19 jul 2009

I love viejun@s


Durante mi primer año en Madriz pasé mucho tiempo en la estación de autobuses, porque casi todas las semanas volvía a Granada (las cosas cambiaron cuando me mudé al Johnny, claro). Un día me senté delante de los baños a leer un libro, y una señora mayor me pidió que le cuidara la maleta mientra ella hacía uso del lavabo. Al salir se sentó conmigo, y durante la hora siguiente me contó sus aventuras: me habló de su experiencia como la primera mujer en la facultad de Farmacia, de cuando se fue a Marruecos con su marido, que era médico, y de sus múltiples viajes por el globo después de quedarse viuda. Nunca le pregunté su nombre. Tampoco nos volvimos a ver. Pero a raíz de esa conversación me habitué a sentarme siempre en el mismo banco a leer un libro mientras esperaba a que saliera el autobús, y gracias a mi carita de niña buena nunca me faltó una buena conversación (que las malas se ven venir y son fáciles de terminar en un instante).

La verdad es que siempre he tenido debilidad por l@s viejun@s. La culpa la tienen mi abuelo José María y mi abuela Adela, a quienes les encanta(ba)contarme un montón de historias de su infancia, de la guerra y de lo que hiciera falta durante nuestras tardes de paseos y punto de aguja. Pero ay, ya no tengo abuelo, así que para resarcirme de la injusticia divina me entretengo at(r)acando a mano armada a los viejunos de mi barrio, que siempre andan tomando el sol cual lagartos y listos para unos minutos de charlita. A veces, me voy con un regalo:

Foto de Alex.

Y ellos, se quedan con otro:
Foto de Alex.

"¿Y tú de quién eres, niña?" "¿Y tus abuelos son de Torvizcón? Mira que yo tengo una prima que tiene un marido que tiene un hermano que una vez pasó por allí, y me han dicho que tienen unas almendricas de lo más sabroso."

5 comentarios:

Jules dijo...

jajaja
¡qué grande eres!
Besos
Jules

Alexis Figueredo dijo...

¡Sublime y didáctico este post! Detener -poéticamente- el lente en esta generación es una muestra de grandeza espiritual. Muy importante hoy en día, cuando el mito de la veneración de la "eterna juventud" y de lo joven absorbe la primacía mediática, metamorfoseando en desechos todo lo que "esteticamente" no se ajusta al torcido canon establecido.

Saludos

Javi dijo...

Muy buenas historias por ahí escondidas en las cabezas de muchos "viejunos" como tú dices.

Mi abuelo murió con 94 años, y contaba unas batallas tremendas, luchando en la Guerra Civil, "hoy con éstos, mañana con los otros", "¿hoy de quién somos...?", todo ésto mientras mi abuela le llevaba tortillas de patata al frente. Un poco "Gila", pero real como la vida misma. ¡Gracias por recordármelo!.

Muy buena la foto de los tres.

Por cierto, ya sabes aquello de que "las niñas buenas van al cielo, y las malas... ¡a todas partes!", lol.

¡Un abrazo!

Anónimo dijo...

Creo que no tengo que decir quien soy si te comento que me gustaría que tu viejuno preferido pudiera estar tan orgulloso de tí como yo.Besos

Lunatrix dijo...

@ Javi: no te fíes nunca de las apariencias ;o) Por otro lado a mi me han contado lo mismo sobre lo surrealista que fue la guerra civil. Mi abuela vivía en Motril, de gran importancia geoestratégica y siempre cambiando de manos, y me cuenta que estuviera quien estuviera en el poder, siempre había muertos y la miseria era la misma.

Niafunké: una alegría verte por aquí. No pretendía enseñar nada a nadie, pero si es así, pues mira :o) La verdad es que creo que se subestima muchísimo la sabiduría de las personas mayores. Ya dicen por ahí que sabe más el diablo por viejo que por diablo!

@ madre y Mr. Jules: un abrazo, nos vemos pronto!