23 mar 2010

Sobre inmigración y cambio en este rincón del reino

Hace unos días estaba en una conferencia a la que asistieron, entre otros personajes importantes de la política canadiense, Jason Kenney (Ministro de Inmigración) y Lisa Raitt (Ministra de Trabajo). La ocasión dio lugar a encuentros con gente a la que conozco desde hace años y la marcada ausencia de unas caras conocidas por otras por conocer, mucho más jóvenes pero con iguales responsabilidades dentro del gobierno. Dicen las malas lenguas que la desaparición de tecnócratas experimentados es una estrategia del gobierno de Harper, líder del Partido Conservador y Primer Ministro desde 2006. Dicen, y quizás sea cierto, que el gobierno quiere gente joven que no se asiente en un puesto determinado para así facilitar la toma de decisiones (quién se enfrenta a un superior sin comprender del todo de qué va el circo?)

Supongo que saben que la derecha no me llama en ninguna de sus encarnaciones: soy zurda para todo. Así que, sabiendo lo que se avecinaba respiré profundamente antes de entrar a cada una de las sesiones con sendos ministros de este gobierno de cowboys, si me permiten la expresión y sin faltar a nadie (no creo que para ellos sea un insulto). La Ministra de Trabajo se presentó en vaqueros y con tacón de aguja, una vestimenta poco convencional para un encuentro de estas características pero que le daba una impresión campechana muy acorde con su concepción de la política ("I'm one of you, folks"). Y en cierto sentido no le falta razón: clase media hasta el tuétano su padre era un minero que a juzgar por lo empinado de su ascensión profesional debió ser un zorro político, y su madre se las arregló para llevar sus negocios con 7 hijos. Pero su carrera no ha estado libre de escándalos de malversación y tráfico de influencias, y sus brillantes dotes de oradora no hicieron sino adornar un argumento mercantilista de la inmigración: tienen los solicitantes riqueza material que aportar? Sí? Mi casa es tu casa. No? Ni te acerques, maldito, y me dan igual los acuerdos internacionales que haya firmado Canadá o esa cursilada de Derechos Humanos.

El mismo argumento se filtraba entre las líneas del discurso de Kenney, Católico Apostólico Romano, opositor declarado del matrimonio homosexual y objetor de conciencia de la Convención de Ginebra, según parece. Que quede claro: no tengo ningún prejuicio contra Ministros que no hayan terminado una carrera, aunque creo que este en concreto tiene serias lagunas en su conocimiento sobre las leyes inter/nacionales de asilo y refugio y las virtudes de la separación de poderes (explicación alternativa: le importa un rábano). No hay nada que destacar en su intervención aparte de su brevedad y su falta de contenido. Aunque quizás el señor estaba nervioso. De hecho, en la calle había protestas contra su actuación desde hacía varios días, y de alguna manera un activista se había colado con él en el ascensor para decirle unas cuantas cosas. La gente de No one is illegal estaba allí, en la sala, cuando Kenny llegó rodeado de policías. La corbata (él sí que iba vestido de Ministro) se le quedó chica cuando le tuvieron que llevar a empujones a una habitación separada para protegerle, al parecer, de un activista de la misma organización que venía con un banner para protestar contra las políticas "racistas, homófobas y discriminatorias" del Ministro. En la audiencia no fueron pocos los que aplaudieron (un tercio de la audiencia eran trabajadores de ONGs pro-inmigrantes y anti-racismo) mientras que alguien subía el volumen para que sus palabras se perdieran en los acordes de la música, camino de la puerta hacia la que le "guiaba" un burócrata joven e inexperimentado del gobierno.

El incidente dio lugar a más de una conversación en los pasillos del hotel donde tuvo lugar la conferencia. La actuación de esta persona puso un signo de interrogación sobre la posición de muchos de los asistentes a la conferencia, en su mayoría opuestos a las vejaciones de Kenney al sistema de inmigración y refugio canadiense. Y aunque no soy del todo partidaria del uso de la violencia y del enfrentamiento (me gusta pensar que las cosas se pueden cambiar desde dentro) me quedó claro el papel de asociaciones como No one is Illegal, que hacen el trabajo sucio de despertar conciencias.

Hoy estamos tod@s de nuevo en casa, delante de nuestro ordenador. Y más que nunca, el hombre que le gritó a Kenney, el triunfo de Obama y el corto de Frederico Teixeira (ver video más abajo) me hacen cuestionarme la vieja pregunta: de verdad se pueden cambiar las cosas desde dentro? Y aún así, es suficiente la reforma, o necesitamos algo más radical?

2 comentarios:

Unknown dijo...

Hola que tal, ya veo que te estas enfocando muy bien en el tema , felicidades ... pues nada mas que decir ,ya sabes como es la movida, cuando entres en el blog de no one is illegal colocas el nombre d eya sabes quien y veras cositas interesantes ... la pregunte si mestubo alli y me dijo que no ha tenido tiempo que esta muy atareada con el sindicato...

Saludos

Lunatrix dijo...

Pues sí, es precisamente una movida, sobre todo ahora mismo. Ganas tengo de saber lo que piensa ya-sabes-quién ;o) Hasta pronto!