1 jun 2010

Una habitación con bondage

Por fin pasamos todas las trabas del aeropuerto y alcanzamos Portland entre las alas del increíble y muy canadiense Bombardier Dash 8 (serie 300) -- similar al Fokker 50 que conocí en Suecia aunque mucho menos divertido (esa va por Julio). Eso fue el domingo por la tarde. 24 horas después ya habíamos alcanzado nuestro objetivo: tener casa, bici y teléfono. Y eso que era Memorial Day y muchas tiendas estaban cerradas.

Cuando vivíamos en Vancouver en The Beets y se nos quedaba una habitación libre siempre nos llamaba la atención la fauna que venía a las entrevistas. Pensábamos que era porque las habitaciones, al ser en una casa compartida, eran más baratas de lo habitual en Vancouver, y por eso atraíamos a todo sere de entes extraños, asociales o decididos psicópatas. A esa conclusión llegamos después de que a una chica a la que casi seleccionamos se le cayera del bolso un *saco* de maría + otras sustancias de pinta interesante al terminar la entrevista, otra nos pidiera (vía email) que la libráramos de las garras de su diabólica madrastra en Inglaterra dándole alojamiento, un señor llamado Oceáno nos visitara con cuatro arañazos horizontales en la cara mientras todas sus pertenencias esperaban en nuestro jardín (su novia le había echado de casa después de pillarlo con otra) y Mr Ninja hiciera un reconocimiento completo de nuestra casa katana en mano (por suerte aún no había terminado su entrenamiento con la estrella ninja).


Cartel en la puerta de nuestro super en la calle Alberta, en Portland.


Pero resulta que nos equivocábamos y la razón de tales encuentros era mucho más simple: el mundo está lleno de gente con las inclinaciones más curiosas y buscar un sitio en el que vivir te pone en contacto con ellos. Así que en nuestras 24 horas buscando alojamiento, de las tres habitaciones que teníamos en mente, una era un timo de los de mandar dinero a no sé quién en Londres, otra era estaba en la casa de una petarda que alquila habitaciones en un edificio que se tiene en pie de milagro, y otra ... la otra ... la otra era una casa de lo más curiosa.

Portland tiene fama de ser un lugar especial, refugio de librepensantes, gente de izquierdas y amantes de todo lo verde. Quizás por eso, y porque aquí no tienen a Terminator de Gobernador, muchos californianos han decidido partir a tierras del norte para ser más libres. El dueño de la tercera casa (a la que llamaremos The Bondage Shack) era uno de estos espíritus errantes que han emigrado de Los Ángeles a Portland en los últimos años para realizar su sueño de hippy gótico, o destilador de cerveza casera y malabarista de fuego, o quizás porrero fiestero amante del striptease. Quién sabe. El caso es que llegamos a su humilde morada y nos encontramos con un señor vestido igualito que Aykroyd en The Blues Brothers, pero con pulseras, anillos, dilatadores en las orejas y las uñas con restos de esmalte rojo, trabajando en su jardín. Más concretamente, este buen señor estaba colocando maruiquitas en los lúpulos (Humulus Lupulus) que trepaban por la fachada de su casa y que se le habían infestado con hongos. (Esto significa que el pobre hombre va a tener que ir al super a comprar cerveza este año.)

Ya sabéis que me encantan los frikis, y desde nuestro primer intercambio de miradas (la suya por encima de sus gafas de sol en las alturas, la mía a través de mis anteojos mucho más cerca del suelo) nos entendimos bien. En el jardín trasero una huerta, de compañía un labrador viejo, y una biblioteca en la sala común: qué más se puede pedir? Quizás un colchón sobre el somier y un poco de mobiliario? Que la casa en su totalidad no estuviera en pleno proceso de construcción? La verdad es que estaba lista para presentar mi caso ante el Sr Lunatrix para convencerle de que aquel sitio era ideal. Hasta que llegamos al sótano que le da nombre a esta morada, The Bondage Shack.

El sótano era sin duda el corazón de la casa, el primer lugar que el Señor Striptease había remodelado, su orgullo y pasión. Una pared era toda bar: taburetes, barra y una gran selección de bebidas alcohólicas caseras incluidas. El techo estaba cubierto de hierbas de procedencia desconocida. De la pared colgaban cráneos de todo tipo de animales. En medio de la sala había una mesa con forma de ataud y todo tipo de elementos extraños encima, incluyendo una cabeza de cabra con antifaz y un tallo de romero fresco a modo de cresta ("hace dos días tuvimos un funeral aquí, fue de lo más espiritual, seguro que os habría encantado"). Y en la esquina más lejana de la puerta, una cruz de bondage con un látigo y un tubo de striptease bien atornillado a los cimientos de la casa. En el momento en el que empezó a contarnos que sus amigos habían decidido por unanimidad que él era el mejor bailarín de striptease de la ciudad quise pedirle una demostración en ese momento y lugar, pero cambié de idea al ver los talones de Alex desapareciendo en lo alto de las escaleras por la puerta principal.


El barrio de Irvington en Portland, Otoño de 2008.

Al final nos hemos quedado en Irvington, el barrio histórico de Portland donde hace unos años celebramos la vistoria de Obama. Sigh. Con la de historias que os habría podido contar (o no!!) si nos hubiéramos quedado con este hombre tan raro.

4 comentarios:

Jules dijo...

JAJAJA, muy bueno. Lástima que no os quedeis en su casa, jejeje.
Muchas gracias por la friki-info de aviones. No he volado aún en un turbohélice (así se llaman en castellano). Desafortunado el nombre Fokker para los angloparlantes...ejem...jajaja
Por cierto, ahora que me acuerdo, estáis a solo dos horas de Astoria, sitio donde tengo que ir porque allí se filmó la peli más mítica de mi infancia:
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Goonies

otro día vamos
Besos
Jules

ghianti dijo...

Pues qué quieres que te diga, sesiones gratuitas de striptease en un sótano-bar es un aliciente más a la hora de buscar piso. Cuando vaya mañana a Benamejí a buscar piso o casa no aceptaré nada que no incluya una buena barra de striptease en un sótano igualito al que has descrito, jajaja. Besos

Montse dijo...

Que divertido, os teniais que haber quedado, aunque lo de las calaveras no me mola mucho.
Que vida mas itinerante que llevais. Cuanto tiempo teneis que estar en esa ciudad?
Sigo esperando noticias de Javi.

Lunatrix dijo...

@ Jules: Turbohélice. Suena mejor de lo que se escribe, jejeje ... gracias por iluminarme, es cierto que no sabía cómo se llamaban este tipo de aviones y por eso no lo puse en la entrada ... pero para eso están los amigos aeronaúticos!! Los Goonies, eh? Mira que eres ochentero :o)

@ Ismael: ya me contarás lo que opina Alba del asunto XD XD

@ Monste: lo de Javi no digo nada que ya lo sabes. Aquí nos quedamos un mes, y luego volvemos a Montreal ... pero oye, que si te quieres venir le digo al señor trajeado que te guarde la habitación, eh ... jejeje ...