
Desde que me fui de España he huido de los sitios que se autodenominan "españoles", más que nada por evitar juicios injustos y desgarros del corazón. Además, como ya predijeron muchos, esta semana se auguraba más bien fúnebre. Pero la nostalgia a veces tira, y también las amistades que quieren ir de tapeo. Así que eso hicimos: plantarnos en el barrio de Villerray y dejar el idioma de Shakespeare por el de Cervantes. Y arrasamos.
Si me lee alguien que viva por estos lares dirá que en Montreal hay mucho restaurante español, y es cierto. Algunos son desengaños totales y absolutos, como ese sitio al que me llevaron para celebrar un cumpleaños, llamado El Gitano y donde te clavan por una paella recién sacada del congelador. El peor restaurante tima-turistas del Albaicín es un lujo al lado de este lugar de estética anclada en la época franquista, toros sangrantes y la mujer morena. Con todo y con eso y por razones que escapan a mi limitado intelecto, siguen recibiendo buenas críticas.
Otros están más a la altura de las circunstancias y de mi, ejem, al parecer selecto paladar. La visita a lugares como el trendy bar de tapas Pintxo puede ser un placer, al menos hasta que llegue el momento de pagar y veas el precio del vino (que por otra parte no es su culpa sino de cómo se lleva el monopolio del alcohol en Quebec ... harina para otra entrada). Las tapas son diminutas y con nombres como "txampis rellenos como me enseñó Arzak" (toma modestia) o "raviolis con molleja de pato de nuestro caserío" (de verdad?). Pero la comida es deliciosa y el sitio es perfecto para una cena especial.
El sitio al que fuimos en esta ocasión se llama Tapeo y es (lo adivinan?) un bar de tapas. El tamaño de los platos es más satisfactorio que en Pintxo, con lo cual compensa más, y la calidad mucho mejor que en sitios como El Gitano, aunque eso, sinceramente, no es difícil. Además tienen tapas más como de todos los días: tortilla de patatas (muy bien hecha), calamares a los que sólo le falta el bocadillo para que parezcan recién salidos de la Plaza Mayor, unos buñuelos de bacalao buenísimos ... y paro porque me está entrando hambre. Yo no sé si volveré a ir, pero desde luego si a alguien le entra la morriña y pasa por allí le recomiendo que entre y se de un gusto. Ñam.


























