Esta vez sacamos del armario unos cuantos regalos de boda que llevaban tres años (jesús!) en el trastero para irnos a hacer camping en el parque nacional de Oka, en Quebec. Entre otras cosas había una tienda de campaña nueva, unas alforjas enoooormes para la bici y un par de copas de vino modelo acampada (gracias, Julio!), que no por estar fuera de la ciudad hay que dejar pasar ciertos placeres ... Con todo y con eso, los días antes de salir a veces nos entraban las dudas: de acampada con Inara, que tiene 17 meses? Dormiría bien? Comería bien? Se lo pasaría bien? Muchos nervios que al final se quedaron en nada porque la peque se lo pasó como una enana. Literalmente.
El trayecto del viaje, para los curiosos y curiosas:
1. De casa a la guardería y de la guardería a la estación de trenes. Total: 20 minutos.
A dónde me llevarán hoy?
-- 30 minutos de espera.
2. De la estación de trenes de Montreal a Deux Montagnes. Total: unos 40 minutos.
-- 30 segundos para sacar las dos bicis, el trailer, las 4 alforjas, una bolsa, la tienda de campaña y otroa abalorios del tren por unas escaleras empinadísimas y a punto de un ataque al corazón = no tuvo precio.
Una forma práctica de meter las bicis en el tren, cortesía de la AMT.
3. De la estación de Deux Montagnes al camping del parque nacional de Oka por una ruta casi siempre dedicada a los ciclistas lejos de la carretera (con un segmento muy corto en una ruta al lado de la autopista). Total: una hora y media.
4. Esparcimiento de bártulos, montaje de tienda de campaña y puesta de bañadores para irnos a la playa mientras la pitusa corría muerta de risa por entre las yedras venenosas. Total: 20 minutos.
Bien esparcidos. En la foto falta la tienda de campaña.
Al final resultó que acampar con Inara no requiere demasiado esfuerzo. Cierto es: no es la misma experiencia, aunque me atrevería a decir que en nuestro caso fue no sólo mejor de lo que esperábamos sino también mejor que cualquier experiencia acampando que hayamos tenido ninguno de los dos anteriormente. No nos hizo falta nada especial aparte de un cascabel que engancharle al tobillo (no es una broma) para seguirle el rastro, un par de libros de cuentos y una pelota para la playa. Eso aparte, claro está, del trailer, un saco de dormir de éstos (hace mucho calor) y un colchoncito hinchable cómodo. Ah: y humor, por supuesto :)
El parque de Oka resultó ser una elección perfecta por la combinación de playa, montaña y bosque. Por la mañana la playa estaba vacía, pero por la tarde aquello era una playa a la española como no he visto yo otra en estos lares, y entonces nos montábamos en las bicis y nos íbamos a merodear por los senderos desiertos entre sapos verdes con lunares, nenúfares y mucha sombrita.
Domingueros.
vs. aventureros :)
Tengo una confesión que hacer: mis almuerzos. Por primera vez tomé beef jerky y en la playa ... dos perritos calientes con una ración de poutine. Para recargar las pilas bien, bien XD
Si el ketchup son verduras, lo mío fue un festín de comida sana.
La culpa en parte la tienen los mapaches que nos robaron casi toda la comida la primera noche. Lección aprendida: la próxima vez nos llevamos más cuerda para colgar cosas lejos del alcance de los animales. Action shot.
Mapache con la tripa llena de barritas energéticas trepa a un árbol huyendo de mi, brevemente, antes de volver a atiborrarse de galletas para bebé.
A la mañana siguiente nos visitó un ciervo al que le gustaron los brotes de hierba que crecían al lado de la tienda de campaña. Mientras Alex y yo asomábamos la cabeza por una cuasi-ventana, Inara ponía en peligro la integridad de nuestro refugio saltando al grito de "bird, bird bird!!" (Para ella todos los animales bonitos son pájaros.). El día antes de venirnos, para darnos de que hablar en el viaje de vuelta, un halcón se posó en el árbol que había justo encima de nuestra tienda de campaña mientras desayunábamos. De nuevo al grito de "bird, bird, bird!!" (aunque esta vez Inara estaba en lo cierto) el halcón se lanzó hacia nosotros sin previo aviso ... y aterrizó en un ratón que correteaba entre las hojas a menos de un metro de nosotros. A Alex le dio tiempo a hacer una foto borrosilla como prueba.
In-creíble.
Total, que al final nos tocó volver a la playa, comer más perritos calientes y apuntar el manillar de la bici camino de Montreal. Próxima entrega de las aventuras veraniegas no-montrealesas en un par de semanas. Mientras tanto estaremos planeando!
The end.





































