28 abr 2008

border fetichism


Una cosa es saber y otra muy distinta, comprender. Por ejemplo: una puede saberse al dedillo las leyes de inmigración. En España, una sabe quien entra y quien no entra, cuáles son los requisitos, cómo han ido cambiando desde que España paso la primera ley de inmigración en 1985, y cómo, con el tiempo, el control de las fronteras se ha ido haciendo mas y mas sofisticado y dependiente de la Unión Europea, como demuestra la evolución de la industria biométrica y la tercera valla de espinos construida en el perímetro de Ceuta y Melilla. Por eso de estar en Canadá, una tiene que conocer muy bien las cuatrocientas categorías de inmigración que tiene este gobierno tan adicto a la burocracia (im-presionante) y cuáles son los programas que han funcionado mejor desde las primeras leyes migratorias allá por el siglo XIX. Pero toda esa sapiencia acumulada durante horas leyendo libros, rellenando solicitudes, leyendo noticias y yendo a conferencias para políticos no preparan a servidora para enfrentarse con la aduana cuando llega el momento. Las historias propias y ajenas no hacen mas que alimentar mi ya saludable escepticismo sobre la lógica de las fronteras.

En primer lugar, aunque hablemos de “leyes”, en realidad esas “leyes” las llevan a cabo personas – personas que tienen sus propios juicios y opiniones sobre quién tiene derecho a entrar en un país y quién no. Por ejemplo, hace no demasiado salió en el periódico que una funcionaria había sido denunciada por rechazar solicitudes de matrimonio entre españoles y extranjeros que reunían todos los requisitos formales; según su opinión, los extranjeros se casan por interés y por tanto estos matrimonios no son válidos. Menos drástico pero mucho mas común es que la misma solicitud reciba distintas respuestas de distintas oficinas, de forma que los abogados suelen mandar varias solicitudes a la vez en la misma provincia para agilizar el proceso, porque saben por experiencia que lo mas probable es que en una oficina digan que si y en otra que no. En resumen: las leyes las hacen personas y su cumplimiento depende de las acciones individuales que forman parte del proceso – y vale señalar que en todas partes cuecen habas.

Hasta ahí una piensa, no debería ser así, se encoge de hombros y ya está. Más difícil ir a cruzar la frontera con EEUU y ser la única en un autobús repleto de gente a la que hacen bajarse para tomarle las huellas, hacerle una foto, y rellenar un formulario con preguntas estúpidas (“ha sido usted alguna vez miembro de un partido con inclinaciones marxistas?” “se dedica a la prostitucion?” “fue alguna vez juzgada por crímenes contra la humanidad?). Si te pilla en un buen día te lo tomas como una oportunidad para ejercitar tu paciencia. Si no, te enfadas. Te enfadas la primera vez, y la segunda, y la tercera, porque nadie se cree que así pillan a los criminales peligrosos (si son tan idiotas no pueden ser peligrosos). Y una se enfada más todavía al pensar en cuánto dinero se dedica a este estupido fetichismo de la frontera que no hace sino crecer. Ejemplo: en EEUU recientemente pasaron una ley que ha ampliado la definición legal de la frontera hasta 100 millas hacia el interior del país, lo que permite a los agentes del Immigration and Naturalization Service (INS) pedirle los papeles a cualquiera que resulte sospechoso. En el tren, los agentes suelen “actuar” cuando todo el mundo esta durmiendo. Paran el tren, se montan dos policías por vagón, uno en cada extremo, y preguntan al personal: “nacionalidad?” Si la respuesta es “American” y se lo creen todo va bien (no hace falta enseñar el pasaporte); pero si una no es Americana o ellos no se lo creen, te piden el pasaporte.

Hace una semana, en el viaje de vuelta desde Boston, veníamos en un tren con unos 10 vagones. Gracias a la valerosa intervención de unos 40 policías (nota mental: calcular el salario de 40 policías + personal de apoyo haciendo el turno de madrugada) lograron, menos mal, detener a una señora de 60 anos que había ido a visitar a su nieta y estaba esperando saber si le renovaban el visado o no. La señora y sus dos maletas fueron escoltadas en medio de la noche a un coche de policía, y todos, claro, respiramos mucho más aliviados y le dimos las gracias a los agentes por librarnos de la malvada criminal.

… And there went a dangerous terrorist and a what of money. God bless our secure borders!

2 comentarios:

Jules dijo...

ACOJONANTE
El mundo está condenado...
:(
Besos

Jules

El ente de metro y medio dijo...

Bueno, es de agradecer que al menos no haya cuajado eso de los exámenes de cultura y lengua del sitio del país al que se entra (yo misma suspendería ese exámen y quién sabe dónde me mandarían...), pero ya sabemos que l@s estadounidenses son bastante alarmistas (¿será xq ell@s han sido inmigrantes y acinan a l@s nativ@s en un intento de que l@s demás no nos demos cuenta de lo absurdo que es su egocentrismo o nos olvidemos de cuáles son sus raíces?).
En cualquier caso, fácil me ponía yo a investigar a es@s ejecutores de la ley, a ver qué tanto tienen derecho a reclamar a l@s extranger@s...