Dicen que en el proceso de adaptación cultural a un nuevo medio tod@s pasamos por una serie de etapas: la ansiedad inicial (‘Dios mío, qué he hecho?!?’) suele ir seguida de lo que los norteamericanos llaman la fase de la ‘luna de miel’ (‘Canadá es el mejor lugar del mundo!); con mas información sobre el nuevo entorno, le siguen los estadios de choque cultural (‘uy que raritos son …’), ajuste relativo o superficial (‘pero a mí no me convence nadie de que la mantequilla de cacahuete está rica’), el resurgimiento de los conflictos sin resolver (‘por qué nadie me entiende?’), la etapa ‘me siento en casa’, el retorno de la ansiedad existencial (‘tomé la decisión adecuada al venirme?’), una segunda etapa de luna de miel (‘Oh, l’amour…’), y el re-choque cultural al volver a casa de visita (ver
aquí). Después de un periodo de tiempo indeterminado en el que la individua en cuestión asume su más o menos permanente estatus de emigrante, el ajuste cultural mejora poquito a poco. En el contexto canadiense, indicadores de este ajuste son: el consumo en grandes cantidades de mantequilla de cacahuete (en estadios avanzados, la emigrante puede incluso hacerse adicta a los bocadillos de crema de cacahuete con mermelada de arnádano – no se aceptan preguntas al respecto), la asistencia a festivales de música country o bluegrass (por ejemplo el de
Winnipeg), o una pasión desenfrenada por la ropa deportiva impermeable. Cuando una tiene una debilidad definitiva por la versión ‘crunchy’ o ‘smooth’ de la primera, tararea canciones bluegrass en el autobús y tiene al menos tres prendas impermeables para la bici de mas de 100 euros, entonces debe asumir Canadensis como apelativo calificador del nombre castizo.

De los estadios de ajustamiento cultural ya me enteré en el 2003 al poco de llegar a Minnesota (glorioso ejemplo del Salvaje Oeste Americano, por cierto, en el que hace un frío pa’cagarse). Lo que no me había dicho nadie era lo que me iba a pasar cuando intentara volver a escribir un trabajo en castellano después de tres años de experimentos en el idioma de los gringos. Porque claro, escribir un blog en castellano no es lo mismo que intentar escribir un trabajo publicable que incluya traducciones de términos tales como
‘race’ (poco popular como objeto de estudio de las ciencias sociales españolas),
‘critical race theory’ o
‘geographies of difference’. Aunque todos parezcan tener una traducción mas o menos directa no significan lo mismo en el contexto norteamericano y en el español.
However, si se acabaran ahí mis diatribas seria feliz. No caerá la breva. Situación: me pongo delante del ordenador, con musiquilla y ganas de escribir en la lengua que me vio nacer. Pienso que escribir – las neuronas me contestan en inglés. Pienso en como escribirlo – en inglés. Después de dos horas sobre mi mesa se encuentran el diccionario de inglés, el diccionario de inglés-castellano, un libro de gramática castellana, y la enciclopedia de Geografía Humana.
Heeelp!! My brain está
fucked up!!
3 comentarios:
Menudo gazpacho (español) mental que debes tener.
Tranqui, sigue escribiendonos y te mantendremos up to date con el espanich
Besos
Jules
Pues eso espero!! :o)
"el resurgimiento de los conflictos sin resolver (por qué nadie me entiende?’)"
Estoy en esta etapa jejej
help help
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