Las cosas, obviamente, no son lo que eran. Los tiempos en los que no se permitía la entrada de francófonos en ciertos comercios de prestigio, cuando las fronteras geográficas de los barrios de unos y otros estaban marcados a fuego en el asfalto, son pretérito perfecto. Claro que la segregación sigue existiendo, por costumbre y pragmatismo, y que casi sin excepción todos los obreros de la ciudad son francófonos. Pero Quebec es una provincia oficial e imperdonablemente francófona. Flota siempre en el aire la amenaza de la "anglicización" -- sobre todo en Montreal, donde se concentran los anglos y el bilingüismo está a la orden del día.

Verano: apatrullando la montaña, un cuerpo bilingüe y en forma.
Los anglos fueron más fuertes y numerosos en tiempos no remotos. El último referéndum en el que los quebecois fueron a las urnas para decidir si seguían o no siendo parte de Canadá tuvo lugar en 1995. Un 94% (94%!!!) de las personas registradas votaron: 50,58% a favor del status quo, 49,42% en contra. Al final, el referendum no solucionó absolutamente nada. El resultado: frustración, un suspiro de alivio seguido a corta distancia por uno de desdén.
Económicamente, sin embargo, las consecuencias fueron desastrosas. Muchas de las grandes fortunas de la ciudad (pertenecientes a familias anglo) se trasladaron al otro lado de la frontera, a Ontario. Otros emigraron hacia el Oeste a medias por miedo a que se repitiera la violencia política de décadas anteriores y a medias en busca de una mejor situación económica, de más oportunidades. 15 años más tarde la provincia sigue acarreando el lastre de una economía caracoliana y disfuncional, marcada a partes iguales por los escándalos de corrupción, un gasto público por encima de sus posibilidades y la resucitación periódica de argumentos independentistas a manos de políticos poco honestos.

Otoño: fotografía de Steve Troletti.
De modo que muchos se fueron, pero unos pocos se quedaron. Un grupo minoritario aún ferozmente anglo en una isla de francófonos militantes, en la única provincia realmente francófona de un país mayoritariamente anglo. Y aquí siguen.
Por qué no se fueron? Probablemente, porque este es su hogar. Pero también porque es un lugar especial, no en poca medida por esta relación casi adúltera que tienen las dos lenguas en la ciudad. La gente joven habla dos idiomas (no uno detrás de otro, sino uno sobre el otro), se ríe de dos idiomas, se desquita en dos idiomas. Y así, en dos idiomas y dos estaciones y media, Montreal se te va metiendo dentro para engatusarte el alma. Lo confieso: me ha ganado.

Invierno.
Hoy he terminado un libro que ha trepado a lo más alto de mi lista de favoritos: Lullabies for little criminals, de Hather O'Neill, escrito en el contexto de la comunidad anglo de Montreal. Y como de casualidad (si es que eso existe) he acabado en un recital de fragmentos de novelas sobre / ambientadas en Montreal escritas por autores anglos del terruño y publicadas tras el referéndum, en medio de la migración masiva de anglófonos a climas más favorables. La lista completa de novelas está aquí. Leonard Cohen (con libros such as Beautiful Losers) y Mordicai Richler, entre otros clásicos, están ausentes porque sus obras pertenecen a otra categoría :o)
2 comentarios:
Muy interesante el post.
En la gente siempre el miedo a los que son diferentes...aunque sea por el tema del idioma...
:D
Bss
Jules
Ya te cuento ... nos gustan más las fronteras que los puentes ;o)
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