los techos de colores, digamos, poco discretos y al final vendieron el edificio a la compañía que lleva Ezio Carosielli.
A juzgar por lo que vi anoche y lo que he visto en otras ocasiones en las que he visitado el teatro, debe ser cierto que este hombre se ha hecho con el Rialto a raiz de un amor desinteresado y el deber autoimpuesto de preservar la herencia arquitectónica que el edificio significa, porque está claro que el sitio no es un buen negocio (o al menos, no aún).
Independientemente de eso, ayer me sentí en casa. Después de un largo exilio desde que les dije adiós a mis compañeros de la Cinemateca de Vancouver, de un par de años sin utilizar la máquina de palomitas y los mismos sin ver una peli desde la sala de proyección, ayer volví a soñar con el ruido que hacen los rollos de película al pasar por el proyector. Sé que el momento está a punto de llegar, otra vez :)
21 sept 2011
Un par de agujeros nauseabundos
El bicho responsable de las aventuras que relato en esta entrada tiene de apellido Orthomyxoviridae, que es una manera muy guay de que no te llamen gripe corriente, moliente y cabrona. Gripe, que según dice Wikipedia, viene del suizo-alemán grupi que significa acurrucarse: eso es lo que llevo haciendo yo desde el jueves pasado, acurrucarme en una esquina de mi cama con 39.5 de fiebre y unos tiritones del averno. Pero fui, miré a la muerte a los ojos, le arranqué las pestañas de una dentellada y estoy aquí para contárselo a todos ustedes.Bueno. Tonterías aparte (no me dirán que no les ha gustado la introducción) la experiencia me ha enseñado una lección muy importante: que en el sistema de salud candiense, y más en concreto en el quebequá, hay muchos problemas. Eso no era ningún secreto, lo admito, pero yo he tenido la suerte de no tener que verlo hasta ahora, porque llegué con médico de familia puesto (más bien heredado). Y luego, en el embarazo, me enchufaron con nocturnidad y alevosía a la mejor médico de cabecera que existe en el universo entero, y así, por suerte y por descuido, sólo me he topado con clínicas relucientes, médicos a las que no encontré fallo y hospitales de los que he salido llorando de gratitud. Riánse, pero es cierto.
.... o lo era, hasta hace unos días que me subió la fiebre, perdí la razón, se me olvidó que tengo médico de cabecera (!!) y comencé un periplo por los CLSC y otras clínicas sans rendez vous de la magnífica ciudad que me ve levantarme todos los días.
La culpa, creo, la tuvo una enfermera con un chicle muy grande y muy mal vocabulario. Cuando fui a verla, el domingo las 8 de la mañana en uno de esos CLSC bien limpios y bonitos, después de 4 días con fiebre y la garganta cayéndoseme a trozos, necesitaba un antibiótico porque la cosa se había convertido en una infección tremenda. La tipa me mandó a la mierda y me dio un papel de las clínicas esas. Al día siguiente, lunes, me levanté muy malamente y en cuanto pude (a las dos) me arrastré a la clínica más cercana.
Al abrir la puerta me encontré en un antro. La sala de espera era un cuchitril lleno de cubos de basura y montoncitos de pañuelos sanguinolentos esparcidos por el suelo. Los sorteé, con más inercia que pericia, y llegué al mostrador de la secretaria. De ella me separaba un cristal guarro -- no guarro, más allá de lo guarro, de lo repulsivo, de lo que incluso debería ser legal en una clínica que algo recibirá del gobierno, digo yo. El cristal estaba cubierto de escupitajos de yo no sé cuantos pacientes y de quién sabe qué antigüedad. También había marcas de frentes sudorosas. Y un pañuelo con sangre en el mostrador. Así que medio muerta y todo me di media vuelta y salí de esa pocilga sin mediar palabra con la secretaria.
La siguiente clínica estaba, la verdad, mucho más limpia, y me quedé allí a esperar mi turno ... durante 4 horas. En esas 4 horas pasaron tantas cosas absurdas que, si se las contara, no me creerían; a ratos pensé que había una cámara oculta en algún lugar de la pulcra aunque anticuada sala de espera. Les contaré tres momentos, prometiendo que no exagero.
