25 abr 2010

Göttingen

Hemos llegado, mi maleta y yo, después de sobrevolar el Atlántico, desafiar la caprichosa voluntad del volcán de nombre impronunciable en un avión de Amsterdam a Berlín y comprobar que, efectivamente, los trenes alemanes son muy puntuales. Y digo mi maleta y yo porque, por primera vez en mi vida, he conseguido volar sólo con mi equipaje de mano. La cosa ha ido sin mayores percances. Lo único que he perdido (aparte de muchas horas de sueño) han sido dos libros. El primero (A Handmaid's tale, totalmente recomendado y traducido al castellano) lo dejé en una silla a propósito para que buscara solito un/a nuevo/a amante, que digo yo que estaremos de acuerdo en que un libro monógamo es un libro muy triste. Del segundo no diré el título porque era un regalo. Se me ha caído al salir del tren en Göttingen con las puertas rozándome las orejas, cosas del jetlag. Vamos, que me he quedado sopa y un poco más y acabo en Munich.

Yo nunca había estado en Alemania hasta hace dos años que una fundación me dio una beca, y desde entonces me estoy conociendo todas las regiones del país. Primero fue Hamburgo, con su música chill out y su arquitectura urbana de lo más chic. Luego fue Bavaria, en concreto un lugar llamado Amerang, donde sufrí el choque cultural más intenso desde que abrí los ojos hace ya tres décadas, cortesía de un cuarto de baño con música folclórica bávara incorporada (suficiente para matar la inspiración) y otras cuantas cosas más, todo eso después de casi tres meses viviendo a lo senegalés. Casi me muero del susto, de hecho acabé en el hospital y creo que el 90% de mi enfermedad fue malestar emocional ante el derroche del encuentro, en el que, aparte de tal cuarto de baño, se nos agasajó con paseitos en descapotables alemanes de los años 30 entre el hotel y conferencia. Esta vez es Göttingen y (en unos días) Berlín.

Calle en Göttingen con St Johannis al fondo.

De Göttingen no sé mucho, aparte de que es muy verde, tiene un montón de carril bicis y es de lo más coqueto, así que perdónenme ustedes una entrada destinada, principalmente, a tranquilizar a la familia y conocidos que andaban pensando en la nube de ceniza. Hoy lucía el sol.


Río de Göttingen.

A modo de curiosidad diré que a través de mis cortinas se cuelan las luces de neón del negocio de enfrente: Kinky Tattoo (algo así como tatuajes calentorros). Será una señal del destino? Me tientan, me tientan. Quizás un "Amor de madre" o un corazón sangrante en el antebrazo izquierdo? Hummmm ...

Y otra curiosidad: cuartos de baño femeninos a prueba de malos ratos. Como qué? Pues eso, patatas con queso.


De izquierda a derecha: compresas, tampones, salvaslips, toallitas para limpiarse las manos con olor a limón, crema de manos, desodorante antitranspirante, laca y jabón del de toda la vida. En el espejo una nota que debe decir algo así como: "señora, no robe usted compresas que ya es mayorcita y el horno no está pa' bollos). Foto hecha en la Potatohouse al ritmo de Barry White.

3 comentarios:

Marcoiris dijo...

que guay Berlin creo que te va a molar fijo, al menos a mi me molaría conocerlo. Que suerte viajar por Europa, yo lo echo de menos.

laiabird dijo...

Estoy con Marco, que ganas de viajar por Europa! Hace gracia la variedad de productos femeninos en el baño. Creo que nunca he visto ninguno en un hotel de EEUU. Interesante la ausencia, de verdad. Gracias por la recomendacion del libro, hace tiempo me lo recomendó alguien. Igual será el proximo que leo. Buen Viaje!

Unknown dijo...

Bueno reina , tambien estoy otra vez en casa y vaya nevadita que cayo el dia antes.

Hoy ha sido mi primer dia de contacto con el mundo bloguero, a ver si me pongo al corriente de todo.

Un saludo

Jose