27 may 2012

Esta semana en Montreal



Esta semana ha sido movidita y, sobre todo, ruidosa. Hemos (ya que vivo aquí me incluiré en el "nos") salido en la prensa nacional y la internacional en primera y segunda plana. Según los periodistas los responsables de las manifestaciones diarias, las caceroladas y el caos que reina en la ciudad cuando se pone el sol son los estudiantes que se oponen a la subida de la matrícula universitaria. Pero en mi calle no hay estudiantes, y sin embargo no hay vecino que no tenga ya las cacerolas abolladas a base de golpes. Las protestas, las más numerosas y longevas que ha visto este país, están llenas de abuelos, de familias y de gente que hace tiempo que dejó de pagar su deuda estudiantil o a la que le falta mucho para empezar a hacerlo.

En resumen, decir que lo que pasa en Montreal hoy es por la subida de las tasas universitarias es como decir que a Francisco Javier Guerrero Benítez se le daba mal la contabilidad: dudoso.

Es cierto que todo esto empezó con el tema de la subida de la matrícula. Las primeras protestas comenzaron allá por febrero por ese motivo, cuando se propuso aumentar la matrícula universitaria un 82% entre 2012 y 2019. En dinero contante y sonante estamos hablando de pasar de poco más de 2.000 a casi 4.000 dólares canadienses al año de media. Eso, que en España puede sonar a una barbaridad, aquí es poco: actualmente los estudiantes de universidades quebecois pagan la mitad que el resto de los canadienses y una tercera parte que los americanos (estamos hablando de medias, claro). Por decirlo de otra manera, se trata de poner el coste de la educación universitaria en Quebec a la par que el resto de las provincias.

Se ha hablado mucho de que los estudiantes de Quebec son unos privilegiados que no saben lo que tienen. Sin meterme en el debate sobre la educación gratuita vs. educación pública de pago, el problema es que subir las tasas abre (o debería abrir) un debate que se cerró en los años 60 fundamentalmente en un documento: el informe de la Comisión Parent. En aquella época, quizás la más turbulenta que ha visto Quebec en su historia (fueron los años de la Revolución tranquila) se decidieron tres cosas: la secularización de la sociedad, la fragmentación del debate político entre federalistas y separatistas y la creación de un estado de bienestar, todo esto a nivel provincial. Clave en este proyecto fue la secularización de la educación, que pasó de ser el privilegio de unos pocos que tenían acceso a educación fundamentalmente católica a ser un derecho. Consecuentemente, se congelaron las tasas y se creó un sistema de colleges (o CEGEPs) gratuitos. Para ayudar a los estudiantes con menos posibilidades además se puso en marcha un sistema de becas y ayudas en función de los ingresos.

Es posible que haya que subir las matrículas. El problema no es ése, sino la percepción (no limitada a los estudiantes) de que hacerlo requiere un debate abierto y pluralista sobre el significado de esta medida. La reforma de la educación superior que se llevó a cabo tras el informe Parent es hoy un pilar de la identidad quebecois: modificar las normas que regulan el acceso a la universidad y la forma de financiarla, según este grupo, es un proyecto demasiado importante como para que se lleve a cabo a puerta cerrada. Así fue como nació el movimiento de la "Primavera del Arce" (printemps érable) y con él su emblema, los cuadrados rojos. Se oponían tanto al aumento del coste de la educación universitaria como a la modificación de las reglas del juego sin que se les tuviera en cuenta. Se organizaron huelgas, piquetes y todo tipo de acciones. Luego vinieron los cuadrados verdes: el símbolo de los estudiantes que, cansados de perder clases (ellos siguen pagando) querían volver a las aulas para terminar el curso. Finalmente, los cuadrados blancos, a través de los cuales los padres de estudiantes mostraban su preocupación ante la crisis social que se ha desencadenado en la provincia y pedían al gobierno que pusiera de su parte para resolverla.

El gobernador de la provincia, Charest, tenía que hacer algo ante un movimiento estudiantil que no amainaba. De hecho, tras alcanzar un controvertido y breve acuerdo con los líderes de los sindicatos, hubo unos días en las que el asunto empezó a decaer un poco. Al mismo tiempo los que iban quedando comenzaron a usar estrategias cada vez más violentas: amenazaban a políticos concretos, se enfrentaban con otros estudiantes, atacaban a la policía ...  En medio del caos creciente, en un momento casi irreal de mi estancia en este país, una mañana cuatro estudiantes paralizaron el sistema de metro de la ciudad usando bombas de humo.

Es difícil saber qué habría pasado si Charest hubiera optado por la inacción en ese momento, pero mi impresión es que el movimiento habría pasado a mejor vida. El ataque al metro fue la gota que colmó el vaso para muchos, un acto de estupidez supina que molestó a todos y no benefició a nadie.