Momento 1
Durante las 3 primeras horas no deja de entrar un hombre extraño (y evidentemente un poco loco) que no para de rascarse el ojete por encima del pantalón. Se ríe, le dice algo al secretario en un idioma que no entiendo, el secretario se pone rojo, el tipo va al baño, del que durante 15 minutos salen ruidazos que (espero) vienen de distintas partes de su cuerpo, incluyendo gritos, y acto seguido sale a la calle hechando humo, de nuevo rascándose el ojete a través del chándal y riéndose con una risa histérica. Así, un total de 5 veces hasta que lo ve el médico (su consulta duró UNA hora).
Momento 2
En el que el secretario, más simple que un folio en blanco, quiere llevarse bien con el grupo de griposos pacientes. Investiga quién tiene mejores pulgas y descubre a un chico joven que está allí para saltarse una semana de clases a través de un justificante médico. Acto seguido, el secretario le pide que por favor le conjugue un par de verbos en francés, en subjuntivo si puede ser, porque le cuestan un poco de trabajo. Acto seguido los pacientes-pacientes asistimos, atónitos, a dos hombres adultos conjugando verbos en la sala de una clínica -- creo que el más sorprendido fue el chico que no tuvo tiempo de reaccionar.
Momento 3
A las 4.30 el secretario se levanta de la silla y camino de la puerta dice: "findemijornadalaboral --mepiro -- túereslapróxima (señalándome a mi) -- elrestodeficherosenlamesaparaladoctora" y desaparece por la puerta. Tras lo cual tres señoras se lanzan sobre los ficheros, que efectivamente estaban encima de la mesa, y empiezan a rebuscar (recordatorio: ficheros médicos = información super confidencial) tirando papeles por el suelo, etc. Como gallinas picamierdas, pues igual.
No sé qué pasaría con ellas, porque efectivamente a mi me tocaba después, la buena doctora me dio mi receta y yo me fui a casa a seguir cocinando el virus, pero por si no ha quedado claro esta ha sido mi experiencia más surrealista en el sistema de salud canadiense. Quería compartirla con ustedes y dejar por escrito esto para que no se me vuelva a olvidar: no quiera nadie que eso vuelva a ocurrir, y me vuelva a encontrar en uno de estos agujeros nauseabundos a donde van a parar los casi 3 millones de desgraciados que no tienen médico de cabecera en esta provincia.
Y de regalo, para quien comprenda francés, un video.
14 sept 2011
Un, deux, trois. Yes Sir! Yes Sir!
Ay.
Imagínense por un momento, sólo por imaginar, un grupo de 14 mujeres en chándal corriendo, saltando, hincando las rodillas y haciendo otras cosas raras mientras empujan el carrito cuesta arriba por el parque de Mont Royal. A la cabeza va una señora, chiquitita pero mandona, que va diciendo:
Y maintenant, tres pasos y un salto, manos arriba! Un, deux, trois, yes Sir! yes Sir! ¿Cuántas llevamos ya? ¿30? Pues os quedan otras 70! Y luego a correr de lado! Y un sprint! Y ahora al suelo a hacer flexiones! A andar en cuclillas! Un, deux, trois, yes Sir! yes Sir! Que sólo os queda una hora, a correr! Más rápido! Y que no se os olvide sonreír! Un, deux, trois, yes Sir! yes Sir!
Efectivamente, suena a boot camp para mujeres con carrito: el cardio poussette. ¿Y hemos pagado para que nos maltraten de esta manera? Yes, Sir!
Mañana a las 10 PILE, estaremos de nuevo, con nuestros carritos en ristre y los bebés bien enfundados, subiendo por el camino que lleva a Beaver Lake. Mañana mi conferencia de agujetas se disolverá o aumentará de tamaño, quién sabe, al son de los latigazos verbales de la sargenta de proporciones reducidas.
¿Y saben ustedes? Me va a costar dormir esta noche con tanta anticipación, porque el martes me lo pasé pipa haciendo flexiones y corriendo cuesta arriba :o)
12 sept 2011
En busca del francés perdido
Es la historia de una mujer inmigrante. No sabemos de dónde viene ... ni adónde va.[teatro callejero, verano 2007, Montreal.]
Mi relación con el idioma del siempre elegantemente vestido Rey Sol es, cuando menos, problemática, y cuando más poco constante. En los últimos años he asistido a unas cuantas lecciones de francés y he hecho una inmersión a pelo en un entorno mayoritariamente francófono (Senegal). Yo diría que no me fue mal. Pero entonces decidí mudarme a Montreal, provincia de Quebec, y se me fastidió el invento. Desde que el Honorable Jean Charest (o, más apropiadamente, alguien en su nombre) aceptó mi solicitud de residencia en este lugar del mundo, sólo uso el idioma oficial de esta provincia para ir al super y decir "no necesito que me de una bolsa de plástico, muchas gracias."
