25 ene 2010

Ausencias con causa

El caso es que yo pensaba que iba a ser más calmado, pero no me imaginaba que estar una semana con mi supervisor en Dakar sería a la vez tan entretenido y tan fácil. Eso sí, cuando se fue me fui a dormir y no abrí los ojos hasta unas 12 horas más tarde. Aún estoy esperando que me llegue el día de descanso: mi jefe destruyó mi Sabbath.

Debía pensar que me sentía sola, quizás desamparada, después de un año lejos de Vancouver. Y la verdad, la verdad, es que un poco sí: aquí estoy, haciendo entrevistas y escribiendo como una posesa, ¿pero quién me dice que no me estoy equivocando de dirección, haciendo las preguntas adecuadas, en resumen, perdiendo el tiempo? Para colmo, sigo con los síntomas de eso que mencionaba en el post anterior: el síndrome del impostor (en este caso, la impostora). Este síndrome consiste, como su nombre indica, en sentirse un fraude, y es más común entre gente ambiciosa, sobre todo mujeres, sobre todo en el mundillo académico. Así que no es de extrañar que me haya tocado a mi que cumplo el perfil tan perfectamente. No es fácil estar rodeada de gente que sabe tanto, tanto, y pensar: qué poco sé y qué suerte he tenido hasta ahora de que nadie se haya dado cuenta. Esta sensación es una bomba para la autoestima y un freno muy eficaz al trabajo intelectual. Así que en fin, la visita de Dan me ha servido para darme cuenta de que quizás, después de todo, ni soy tan tonta ni sé tan poco. Cómo explicarlo. El caso es que me lo he pasado muy bien y he recuperado un poco de confianza en mi trabajo.

Aparte de trabajar, de desarrollar un guión para la tesis, de poner sobre la mesa posibles carreras profesionales y las estrategias para alcanzar esas metas, también hicimos un poco de turismo. Tiene gracia lo relativo que es todo: aunque no podría ser más evidente mi estatus de extranjera, con mi jefe al lado casi parecía una autóctona.


Un guiri muy simpático.

En Dakar hay algunas cosas que hacer, pero no muchas. Andar por los mercados como el de Sandaga puede ser un poco agobiante, porque siempre se acerca gente para hablar, vender, etc y es didícil distinguir entre charlatanes con mala intención y gente interesante. Las playas están bien, pero tampoco era plan de irse a tomar el sol con el jefe ... Así que hicimos lo típico: Isla Gorée un día, el Lago Rosa una mañana y el Museo del IFAN (un poco polvoriento, pero interesante).

No puedo recomendar ir a Gorée lo suficiente. Si alguno de vosotros viene a Dakar y no se monta en el ferry ... os habréis perdido algo inmenso.


La Casa de los Esclavos en Isla Gorée.

El Lago Rosa por otra parte no merece demasiado la pena -- psé, no es gran cosa.


Lo que no recomiendo a ningún/a turista que haga es lo siguiente: hacerse un viaje de ida y vuelta a Dakar-Saint Louis el mismo día. Ya se veía venir que sería un viaje mortal, pero con una charla con el (muy interesante) grupo de investigación de la Gastón Berguer y poco tiempo en Senegal no cabía otra opción. Bite the bullet, que dicen los gringos, y trágate 11 horas de carretera en un día. Lo peor no fue salir de Dakar a las 7, porque al menos así nos ahorramos parte del atasco en nuestro flamante taxi amarillo. Lo peor no fue el calor de la ida, que al fin y alcabo amenizaban las bajadas de ventanilla para hacer fotos de los apprentis kamikaze (aprentis es como llaman a los chicos que trabajan el nos autobuses).




Lo peor fue que al volver, a eso de las una de la mañana y a la altura de Tivaouanne el coche dijera que no le daba la gana arrancar. Tanto taxi amarillo y tanta pijería para nada: después de dos horas en la cuneta rodeados de mosquitos (no temas madre: me puse el repelente ultra tóxico para climas tropicales y llevaba las Blundstone) el conductor llamó a un electricista para que nos hiciera un puente. ¡Un puente! Pensaba yo, revisando en mi cabeza todas las pelis de malos malísimos en las que robaban coches haciendo puentes. ¿Y eso es seguro? Le pregunté a mi jefe, que a través del olor denso y dulzón de nuestro antimosquitos ultrapotente dijo: "Si no se bloquea el volante cuando vayamos a 100 km/h por esta carretera llena de burros sí, es muy seguro."


Hotwired.

Eso fue lo peor.

A favor del viaje tengo que decir que cada vez me gusta más St Louis y su universidad y que las horas en el taxi sirvieron para seguir desarrollando planes para mi futuro profesional.

En fin, que ha sido una semana llena de planes, aventuras y emociones dignas de recordar. Por cierto: aún no os he presentado a la estupendísima Mame Fatou (la de las bolitas de pescado del otro día).

6 comentarios:

laiabird dijo...

animo, no saber nada es la unica señal de verdadera sabiduria. Precioso el color del pañuelo de Mame Fatou, es mi color favorito.
Besines!

laiabird dijo...

BTW, soy Marco, que coño es esto!

Lunatrix dijo...

Tiene usted un conflicto de identidad? Pasa demasiado tiempo con su pareja? Ya no sabe donde empieza uno y acaba el otro?

XD

Javi dijo...

Offtopic: Marco, se empieza utilizando el perfíl de "ella", y se acaba probando ropa "interesante" femenina, ¡ojito!...

Luna, esa sensación es inevitable, no existe un camino preestablecido para ese tipo de trabajos "de campo", y en el fondo, no es más que tu propio deseo de hacer las cosas bien. Tranquila y a disfrutar.

¡UN abrazo!

Marcoiris dijo...

jajaja, que malos! XD

Lunatrix dijo...

Es que nos lo has puesto a huevo, Marco XD

Gracias a los dos, sois unos sabios :o)