
El otro día fuimos a visitar a la abuela de Alex a la residencia. Hicimos fotos de 4 generaciones de una misma familia juntas: Inara, el padre de Inara, el abuelo paterno de Inara y la bisabuela paterna de Inara. Sentaditos, uno al lado del otro, en un banco.
Y me dio por pensar.
Los que llevan mucho tiempo fuera siempre dicen lo mismo: que lo más difícil de ser emigrante es estar lejos de los tuyos. Tú, recién llegada al país de las maravillas donde tienes trabajo y una vida que no querrías cambiar por la que se te ofrece en casa, asientes de forma educada mientras piensas en otra cosa. Es un poco como cuando estás embarazada y alguien te dice con mirada medio ausente: "no sabes lo que te va a cambiar la vida cuando nazca la niña." El caso es que lo sabes, pero no lo entiendes. No entiendes que te vas a quedar sin tiempo libre o que de la noche a la mañana toda y cada una de tus decisiones dependerá de las necesidades de un ser que te reclama constantemente, ni tampoco que de repente dejar tus prioridades de lado para responder a las de otra persona no te parecerá un sacrificio. O que sin venir a cuento los calcetines rosas con corazones y moñas te van a parecer lo más mono del mundo. Hay cosas que dices porque las piensas, otras que sabes porque te las dicen, y unas pocas que entiendes porque las has vivido.
Yo, que nunca he sido ni muy familiar ni excesivamente efusiva con mis expresiones de cariño, me fui de Granada hace ya 12 años (que se dice pronto) pensando que echaría de menos a poca gente. A mi hermana, mis abuelos y, por supuesto, a mis amigos. No sé cómo ni porqué la distancia mejoró mi relación con mis padres y, como en Madrid hice amistades, me distancié de las que ya tenía. A lo largo de los años me he dado cuenta de que hay una relación directa entre distancia y nostalgia familiar: a más distancia mejor relación con los familiares más próximos y más ganas de achucharlos poquito a poco y sin prisa. A mi hermana. A mis padres. A mi abuela. A mis trillones de tías y mis dos tíos, especiales los dos, cada uno a su manera. De los amigos del instituto que me costó tanto dejar cuando me fui (y me van a perdonar los que me quedan) me acuerdo más bien poco.
Pienso en estas cosas y me doy cuenta de que la distancia es el aire y el tiempo la era donde se aventa la mies que son mis amores. Afectos al viento al borde del tajo y zas! El grano queda limpio, la paja se pierde. (traducción)
El lunes, al ver a la bisabuela salir de esa cerrazón malhumorada que dan los años y sonreir, sonreir una sonrisa sin fin, al abrazar a su bisnieta (una con 94 años de arrugas, la otra con la piel tersa y suave de los 4 meses, las dos con pañales) me di cuenta de que se ha completado el círculo. Ya no soy de las que sonríen educadamente mientras piensan en otra cosa. Ahora soy -- irrevocablemente, decididamente, y con un poco de tristeza -- de las que dicen: "lo más difícil de ser emigrante es estar lejos de tu familia."
Ojalá no llegue tarde para hacer una foto de otras 4 generaciones al otro lado del Atlántico.
5 comentarios:
Precioso.
Me faltan las palabras pues no dudo que serían vulgares para agradecer unos pensamientos tan bién escritos.
Gracias a los dos y un abrazo.. Nos vemos en septiembre!! :o)
Casi se me saltan las lágrimas al leerte. Qué cierto es, cómo cambia de significado la palabra "familia" cuando la dices a miles de kilómetros de donde está.
Adela
:) Gracias Adela.
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