Es de lo más frustrante: cada día se me caen dos palabras del área de Broca y no puedo hacer nada para evitarlo.
El problema es que aquí mucha gente habla los dos idiomas, pero no conmigo. En esta ciudad los únicos monolingües funcionales son los mayores de 50 años y la gente del resto de Canadá (a este último grupo pertenecen la mayoría de mis amistades). El resto son, como poco, bilingües, y a menudo trilingües.
Los bilingües me traicionan pasándose al inglés cuando me notan el acento. Del resto, como hay tantos inmigrantes y muchos de ellos vinieron hace mucho tiempo, un número elevado son trilingües sólo nominalmente, porque en realidad hablan un batiburrillo de idiomas que es todo y nada al mismo tiempo. Como el espanglis pero con mercis y bonjours desparramados en cada costura.
Viendo que, por contradictorio que parezca, el entorno no acompaña, he decidido volver a desempolvar mis libros de gramática francesa: esos que llevo arrastrando de un país a otro desde hace 7 (7!!) años. He borrado una vez más las 22 primeras páginas (lo más lejos que he llegado jamás) y me he puesto otra vez con las conjugaciones verbales intentando no dormirme. El siguiente hallazgo me ha hecho sonreír un poco:
[página 17, ejercicio hecho en Diciembre de 2004] Me llamo Lunatrix, nací en Granada y actualmente vivo en Karlstad, Suecia. Soy soltera y sin hijos; no creo que me case nunca y si algún día me establezco definitivamente en algún lugar del mundo me gustaría adoptar a varios hijos o hijas. La maternidad biológica nunca me ha interesado demasiado. Trabajo como diseñadora de páginas web. De aquí a 5 años me gustaría vivir en algún lugar de Canadá, Vancouver a ser posible, y ganarme la vida como investigadora. Quiero vivir en muchas ciudades, unos 4 años en cada una: es suficiente para conocer un lugar sin aburrirse de él.... :)
8 ago 2011
Pan y circo en Mile End
A mis vecinos se les ha escapado el gorila. Típico poster hecho por y para hipsters.
Al lado de la tienda de juegos de la comunidad jasídica.
Y pronto el barrio estará lleno de húngaros. Lo que nos faltaba.
Bienvenidos a Mile End, una isla de convivencia pacífica entre Outremont, Plateau y Mont Royal.
Pensaba servidora que la falta de emociones fuertes del barrio le atontaría el alma. Nada puede perturbarte demasiado cuando tienes una reserva ilimitada de bagels en un radio de 5 minutos. Pero ah, hoy me he dado cuenta de que si no me sobra pan tampoco ando corta de circo.
Les cuento.
Llámenme lo que quieran, el caso es que volvía de hacer yoga en el parque con mi grupo de madres cuando me ha atacado un hambre feroz. Pasaba en ese momento por delante de una tintorería / café donde hacen unos paninis de muerte, y no me he podido resistir. ¿Y quién había detrás del mostrador? Pues no lo sé, porque no era el hombre dicharachero de siempre, sino un joven muy redondito que hablaba por los codos. Haciendo de confesora desde el otro lado de la barra me he enterado de que tiene tres trabajos: dos días a la semana hace sandwiches y durante tres noches es el protagonista de un espectáculo de drag queens. El tercer trabajo comienza justo cuando cierran los bares: es el manager y principal pastelero en un comercio regentado por una familia ortodoxa. Como no le da tiempo a ir a casa a cambiarse, tres días a la semana entra por la puerta de atrás de la pastelería con el atuendo al completo, de las plataformas a la peluca. Y se pone a hacer baclava. Unas horas más tarde, antes de que salga el sol y sus jefes se presenten en la pastelería, él sale por donde entró y se va a dormir. El truco, me ha dicho con un guiño pícaro, es no olvidarse las pestañas postizas encima del mostrador.
Lo tendremos en cuenta.
