Sinceramente, últimamente no escribo mucho porque no tengo nada que contar, ando hasta arriba de trabajo y además por aquí hay otros que saben más que yo de Montreal, así que tampoco me voy a poner a hablar de algo que no sé. Pero me lo estoy pasando muy bien. Todas las tardes a eso de las 6 paro de trabajar y salgo de casa para ir de bares, comerme un bagel, ir a un concierto, al cine, al teatro, a donde sea. Ha sido como estar muerta de sed y encontrarme con un riachuelo de agua fresca.
Este fin de semana, por ejemplo, comenzó con el Festival de cine de Derecho Humanos. La peli Rough Aunties, si bien no es una pasada filmatográficamente, da mucho que pensar. Es un documental sobre un grupo de mujeres que trabajan en una organización de ayuda a niños víctima de abusos en Durban, Sudáfrica.
Punto y seguido y de una manera un poco brusca, lo admito, nos fuimos a un concierto de lo más extraño. Aún andaba yo a vueltas con la película, pero nos dieron unas gafas en 3D para que flipáramos con unas proyecciones que acompañaban a la música y poco a poco me fui distrayendo. Lo mío nunca ha sido la música electrónica pero lo hacían bien.
Mis gafas nuevas.Y además, utilizaban todo lo que tenían a mano para hacer ruidos cuiriosos, como por ejemplo teteras eléctricas. No me quiero imaginar lo que debe ser vivir con uno de estos personajes!!
Tetera musical.El sábado nos tocó canjear nuestro regalo de reyes: una obra de teatro de ... 9 horas de duración!! La muerte, pensé, casi nueve horas sentada en una butaca en el teatro. Y sin embargo ... llegamos, nos sentamos, comimos deprisa para regresar a tiempo al espectáculo y cuando todo terminó nos supo a poco. Referencia para curios@s: se trataba de Lipsynch, del director quebecois Robert LePage. La historia de manera muy resumida es la vida de un hombre desde su nacimiento hasta más o menos la treintena. Todo comienza en un avión en el que viaja, recién nacido, hacia Montreal con su madre cuando ella muere y a él lo adopta una cantante de ópera. La obra gira al tema de la voz. Lo mejor es la coreografía sobre el escenario, que se va transformando delante del público de manera muy fluida y sin interrupciones (ver video). También disfruté mucho viendo una obra que se desarrolla en 4 idiomas (francés, inglés, castellano y alemán). El final no os lo destrozo, pero es el mejor final que he visto jamás, sin matices. Y de lo que menos me gustó, pues las 9 horas sentada y la escena sobre Sebastián, un Canario al que según dicen metieron con calzador en la obra porque el gobierno de las islas es uno de los patrocinadores. Veredicto: 8/10. Os dejo con un video.
No hay comentarios:
Publicar un comentario