A veces me pregunto qué se sentirá al vivir con elegancia, bien sea
porque la vida se desenrolla como una alfombra mullida delante de los
pies o porque se tenga la fortaleza mental de aceptar las dificultades
como lo que son, algo pasajero. Yo nunca he estado en la primera
situación ni me he sentido en la segunda. Más bien al contrario, la
incertidumbre me angustia, la certeza me aburre y la indiferencia me
hace mirar hacia otros lares. En otras palabras: pese a mis esfuerzos,
en el terreno profesional sufro de insatisfacción crónica. No es que sea
una amargada ni que ande el día quejándome, pero soy demasiado
ambiciosa para las ganas de trabajar que tengo, y demasiado impaciente
para seguir planeando una carrera a largo plazo. De satisfacciones
diferidas ya he tenido bastante con el doctorado.
La
última noticia: que no hay clases que dar en el college este verano.
Estupendo. Yo que ya pensaba que había llegado a puerto, me quedo a
medio camino (temporalmente) con media hogaza de pan debajo del brazo.
Diciéndole adiós al tren con la manita. Encaminándome a la oficina de
empleo, donde espero que me digan cuánto me toca de paro, porque digo yo
que si algo me toca, con la de impoestos que pago, no voy a empezar a
comerme los ahorros.
No se crean, las noticias, al
menos en lo financiero, no son tan malas. Tampoco en lo personal, porque
he tenido un invierno largo y oscuro para planear rutas en bici por
Quebec e idear alguna que otra aventura, además de unos cuantos
proyectos que llevan en el tintero (literalmente) demasiado tiempo. Lo
que me molesta es lo profesional. Cada vez que doy un bandazo me da la
impresión de dar dos pasos para atrás después de andar tres hacia
adelante, y la sensación de tiempo perdido me molesta muchísimo.
Me han ofrecido otros trabajos.
Todo
está medio bien (el trabajo antiguo, el trabajo nuevo, lo que pueda
venir) pero todos me saben a vaso medio vacío. Además, me cuesta tomar
este tipo de decisiones. A veces me gustaría que alguien me dijera qué
hacer, pero si lo pienso me doy cuenta de que no es cierto. Lo que
quiero es que alguien venga con el trabajo perfecto, bien pagado e
interesante, con buenas vacaciones y en el que no me tenga que sentar
delante del ordenador 8 horas al día. Un trabajo que me haga feliz y me
permita seguir disfrutando de mi familia cuando me de la gana. Supongo
que ya sabemos todos que ese trabajo no existe.
Insatisfacción.
Tiro
de mi experiencia, de las vidas vividas y otras encontradas, de las
personas que viven la vida con elegancia y gracia y me han enseñado a
ver las cosas con perspectiva. Me digo, porque es cierto, que por muchas
decisiones que crea tomar, están todas regidas por una ignorancia casi
absoluta de lo que me deparará el futuro. Me digo, porque es aún más
cierto, que mejor que vivir la vida aspirando es vivir la vida viviendo:
disfrutando de lo que hay, no deseando lo que no se tiene. Y haber, hay
mucho, mucho de todo. Tanto, tanto, que a veces se me olvida. Y recordarlo me hace andar como quien camina por una alfombra mullida que no tiene baches.

1 comentario:
Ains... Qué difícil es encontrar el hueco, pero puede que sí exista ese trabajo perfecto, a lo mejor hay que seguir buscando o esperar, no sé, pero mientras, habrá que seguir con lo que surja, para que nos podamos permitir disfrutar de la otra parte de nuestra vida... los viajes, la familia. Y claro que es normal pedir que lo profesional sea mejor, que te lo has currado durante muchos años para tenerlo... en fin. Que ánimo, a seguir buscando, eligiendo y, mientras, disfrutando y maquinando aventuras.
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