Ya de nuevo camino a casa, digiriendo estaba yo toda la información (y un bocadillo buenísimo que me ha preparado el hombre) cuando he visto algo raro aproximándose. Primero era un hombre ... ¿negro? ¿Totalmente desnudo? ¿Me cambio de acera? Pero ... no tiene zapatos! Ni pelo! Ni boca! Ni ojos! ¿Es una sombra que se ha despegado del suelo y ha empezado a caminar? ¿El manicomio más cercano por dónde caerá? Si ahora estoy rodeada de sombras de mil colores!!! Me miran, me saludan, y una sombra púrpura se da la vuelta y menea el trasero a 5 metros de mi mirada incrédula. Un cachete dice "Morph", el otro "Suit". Y descubro que es una compañía que vende trajes integrales ... de colores. Tal que así:
Todavía me estoy recuperando. Desde luego, como estrategia publicitaria no tiene precio.
1 jul 2011
Happy Moving Day! I mean, Canada Day!
Visto desde fuera, que practicamente todos los contratos de alquiler terminen y comiencen el 1 de Julio es una locura. Significa que los que estén alquilando su vivienda (más de un tercio de los habitantes de Montreal) se han de trasladar ese día, con muy pocas excepciones. Las empresas de mudanza concentran gran parte de su negocio en una semana al año, y los que se mudan tienen que reservar una furgoneta con hasta 6 meses de antelación o pagar precios exorbitantes a una compañía que se dedique a eso. Y la ciudad ... la ciudad parece un basurero. Porque aquí la gente deja los sofás en las aceras para que se los lleve el camión de la basura. Y como los sofás la tele rota, un par de lámparas sin cable, el torre del gato y 4 cajas de VHS de los años 80. Es decir, todo aquello que vio días mejores acaba en la acera. Y hay, se lo prometo, de todo.
En cualquier caso, esta semana ha sido una locura de mudanzas alrededor nuestra, y créanme que me alegra no formar parte de la danza de mi barrio. De todas formas (por eso de encajar en el nuevo medio y desarrollar la conexión empática con el objeto de estudio) he estado indagando sobre este comportamiento tan extraño, y esto es lo que he encontrado: se trata de una antigua tradición.
Moving Day circa 1930, image from the McCord Museum.
De hecho, se trata de una costumbre (que no una ley, ojo) mucho más antigua que la foto. Según diversas fuentes (esta y esta), durante la ocupación francesa de los territorios de la Nueva Francia (véase, Quebec) los terratenientes tenían prohibido desalojar a sus inquilinos antes de la primavera. Más tarde, en 1866, se pasó una ley que establecía una fecha específica, el 1 de Mayo, pero como el tiempo en esa época del año es aún un poco inestable y, además, coincide con la época de exámenes en estas latitudes, en 1973-1974 cambiaron la fecha al primero de Julio.
Que, por cierto, es también el día del orgullo nacional (Canada Day). Aunque con la mudanza, se pueden imaginar, aquí los vecinos han celebrado más bien poco.
4 jun 2011
Las pobres
No os lo vais a creer, pero el calorcito montrealés (pegajoso y agobiante) aún no ha llegado a nuestros jardines. Hace unas semanas el magnolio de los vecinos floreció de esa manera tan absurda y espectacular que tienen esos árboles, como si el mundo se fuera a acabar en un instante. Llegó la lluvia, el frío polar, el viento y una tormenta con truenos y relámpagos, y nos quedamos sin flores antes de que me diera tiempo a hacerle una foto. Se me escapó la primavera. Cachis.
Por lo menos, ya no nos queda nieve. Hace unos meses la manta blanca empezó a desaparecer, y menos mal porque ya de blanca tenía poco: entre la sal, la gravilla que ponen y la porquería de la calle hubo unas semanas en las que para ir a la tienda de la esquina (el depanneur) había que vadear ríos de aguachirri mugrienta. A medida que lo blanco desaparecía y las faldas del personal se acortaban a un ritmo vertiginoso (en mi barrio se llevan las minis) en las aceras empezaron a aparecer dos souvenirs típicos de la primavera quebecuá: las mierdas de perro (que se acumulan en los bancos de nieve durante los laaargos meses del invierno) y las bicicletas.
Las pobres bicicletas. A menudo víctimas mortales de las máquinas quitanieves, en el mejor de los casos participantes involuntarias de un programa de donación de órganos urbano. No sólo tienen que aguantar el invierno montrealés con la esperanza de que sus dueñ@s vengan a buscarlas cuando luzca el sol, sino que además muchas veces son mutiladas y abandonadas por las aceras de la ciudad, hasta que viene la policía a quitarlas de en medio. Luego las subastan y, vendidas al peso, las compran tiendas de segunda mano que las desguazan, las reconstruyen y las vuelven a vender, esperemos que a alguien que no las deje abandonadas a merced de nuestro tremendo invierno.
