Ayer conocí al Señor Pepino, así, tal cual. Íbamos a ver un apartamento en Outremont y el dueño del edificio, un señor de negocios chino, nos dio el teléfono de "Mr. Pepino", el conserje. El hombre (Pepino) era de lo más majo, todo nervios y carcajadas: un sol. Yo pensé que lo mismo era italiano y de ahí el exótico nombre ... pero me sorprendió con un "no señora, yo, de Valparaíso, como el ilustre Salvador Allende." De ahí a una conversación sobre Chile hubo un paso, y después España, y después ... "Pues nada señora, si desean alquilar este apartamento ya sabe, Don Benito, a su servicio."
Don Pepino no es tal, el buen hombre se llama Benito (un nombre mucho más digno, no me digan que no ...)
Los que hayais vivido fuera o visitado algún país extranjero habreis sufrido, casi seguramente, la mutilación de vuestro nombre. Hay distintos grados de maltrato, desde el abuso fonético (Pahcou Pahkitou Pahcou, Lora en lugar de Laura) o escrito: juntar los dos apellidos con un guión, hacer de la hermosa "ñ" una vulgar "n", etc. En Canadá la gente no hace estas cosas a propósito porque están acostumbrados a lidiar con personas de todos lados, pero a veces a alguien se le escapa una sonrisa ("así que te llamas vibes, vibraciones, no? Pfffff"). Otras veces te cambian el nombre de principio a fin. Véase si no como Don Benito acabo convirtiéndose en un producto de la huerta.
Normalmente esos inconvenientes no pasan de la mera anécdota. Una aprende a vivir con estas cosas y a insistir que los apellidos son dos, que en la tarjeta de crédito no puede decir Sánchez porque Ibáñez no es mi segundo nombre sino mi primer apellido. Las posibilidades de problemas con inmigración, bancos y otros asuntos varios son infinitas.
Pero por lo menos, con eso de que estamos en Quebec y esto is different ya no me preguntan todo el tiempo por mi nombre de soltera, porque aquí las señoras son muy suyas y no se cambian el nombre como los anglos, que adoptan y abandonan los apellidos de sus esposos a golpe de firma en el Ministerio de la Familia. Aquí mi nombre sonará ridículo, lo escribirán mal y me dará dolores de cabeza con los sistemas informáticos, pero es mío. Y además por alguna razón a los francófonos no les cuesta nada :o)
1 comentario:
cambiar un nombre?? wow!! eso es un extremo
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