
El día después de mis aventuras nocturnas hizo viento, mucho viento. Decidí tomarme el día libre e irme a explorar, con un objetivo: plantarme tan cerca de España como fuera posible. Así que me dirigí al parque de Point Pleasant, una turista de libro con un mapa en una mano y la cámara de fotos en la otra. El día mas parecía de otoño que de primavera. Hojas secas en remolinos a mi alrededor y el mar lleno de borregos le daban un aire de nostalgia a la ciudad. Esa sensación se intensificó en la zona de Point Pleasant, que aparte de ser un parque a orillas del Atlantico tiene restos de fortalezas militares que los británicos usaban para proteger el puerto de Halifax. Y yo no se si serian las ruinas, los borregos, el viento, la soledad (el día era tan desapacible que no había nadie en el parque) o todo junto, pero me pareció que la isla tenia un aire trágico, como una maldición de Shakespeare. Hubo un momento en el que era tal la impresión de estar en otro tiempo y lugar que me entraron ganas de coger un cascarón de erizo, hincarme de rodillas en la arena de la playa, y gritar eso del “ser o no ser.” Pero me venció el miedo al ridículo.
Esa va a ser la imagen que llevaré siempre conmigo de Halifax, aunque hoy me he enterado de que ese fue un día excepcional y normalmente no hace tanto viento. Una pena, porque la isla con ese tiempo es un escenario perfecto para rodar dramas, o simplemente para hacer obras de teatro sin necesidad de un decorado.
Por desgracia esa misma noche empezó la marcha de la conferencia, y se me acabaron las excursiones. Es la tercera conferencia de esta organización a la que voy, y aunque ya me conozco a un montón de gente siempre me siento como una “outsider.” Y no son imaginaciones mías: la conferencia atrae a gente de muchos sectores diferentes (principalmente gente del gobierno, representantes de ONGs e investigadores), pero todos tienen en común que trabajan en temas relacionados con la inmigración en Canadá. Todos, menos yo, que vengo porque me pagan el viaje y a mis jefes les queda bien en la solapa tener a alguien a nivel internacional. Y la verdad, no me quejo, porque estoy aprendiendo un montón de política de inmigración canadiense de boca de los que la hacen en el día a día, que me la explican alrededor de una cerveza o a la hora del almuerzo. Pero me pregunto si algún día tendré una razón legítima para justificar venir a las conferencias de Metrópolis.
Estoy recopilando frases para intentar explicar lo diferente que es la visión de los políticos canadienses de la inmigración, pero ese es tema para otro post, quizás mañana :o)
{foto tomada del National Geographic}
PD Fotos del viaje a Galiano here. Better late than never!
2 comentarios:
Te vas a hacer toda una experta en esos temas.
Llegarás lejos tía.
besos
J
Por cierto, muy chulas las fotos del viaje
:)
tengo ganas de volver por allí...
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