3 abr 2011
Has spring sprung?
Spring comes into Quebec from the west. It is the warm Japan Current that brings the change of season to the east coast of Canada, and then the west wind picks it up. It comes across the prairies in the breath of the chinook, waking up the grain and caves of bears. It flows over Ontario like a dream of legislation, and it sneaks into Quebec, into our villages, between our birch trees. In Montreal the cafés, like a bed of tulip bulbs, sprout from their cellars in a display of awnings and chairs. In Montreal spring is like an autopsy. Everyone wants to see the inside of the frozen mammoth. Girls rip off their sleeves and the flesh is sweet and white, like wood under green bark. From the streets a sexual manifesto rises like an inflating tire, 'The winter has not killed us again!' Spring comes into Montreal like an American movie of Riviera romance, and everyone has to sleep with a foreigner, and suddenly the house lights flare and it's summer, but we don't mind because spring is really a little flashy for our taste, a little effeminate, like the furs of Hollywood lavatories. Spring is an exotic import, like rubber love equipment from Hong Kong; we only want it for a special afternoon, and vote tariffs tomorrow if necessary. Spring comes to Montreal so briefly you can name the day and plan nothing for it.
Leonard Cohen, Beautiful Losers - Via Karl.
21 feb 2011
El síndrome de la cuna vacía y otras cosas
Ya queda poco, o eso dice todo el mundo. Tengo una amiga que anda ya con una tripa de 42 semanas (42 semanas!) porque no quiere que le provoquen el parto. Yo no creo que dure tanto. La idea de andar por la vida de esta manera durante casi 6 semanas más (42 días, 42 noches, 1.008 horas más) me desespera. A partir del jueves puedes venir cuando quieras, pequeño ser sin nombre.
El mundo sigue dando vueltas, pero hace unos días que parece que el ombligo del mundo es ese cuarto naranja que da al lado soleado de la calle. El canastillo, la cuna, la mecedora, la montaña de ropa diminuta (todo regalos o "herencias") se han convertido en el centro del universo alrededor del cual giramos todos. Ayer tuvimos una fiesta en casa. Todas las preguntas y conversaciones en las que participé, por supuesto, fueron sobre mi inmensa figura, la fecha prevista del parto, hospitales, médicos, etc. Probablemente sea la última fiesta en bastante tiempo, y si hasta ahora los "potlucks" eran mensuales y por la noche, mucho me temo que a partir de ya nos lo vamos a tener que tomar más con más tranquilidad.
Fuera del universo que gira alrededor de ese canastillo vacío la vida continúa como si no pasara nada y, de vez en cuando, me hace sentir hasta persona normal. La semana pasada sin ir más lejos tuve una aventura interesante que me llevó hasta la oficina de "mi" "representante" en el parlamento. Lo de representante va entre comillas porque me queda un año para poder votar aquí. El caso es que el gobierno federal, que es el que me da la beca y me paga los 4 meses de baja de maternidad a los que tengo derecho, decidió el miércoles que ese derecho no era tal, y por tanto que no me pagarían durante el resto del cuatrimestre y que el dinero que me han ingresado desde principios de enero lo tengo que devolver. Si a alguien le suena a una artimaña ilegal para ahorrarse dinero ahora que están trajinando con el presupuesto oficial del estado, bingo. Lo que no lo hace menos ilegal, porque cuando aceptas una beca firmas un papel que es un documento oficial donde se detallan todas estas cosas. Tampoco lo hace menos estresante, porque a ver quién es la hermosa que se va con esta tripa a buscarse el pan.
Mis supervisores estaban trabajando uno en Ottawa y otro en Hong Kong, con lo cual me pasé una noche en vela dándole vueltas a la sandía y a la cabeza, tratando de averiguar cómo salir de ésta. Uno de mis supervisores (el que estaba en HK) sugirió que llamara a "mi" "representante" en el parlamento canadiense, un señor del Nuevo Partido Democrático (NDP) que se llama Thomas Mulcair y parece muy majo. A mi no se me hubiera ocurrido *jamás* ir a contarle mis penas a un político electo que trabaja en el parlamento, pero imagínense mi desesperación que a la mañana siguiente a las 10 estaba marcando su número.
