24 oct 2010

Días de sol y bricolaje



De esos tiempos, hoy lejanos en el tiempo y la distancia, a veces me vienen recuerdos que desata un olor, un color, unas notas sueltas, un tornillo perdido en una esquina del comedor. Son restos de los veranos de mi infancia, que solíamos pasar en Vélez de Benaudalla o entre Motril y Almuñécar. A veces también me llega un recuerdo suelto de Torvizcón, donde pasé menos tiempo en casa de mis abuelos maternos. A menudo en esos recuerdos está mi padre, que en su aburrimiento (supopngo) se inventaba aventuras para mantenernos entretenidos a los dos: cazar mariposas, ir a pillar culebras y ranas al río, ir en la "Vicky" (un barquito de remos hecho de fibra de vidrio) de Almuñécar a Motril a ver a los primos, ir a pescar pulpos, jugar al tenis a la hora de la siesta en pleno agosto ...


Mi padre cuando aún tenía pelo.

Un verano (tendría yo unos 5 años) estábamos en la casa de Vélez y le dio, no sé muy bien por qué, por restaurar los muebles antiguos de la casa, que eran muchos. Entre ellos se encontraba una casa de muñecas estilo palacio de al menos un metro de alto, con tres plantas y una azotea para las fiestas de sociedad (digo yo). La casa esaba hecha un desastre. Mi padre y yo nos pasamos al menos un mes poniendo la instalación eléctrica (farolas exteriores incluidas), reconstruyendo las barandillas originales a base de serrucho y una lija, barnizando, pintando y empapelando paredes. Un día encendimos las luces de la casa de muñecas y nos dimos cuenta de que sólo le faltaban dos cosas: muebles y habitantes. Y esa tarde, harta de mi situación de dependencia laboral y muerta de ganas de darle una sorpresa a mi padre, me hice autónoma. Me acerqué a la pared de molino donde siempre había un montón de caracoles tomando el sol y haciendo ... ejem ... sus cositas, cogí los que tenían la concha más linda y, con mucho cuidado, los llevé a su nueva vivienda de lujo. A la mañana siguiente arrastré a mi padre hasta la casita a primera hora de mañana para que viera la sorpresa que se tornó en desastre: los caracoles se habían zampado el papel de las paredes, las lámparas y hasta los trozos de madera más finos, dejando los cables a la vista y nuestra recién reconstruida casita hecha una ruina.

La casa de muñecas desapareció, no sé muy bien cómo ni dónde, y creo que a día de hoy no hemos vuelto a hablar del tema, aunque la historia debe haber circulado porque mi hermana (que no había nacido aún, creo) de vez en cuando me toma el pelo con el tema de los caracoles.


Sobre la "mula parda-colorá" en el molino. El señor que lleva las riendas se llamaba José (/Hozé/) y era un primor, aunque a ratos hablaba un idioma de lo más misterioso.

El caso es que llevo dos días montando muebles del IKEA destornillador en ristre. Por alguna combinación extraña a menudo me acuerdo de esa historia, y me entra la risa al recordar mi hazaña gasterópoda. Por suerte el nuevo apartamento parece estar libre de toda fauna y las paredes ... bueno, digamos que no las vamos a empapelar, por si acaso me da por traer amigos a casa y resulta que les gusta chupar muros :o)

6 comentarios:

Marcoiris dijo...

si es que Ikea yo creo que ofrece un efecto terapéutico, eso de montar los muebles por ti mismo a mi me mola. Además como es fácil te sube la autoestima.

Los caracoles tienen mucha capacidad de zampar. En Asturias se ponian las botas en la huerta. Los cabrones se comian los brotes de lechuga, tardamos un rato en darnos cuenta que no salian porque ellos se las zampaban vilmente. Y como corren los jodios tras la lluvia. Las carreras de caracoles fueron otro clasico cuando era niño en uno de esos domingos de aburrimiento

MMar dijo...

Jaja, me ha encantado la historia :) ¿Te acuerdas de que un verano estuvimos en la casa de Velez un par de días? Lo tengo como un recuerdo vago y lejano, pero sé que estuve allí, porque fue la primera -y única- vez que me paraba en aquel pueblo por el que pasaba tan a menudo.
¡Ánimo con el bricolaje!

Jules dijo...

jajaja, míticas fotos.
vaya melenas (de los dos) en la primera foto.
Y en la segunda, ¿quién es la Buena, quién la fea y quién la mala? jajaja.
Muy grandes
:D
Muchos besos
Jules

Lunatrix dijo...

@ Marco, pues yo creo que tienes razón, eso de poder montar un mueble una sola (aunque venga con todas las instrucciones en lenguaje universal etc) da una gran satisfacción! Una se siente competente, apta para la supervivencia en la jungla, preparada para cualquier desastre XD XD Lo digo de broma pero en el fondo creo que es terapeútico, como tú dices.

@ MMar: ya te cuento! Yo no me acuerdo de mucho, pero se me quedó grabada la excursión al algarrobo milenario (ese que tenía una rama que usábamos de columpio ... no sé si te acordarás). Por cierto: qué te parece que nos conozcamos desde hace ya 20 años? No está mal, eh??

Jules: si te fijas no te va a costar adivinarlo, pero yo no te lo pienso decir! Sí, sí, mi padre tenía unas melenas del infierno cuando era joven ... el tiempo pasa para todos! :o) (BTW: no tengas envidia, que nosotros nos conocemos desde hace 10!)

Aorijia dijo...

Montar muebles del Ikea... Tarea que suelo tener que hacer yo, y que me produce gran satisfacción hasta que, al cabo de una semana, el mueble empieza a menearse por todos lados.

Otra cosa interesante del Ikea es cómo ha extendido la decoración escandinava a todos los rincones.

Me ha encantado la anécdota de los caracoles, a mí me pasó algo similar, pero con los elementos anillo/fregadero.

Lunatrix dijo...

@ Aorija: anillos / fregadero?? A ver si compartes más detalles, que me tienes en ascuas. Por cierto, al final le hiciste la paella a tus suegros?

Cierto: tú que viviste en Noruega sabes de eso. Yo estuve un tiempo en Suecia, y en aquel entonces me llamó la atención que los muebles de todas las casas se parecieran tanto. Parece que vamos en la misma dirección ... A mi no se me suelen desarmar, pero de todas maneras tampoco he comprado muchos porque suelo tirar bastante de las cosas de segunda mano (y ahí sí que huyo del IKEA, porque a ver cómo lo han montado los anteriores dueños ...).