10 may 2013

La visita del Embajador

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Hace casi una semana, el embajador de España en Ottawa vino a hacernos una visita. No a mi, está claro, sino a todos los españoles que vivimos en Montreal. Con un par de excepciones, por lo general en los últimos 8 años (gasp!) mi objetivo ha sido mantenerme alejada de los españoles que viven aquí. No porque sea asocial (eso sólo me pasa a ratos, como a todo el mundo) sino porque por lo general no tengo nada en común con ellos. Será que soy rara, será que llevo aquí mucho tiempo, será que no me gusta pasar las tardes rajando de lo sosos que son los canadienses y de cómo en España se vive mejor, se come mejor, y se bebe mejor y más barato.

Por eso me sorprencí a mi misma cuando mi reacción tras leer el correo del consulado en el que nos invitaban a la reunión fue de alegría y anticipación. Yo. Emocionada por juntarme con un grupo de desarraigados con los que tengo poco en común, sin rencores porque en el pasado me han tratado como si fuera idiota porque tengo acento andaluz. Yo, contando las horas para ir a ver a mis compatriotas (compa...qué?). Yo, esperando con inmensas ganas que allí hubiera otra gente con peques, para poder quedar e ir a jugar al parque y que la pitusa oiga un poco de castellano, porque últimamente cuando le hablo me contesta en inglés.

Sí. Yo.

Llegué a la cita fashionablemente tarde: en St Laurent hay 3 asociaciones de españoles y tuve que entrar a cada una de ellas porque se me olvidó apuntar la dirección.

Del embajador y el resto de dignatarios sólo voy a decir una cosa: que nos citaron a la hora de comer, sin decir de qué demonios se trataba el asunto, y nos tuvieron allí 3 horas sin darnos ni siquiera un vaso de agua. Ni una mísera aceituna!! Para cuando se acabó el asunto (a eso de las 3 de la tarde) yo ya estaba considerando ponerme a chupar las paredes por las propiedades nutritivas que pudiera tener la pintura acrílica. A quién se le ocure, rediós!!

De lo que quiero hablar es de mis compatriotas allí reunidos, al menos 150. Cuando los vi, casi me puse a besar el suelo: tantos somos? Y eso que, por supuesto, no fueron la mayoría, porque a ver quién quiere ir a ver al señor embajador un sábado a medio día ... Desde el fondo de la sala quedaba clara una cosa: la edad media debía de ser de unos 80 años. Me dio que pensar que la mayoría de los que estaban allí hubieran llegado antes de que muriera Franco, algo que quedó clarísimo durante la ronda de preguntas (casi todas sobre temas de pensiones y viajes del IMSERSO). En el grupo había unos 10, siendo generosos, de menos de 30 años, con pinta de ser muy majos todos pero más verdes que una rama de junco ... y sin críos. Y en medio, entre los pensionistas que siguen hablando de España como su hogar aunque lleven aquí 60 años y los petisuís estaba yo, casi veterana en esta experiencia de la migración, compuesta y sin novios que llevarme al parque.

Sigh.

2 comentarios:

Jules dijo...

Curioso lo que te encuentras por el mundo, ¿eh? al final, como dicen, uno no es de donde nace sino de donde pace, por mucho que a los abuelos que viste les cueste asumir... Así que eso de que aquí se vive mejor...vamos a dejarlo, si se vive mejor, vente...
Estoy de acuerdo contigo, no por tener en común lo de la etiqueta del pasaporte y el idioma vas a tener que llevarte bien con ellos...
Eso sí, me he reído mucho con la entrada :)
Ánimo colega. Muchos besos.
Jules

Lunatrix dijo...

Pues me alegro que te haya reído :o) Por cierto, al final he encontrado novios que llevarme al parque. Son catalanes, pero después de insistir un poco han aceptado que quedemos para que los peques escuchen un poco de castellano.

Un abrazo!