21 sept 2011

Un par de agujeros nauseabundos

El bicho responsable de las aventuras que relato en esta entrada tiene de apellido Orthomyxoviridae, que es una manera muy guay de que no te llamen gripe corriente, moliente y cabrona. Gripe, que según dice Wikipedia, viene del suizo-alemán grupi que significa acurrucarse: eso es lo que llevo haciendo yo desde el jueves pasado, acurrucarme en una esquina de mi cama con 39.5 de fiebre y unos tiritones del averno. Pero fui, miré a la muerte a los ojos, le arranqué las pestañas de una dentellada y estoy aquí para contárselo a todos ustedes.


Bueno. Tonterías aparte (no me dirán que no les ha gustado la introducción) la experiencia me ha enseñado una lección muy importante: que en el sistema de salud candiense, y más en concreto en el quebequá, hay muchos problemas. Eso no era ningún secreto, lo admito, pero yo he tenido la suerte de no tener que verlo hasta ahora, porque llegué con médico de familia puesto (más bien heredado). Y luego, en el embarazo, me enchufaron con nocturnidad y alevosía a la mejor médico de cabecera que existe en el universo entero, y así, por suerte y por descuido, sólo me he topado con clínicas relucientes, médicos a las que no encontré fallo y hospitales de los que he salido llorando de gratitud. Riánse, pero es cierto.

.... o lo era, hasta hace unos días que me subió la fiebre, perdí la razón, se me olvidó que tengo médico de cabecera (!!) y comencé un periplo por los CLSC y otras clínicas sans rendez vous de la magnífica ciudad que me ve levantarme todos los días.

La culpa, creo, la tuvo una enfermera con un chicle muy grande y muy mal vocabulario. Cuando fui a verla, el domingo las 8 de la mañana en uno de esos CLSC bien limpios y bonitos, después de 4 días con fiebre y la garganta cayéndoseme a trozos, necesitaba un antibiótico porque la cosa se había convertido en una infección tremenda. La tipa me mandó a la mierda y me dio un papel de las clínicas esas. Al día siguiente, lunes, me levanté muy malamente y en cuanto pude (a las dos) me arrastré a la clínica más cercana.

Al abrir la puerta me encontré en un antro. La sala de espera era un cuchitril lleno de cubos de basura y montoncitos de pañuelos sanguinolentos esparcidos por el suelo. Los sorteé, con más inercia que pericia, y llegué al mostrador de la secretaria. De ella me separaba un cristal guarro -- no guarro, más allá de lo guarro, de lo repulsivo, de lo que incluso debería ser legal en una clínica que algo recibirá del gobierno, digo yo. El cristal estaba cubierto de escupitajos de yo no sé cuantos pacientes y de quién sabe qué antigüedad. También había marcas de frentes sudorosas. Y un pañuelo con sangre en el mostrador. Así que medio muerta y todo me di media vuelta y salí de esa pocilga sin mediar palabra con la secretaria.

La siguiente clínica estaba, la verdad, mucho más limpia, y me quedé allí a esperar mi turno ... durante 4 horas. En esas 4 horas pasaron tantas cosas absurdas que, si se las contara, no me creerían; a ratos pensé que había una cámara oculta en algún lugar de la pulcra aunque anticuada sala de espera. Les contaré tres momentos, prometiendo que no exagero.

Momento 1
Durante las 3 primeras horas no deja de entrar un hombre extraño (y evidentemente un poco loco) que no para de rascarse el ojete por encima del pantalón. Se ríe, le dice algo al secretario en un idioma que no entiendo, el secretario se pone rojo, el tipo va al baño, del que durante 15 minutos salen ruidazos que (espero) vienen de distintas partes de su cuerpo, incluyendo gritos, y acto seguido sale a la calle hechando humo, de nuevo rascándose el ojete a través del chándal y riéndose con una risa histérica. Así, un total de 5 veces hasta que lo ve el médico (su consulta duró UNA hora).

Momento 2
En el que el secretario, más simple que un folio en blanco, quiere llevarse bien con el grupo de griposos pacientes. Investiga quién tiene mejores pulgas y descubre a un chico joven que está allí para saltarse una semana de clases a través de un justificante médico. Acto seguido, el secretario le pide que por favor le conjugue un par de verbos en francés, en subjuntivo si puede ser, porque le cuestan un poco de trabajo. Acto seguido los pacientes-pacientes asistimos, atónitos, a dos hombres adultos conjugando verbos en la sala de una clínica -- creo que el más sorprendido fue el chico que no tuvo tiempo de reaccionar.

Momento 3
A las 4.30 el secretario se levanta de la silla y camino de la puerta dice: "findemijornadalaboral --mepiro -- túereslapróxima (señalándome a mi) -- elrestodeficherosenlamesaparaladoctora" y desaparece por la puerta. Tras lo cual tres señoras se lanzan sobre los ficheros, que efectivamente estaban encima de la mesa, y empiezan a rebuscar (recordatorio: ficheros médicos = información super confidencial) tirando papeles por el suelo, etc. Como gallinas picamierdas, pues igual.

No sé qué pasaría con ellas, porque efectivamente a mi me tocaba después, la buena doctora me dio mi receta y yo me fui a casa a seguir cocinando el virus, pero por si no ha quedado claro esta ha sido mi experiencia más surrealista en el sistema de salud canadiense. Quería compartirla con ustedes y dejar por escrito esto para que no se me vuelva a olvidar: no quiera nadie que eso vuelva a ocurrir, y me vuelva a encontrar en uno de estos agujeros nauseabundos a donde van a parar los casi 3 millones de desgraciados que no tienen médico de cabecera en esta provincia.

Y de regalo, para quien comprenda francés, un video.

3 comentarios:

Jules dijo...

the best clinic I have visited so far is near Vendome metro. I have also heard great things about the clinic at The Sanctuaire (on Van Horne, near Cote des Neiges)

I've never been to one quite so shocking at the first one you mention, but most of them leave a LOT to be desired. I also hate the "sans rendezvous" thing - the last place you want to be while feeling half-dead is waiting around with a bunch of other people who feel half-dead (and may be half-dead, for all we know!)

CardinalXiminez dijo...

Muy interesante el documental, más que nada porque clarifica que lo que necesita la sanidad quebequense no es únicamente más dinero - aunque, desde luego, iría estupendamente, sino un cambio de mentalidad de los estudiantes de medicina, que prefieren o especializarse o emigrar a Estados Unidos; en ambos casos, a donde está el dinero. Es triste, pero de alguna forma hay que pagarse la carrera...

Lunatrix dijo...

Hello Jules! Good to know, I'll take a taxi and go there next time. And you're so right ... when I walked into that room I felt like I was at a funeral home! Yay for healthy mamas!

Thiago: la verdad es que no sé mucho sobre el tema, pero me da la impresión de que es un problema bastante complejo. La falta de medios es patente (sobre todo cuando la comparas con lo que hay en BC, como la noche y el día). Y es cierto que hay mucha fuga de médicos no sólo a los EEUU sino incluso a otros lugares de Canadá donde se les paga más. Pero me da la impresión de que también hay problemas con los colegios médicos, porque si quisieran podrían traerse gente de otros lugares y no lo hacen. Investigaré :)