19 jul 2008

Winnipeg en verano = mosquitos!


Winnipeg tiene varios alias, como por ejemplo “Winterpeg” (por los insufribles inviernos) o “The mosquito Capital of Canada”. Y no son ninguna exageración. Los inviernos de Winnipeg, como los de Minneapolis (que son los únicos que conozco de este estilo) se caracterizan por las pocas horas de luz al día, los varios metros de nieve que se acumulan en las aceras y las decenas de grados bajos cero que duran unos cinco meses interrumpidos. En mi caso, descubrir que a menos 45 grados no hay que molestarse en convertir los Fahrenheit en Celsius porque para entonces los dos coinciden fue la señal definitiva de que este no es lugar para mi.

Ahora tengo la otra señal: los mosquitos. La madre que los parió. No es que sean más grandes ni más malvados que, pongamos, los de España, sino que hay miles, qué digo, trillones, de ellos en todas partes. Además estos mosquitos tienen trompetas que atraviesan cualquier tipo de tejido, de forma que la única salvación es quedarse en casa viendo la tele – obviamente un plan muy atractivo para unas vacaciones de verano.

Teniendo pleno conocimiento (teórico) de la magnitud del problema, por una vez decidí dejar de lado mi lado hippycomeflores y comprar una botella de antimosquitos con el mayor porcentaje de DEET que pude encontrar – porque la experiencia es sabia y un hecho es irrefutable: en el mundo de los mosquitos soy el equivalente de Naomi Campbell. Mis expectativas eran altas, y una habría esperado que el antimosquitos mega-químico haría temblar las fundaciones de ideología de hippycomflores. Pero no: apenas goteando y con tres capas de potingue ultra toxico, los mosquitos me colaron no una ni dos ni tres picaduras, sino 25 en cada pierna solo entre la zona de los dedillos y la rodilla. Lo que significa que solo en esa parte de mi cuerpo (menos de un 25% del total) me lleve 50 – y eso sin contar las picaduras que me lleve en la tripa, los brazos, el cuello y la espalda. Total, que parece que llevo el traje de lunares incrustado. Preciozo.

En vista del fracaso de los químicos ayer fui a un herbolario y me compre otro tipo de antimosquitos sin productos tóxicos y sin DEET. Para probarlo me pase toda la puesta de sol (que es cuando los mosquitos están en su máximo apogeo) en un jardín. En medio de una nube de mosquitos trompeteros. Y no me picó ni uno. Este hecho irrefutable, junto con que ahora en lugar de oler a desechos nucleares llevo conmigo un agradable aroma de limón con patas, me han hecho una conversa definitiva de los antimosquitos del herbolario. Así que mi recomendación es que si alguna vez venís a Winterpeg o a cualquier zona de esta región en verano os compréis una buena botella de antimosquitos de herbolario y tiréis a la basura el DEET.

Y supongo que ahora es cuando digo eso de que me voy a comer flores, no? :o)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

wow tienes razon acerca de winnipeg y me pregunto como le haran las personas que viven ahi impresionante yo fui como turista y no me gusto nada osea podria decir que la gente pero ni la gente es agradable, me gusto mas montreal es una provincia diferente totalmente asi que si van a winnipeg cambiense atte un mexicano

Lunatrix dijo...

Hola Anónimo: qué pena que les fuera tan mal! A mi Winnipeg no me gusta para vivir, pero a pesar de los mosquitos paso por allí casi todos los veranos para ir al Festival de Música Folk (una de mis actividades favoritas desde que llegué a Canadá). Espero que la próxima vez tengan una experiencia más positiva :o)