"Bonjour?"
"Esto ... buenos días. Le llamo porque tengo un problema."
"Vives en Outremont?"
"Sí."
"Es un asunto relacionado con el gobierno federal?"
"Esto ... sí."
"Te paso ahora mismo."
Pensaba que me mandarían a la mierda (educadamente, eso sí, que para eso estamos en Canadá). Sin embargo me dieron cita para las 11, pasé 45 minutos en la oficina del asistente de Mulcair respondiendo a sus preguntas y examinando con lupa los documentos que tenía, y a las 12 ese señor tan simpático estaba cantándole las 40 a la persona responsable de finanzas en el ministerio que me da la beca. Para cuando llegué a casa tenía un correo electrónico diciendo que había sido todo un error, por supuesto, y que no me preocupara por nada. Esa misma tarde el señor simpático me llamó para asegurarse de que la señora Tal se habían puesto en contacto conmigo. Im-presionante. En cuanto tenga tiempo me voy a hacer una camiseta que diga "MY MP MADE ME BELIEVE IN DEMOCRACY AGAIN."
Ese mismo día me llegó otro mensaje del mismo ministerio. Esta vez era una carta al a vieja usanza en la que se me informaba de que no me dan la beca para hacer un postdoctorado. La abrí, la leí, no sentí nada y pensé que lo mismo al rato me daría un bajón. Pero pasaron las horas y los días y lo único que sentí fue alivio. El proyecto era muy interesante, pero creo que ha llegado la hora de poner fin a esta etapa y buscar un trabajo en el que no me pase el día, sola, delante del ordenador poniendo mis pensamientos en orden. Tengo ganas de ver gente. De tener una oficina, de hacer algo que no implique postponer la satisfacción de ver el trabajo bien hecho de forma constante, de un poco de acción. Lo mismo son las endorfinas, pero sinceramente desde que me llegó la carta estoy mucho más contenta.
Así que ya sabes, pequeño ser sin nombre: a partir del jueves puedes venir cuando quieras. Cuanto antes, mejor, que ya sabes que lo tenemos todo listo :o)
31 ene 2011
Y yo que creía que ya no se me notaba

Bagel de St. Viateur. Eeeww!
Lo que, en el caso de una montrealesa adoptada recientemente, no tiene ningún sentido. Pero tampoco lo tiene que mi temperatura ideal sean los -10 grados, o que me pirre una buena poutine con queso de cabra (mucho más burguesa que la tradicional con cheese curds qui font "cui cui") acompañada de una buena cerveza de abeto Marco (sí, sabe a ambientador de coche, pero engancha).

Poutine con cerveza de abeto, primera cata.
Otros logros alcanzados desde mi llegada a Canadá en 2005 incluyen manejarme bien en los dos idiomas oficiales del estado, ser (por fin!) una residente permanente y algo que muchos quebecois de pedigrí no tienen: un médico de familia (explicación, en francés, aquí). Además leo The Globe and Mail entre semana, los sábados me tomo un croissant en la cafetería de la esquina mientras leo La Presse y devoro el Walrus una vez al mes, eso sin olvidar que me paso el día enganchada a la CBC. Pero dejándonos de tonterías: qué hay más canadiense que una inmigrante?
Por todo esto y más, me sorprendió abrir un regalo de mi suegra la semana pasada y encontrarme con un libro titulado "How to be a Canadian:" "una guía que informa sobre todos los aspectos de la cultura canadiense, incluyendo gastronomía nacional, rituales de apareamiento, política, moda, normas de decoro, estructura social y cerveza." Con lo que me lo he currado, y todavía necesito un libro de estos? Bueno, vale: se trata más bien una (medio?) broma, así que me lo he tomado tan en serio como la cabra que me regaló mi suegro (una donación via Free the Children). Es una familia curiosa. De todas formas, el libro es bueno para pasar el tiempo, y sin darme cuenta las páginas van cayendo una detrás de otra ... a ratos matándome de risa. Mi broma favorita hasta ahora? Esta:
The unit of currency in Canada is the Canadian dollar. Canadians affectionately refer to their dollar as "the loonie," because there is a picture of a large crazed woman on it.Quien quiera entender, que entienda ... jejeje ... y quien no, obviamente, me tiene que hacer una visita :o)