Charest no sólo hizo algo, sino que decidió que la mejor defensa era una buena ofensiva y una semana después de los ataques del metro pasó el Decreto 78, que básicamente borra de un plumazo muchos de los derechos civiles que tenemos todos los ciudadanos de países democráticos. Con un lenguaje marcadamente vago, se eliminan el derecho de manifestación y asamblea se hace a los sindicatos responsables de cualquier protesta contra la subida de las tasas. Quien quiera saber más que lea esto.

El patinazo fue brutal. Charest no es un líder querido. Dicen de él que es lo más conservador que se ha visto por aquí en algún tiempo. En Montreal no gusta su actitud hacia los escándalos de corrupción en el sector de la infraestructura pública, menos aún cuando el derrumbe de varios puentes y túneles está fresco en la memoria (y en los bolsillos) de los que por aquí vivimos. Su Plan Nord (que prevee la explotación de recursos naturales en áreas del norte del país habitadas mayoritariamente por amerindios) es muy poco popular. Eso, entre otras cosas.

Así que cuando Charest pasó su temporal pero devastadora ley de emergencia, los montrealeses en lugar de amilanarse se echaron a la calle en masa. 250.000 ni más ni menos en una manifestación no autorizada. 700 detenidos. Y al día siguiente, cada uno en su balcón y muchos en las esquinas, los vecinos de la ciudad entera se citaron a las 8 de la tarde para dar un pucherazo.

El ritual se repite todas las noches. La prensa del resto de Canadá y la internacional dice que se trata de estudiantes que protestan contra la sudiba de las tasas. Pero en mi calle no hay estudiantes y los que salen a la calle todos los días hace tiempo que no pisan las aulas. No, ya no estamos hablando de estudiantes. Estamos hablando de gente que no está dispuesta a que le quiten lo que nos ha costado tanto ganar.

Y aunque signifique pasar una hora más meciendo a Inara para que se duerma porque el vecino de al lado saca todos los día su batería al balcón ... la verdad, la verdad, es que si yo me sintiera un poco menos extranjera también les seguiría el ritmo.

7 comentarios:

MMar dijo...

La gente se está movilizando a escala global. Y ya es hora de que nos hagan caso y dejen de actuar sin consultarnos... No sé si todas las movilizaciones, con las peculiaridades de cada zona, surtirán efecto, pero está claro que algo se ha despertado dentro de muchos de nosotros.

Anónimo dijo...

No me había enterado de nada, estoy en la inopia. He leído el artículo del NY Times y se me ha caído la mandíbula al suelo. ¡Multas de hasta CAD 125000 si una asociación estudiantil no impide que sus miembros sigan protestando en territorio propiedad de la universidad! Brutal.

Lunatrix dijo...

@MMar: tienes razón, está claro que todos estas protestas están conectadas entre sí. Ánimo y a ver si conseguís que os hagan caso en España!! (por cierto, si no has leído la última entrada de Morti pásate por su blog: http://mortiziia.wordpress.com/2012/05/31/mi-ignorancia-tambien-es-atrevida/ Creo que te va a gustar).

@Mortiziia: increíble, verdad? Hacer a un sindicato responsable de lo que hagan sus miembros de forma independiente. La gente, desde mi punto de vista, se está portando de una forma ejemplar, vulnerando una ley retrógrada y sin sentido y demostrando su espíritu cívico. Ayer comenzaron una nueva ronda de negociaciones, a ver si encuentran una buena salida a esta situación.

No sé si escribir otra entrada que se llame "esta semana en Montreal." Esta vez se trataría del extraño caso de un desmembrado cadáver que viaja a Ottawa en distintos paquetitos. Desde luego abburirme, no me voy a aburrir en Montreal, eso parece evidente!

http://www.theglobeandmail.com/news/national/body-parts-suspect-may-have-gone-to-france-after-killing-sources/article2448275/

Anónimo dijo...

Ojiplática me he quedao.

Pilikina dijo...

Y parecían tranquilos la ciudad y sus habitantes. Por lo que comentas parece que están reaccionando ante algo tan injusto.
Luna, a ver si me puedes pasar algunos consejillos de DIY sobre cosmética y productos de limpieza que tengo curiosidad.

Lunatrix dijo...

Tienes una dirección de correo para que te autorice a entrar en el blog? Si la pones y la borras inmediatamente me llega a mi correo. Es que no lo quiero hacer público :)

Pilikina dijo...

Como ya he intercambiado algunos mails contigo, pues te vuelvo a escribir y asi tienes mi direccio, ok?
Ahora mismo lo hago.