Para intentar rodear (que no superar) este obstáculo gigantesco que es la tragedia de la investigadora solitaria, vengo perfeccionando una serie de estrategias. La más fácil y obvia es hacer habituallamiento en el super, claro. Pero no siempre funciona. Por ejemplo: sitúense en Cantabria en el verano del 2002, cuando la que escribe tenía 21 tiernos añitos, 6 meses y 25 días. La Menéndez Pelayo me había dado una beca para asistir a un curso de métodos etnográficos, y a cambio yo me iba a pasar 10 días en Santoña, tierra que vio nacer a la Ilustre Anchoa Española, recogiendo historias orales de mujeres que estaban o estuvieron trabajando en la industria pesquera. La menda se plantó allí con su mochila, su grabadora (en aquel entonces todavía con mini-cassette), y una cámara de fotos que acabó en el fondo del mar en el puerto de Santoña. Como la familia con la que me iba a quedar se había metido a hacer obras en la casa, me mandaron a un hostal cuyos dueños acababan de fallecer, y que por lo tanto estaba cerrado. Imagínense el panorama: un pasillo largo como el cuello de una girafa con 10 puertas a izquierda y derecha que daban a sendas habitaciones, todas cerradas con llave menos una (la mía) y al fondo del pasillo el baño a la izquierda y la cocina (con sólo un frigorífico) a la derecha. Por las noches el viento del Cantábrico entraba por las ventanas y sacudía las puertas con violencia. El hotel de la peli El Resplandor era un guateque caribeño comparado con la desolación que reinaba en aquel lugar, que además para mi regocijo estaba a 15 minutos andando del pueblo.
Siendo consciente de mis limitaciones, el primer día me pasé por el super a comprar pan, queso, yogur, y algo de fruta (recuerden que en la cocina sólo había un frigo). Ese mismo día fui a entrevistar a unas mujeres que trabajaban en una conservera, y me regalaron el bote de anchoas más grande que he visto jamás. Y me fui a mi casa. Dos días después vi que en el frigo sólo quedaban 8 yogures, pan de molde y el bote entero de anchoas, porque nunca me han gustado. Así que me dispuse a volver al super, pero cuando llegué estaba cerrado: era puente. No había ni un super abierto. Terror, pánico, pensamientos suicidas. No abrirían hasta el lunes, y era ... jueves. De modo que sí: debido a mi inabilidad para comer en público, me pasé 4 días desayunando, almorzando y cenando anchoas con yogur, y un poco de pan mientras lo hubo. No he vuelto a probar una anchoa.
Lunatrix después de 4 días comiendo anchoas. Imagen de la Revista Gamer.Desde entonces, cuando estoy haciendo trabajo de campo me lo pienso muy mucho antes de entrar en el super. ¿Hay algún puente en el horizonte? ¿Cuánto y qué necesito para comer los próximos tres días, por si acaso se lo inventan precisamente hoy? Hace un rato he salido del Carrefour que hay en el Paseo de Almería muy contenta con mis raciones de supervivencia. Ilusa. He llegado a "casa", he abierto el paquete de mi ensalada de pasta precocinada y ... demonios, se me ha olvidado comprar un tenedor. ¿Tiene anchoas? No. Pues entonces no hay problema: un dedo, dos dedos, tres dedos y ¡a comer!
Veredicto: la ensalada de pasta del Carrefour está más rica que las anchoas mojadas en yogur, pero es mucho más incómoda de comer. Sin duda.
6 comentarios:
Aquí como no cierran nunca no tendrías el problema de los puentes... pobre! anchoas y yogur...
Mmmm, anchoas con yogur, jejeje
Ya estamos de vuelta en el poblao, disfrutando del parapanda folk.
http://parapandafolk.blogspot.com
Y ya sabes que estáis invitados.
Besos y hasta pronto
En aquel momento me confirmaste tu gran capacidad de superación(por supuesto que ,a veces, sufriendo y muchas veces pensando en que lío me he metido y quién me mandaría a mí con lo agusto que podía estar....)la facilidad que tienes para relaccionarte y......me confirmaste que no es pasión; es que no me queda mñas remedio que estar superorgullosa de tí.Un abrazo
Con lo de "Fast food Nation" has tocado de refilón un tema que tengo candente.
¿Has leído el libro?. En el tema de las "slaughterhouses" o mataderos/empaquetadoras, hablan de una empresa (de cuyo nombre prefiero no acordarme), con la que casualmente trabajo, así que no puedo siquiera mencionarlo en el blog. Ya saldrá.
Si lo "wikipeas", la encuentras.
Somalíes, Ecuatorianos, Mexicanos... a los que se les ofrece visado para ellos y su familia, pero a los que se transporta en solitario en aviones militares hasta Nebraska, Iowa, etc... para que trabajen jornadas de 15-16 horas, a la espera de la resolución de sus papeles, que curiosamente nunca llegan...
He hablado con algunos de ellos (con uno de ellos en Canadá), y las historias son terroríficas.
Pero la empresa en cuestión es una de las 20 más poderosas del país, son los que financian las campañas políticas y demás, no hay quien les meta mano, peor que la Mafia Siciliana.
Las costumbres gastronómicas definen a cada cultura. A mí dame un par de horitas para ensuciar el delantal y meter las manos en harina, otro para para sentarme a la mesa con buena compañía, media para bajar el vino con un pacharán, y lo demás viene solo, jajajaja.
Sin eso, se pierde una parte importantísima de las relaciones personales (familia, colegas, pareja...)
En cuanto a la ensalada "manual", y las anchoas nadando en yogur(un dedo daba yo por unas anchoillas)... ¡eso es echarle sal y pimienta a la vida!.
¡Un abrazo enorme!
Ojos Grandes: je. Pues sí.
Ismael: el Parapanda folk, por desgracia, nos lo vamos a perder. Cachis ...
Madre: me va a poner usted en un compromiso y le voy a tener que cortar el internet, que estas cosas no se pueden decir en público!! Ayayaya qué fatiga me haces pasar.
En fin: a mi que nadie me mencione una anchoa, plis, que me pongo mala. (por cierto Javi, ¿cuánto vale un dedo tuyo? Es decir, ¿cuánto me das?) Fast food nation fue la razón por la que empecé mi ruta hacia el vegetarianismo. Y aprendí a bailar cumbia en Minneapolis con un grupo de Ecuatorianos que trabajaban en las empaquetadoras de carne. En fin ... a ver si un día me cuentas la historia completa con una cervecita de por medio!
Gente: ¿Y vosotros nunca habeis tenido que comer algo asquerosillo, o qué?
Pues en Mongolia paramos en un pueblo a comer, vimos una hamburguesa en una foto en la fachada y preguntamos por eso...la mongola de la casa-restaurante no tenía y nos señaló algo de la carta (en perfecto mongol) y le dijimos que tres raciones...tras media hora esperando, amenizada con un cuenco de leche de yegua...hmmm, nos trajo unos cuencos de un revoltijo de verduras, tallarines y trozos indeterminados de cordero...que no estuvo mal...aunque nunca supimos en concreto qué era lo que comimos...
por suerte, no nos sentó demasiado mal...jajaja
besos
pd, interesante lo de los mataderos que decía el colega antes...lo investigaré...
Jules
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