Es cierto que de la Vega es una de mis personalidades políticas más admiradas. Poco después de que se la nombrara como tal un amigo, que lo sigue siendo a pesar de haber sido irrevocablemente abducido por el P(S?)(O?)E, me llevó a visitar el Congreso casi de noche. Fui directa al sillón de la Vicepresidenta, donde me senté y me emocioné muchísimo. Miré hacia arriba por eso de que las lágrimas tienen más lugar para la distracción cuando la superficie abierta del ojo es grande, y los vi. Desde allí sentada, los vi. "Carlitos Amarillo", le dije aún mirando al techo, porque si él me llama Enana Furiosa yo le puedo llamar como me de la gana, "¿eso no serán ...?" "Los tiros de Tejero", terminó él donde yo no podía. Y en ese momento, me sentí historia.
Por esa historia de España tengo más interés que conocimiento, que para eso ya están la inagotable sabiduría de alumnos aventajados como Thiago y las vivencias que mi abuela comparte al calor del brasero (ella no tiene blog). Ese interés me ha llevado esta mañana a encender la radio para escuchar la retransmisión de los actos conmemorativos del 31º Aniversario de la Constitución Española. Sólo haré dos observaciones.
La primera, la decepción: Zapatero ha hablado, pero lo ha hecho demasiado lentamente y sin un objetivo claro, demasiado mal para ser hoy. Seguía sus pausas interminables desde el fregadero pensando: "así nos luce el pelo". Vivimos en un país de políticos sin carisma, con una izquierda fragmentada, disfuncional y por tanto inexistente a efectos prácticos, con un gobierno que se dice socialista cuando sus políticas son de centro y una oposición de mierda que en lugar de aportar distrae. En resumen, este es un país que sufre de una clase gobernante que nos aliena de una de las facetas más bonitas de nuestra existencia: la de ciudadan@s libres en un mundo que se nos ofrece en bandeja. Un mundo que nos llega lleno de problemas y retos, pero nuestro para cambiarlo. Y esta clase política corrupta, sin carisma y que anda a traspiés la hemos elegido nosotros. Pues sí, así nos va, pensaba con la rabia dando patadas en la boca del estómago al escuchar a nuestro Presidente.
La segunda, la reconciliación. Ésta ha venido de manos del menos inesperado, del poco carismático, del "ejqueniano" Presidente del Congreso: José Bono. Al minuto de comenzar su intervención lo he dejado todo para sentarme delante de la radio con los ojos cerrados. Su discurso de 10 minutos se me ha hecho corto, devolviéndome a ese día, hace ya unos años, cuando miré al techo para que Carlos no me viera llorar sentada en un sillón del Congreso, abrumada por la historia. Las partes de su discurso que no han salido en las noticias del mediodía me han recordado una cosa muy importante: que la política no es de políticos con corbata, sino nuestra. Que la historia la hemos hecho y la seguimos haciendo tod@s. Que la ausencia de alternativas políticas no es excusa para la apatía.
Y así, de la mano del señor Bono, me he reconciliado con la política de este país, al menos hasta que hoy se ponga el sol.
1 comentario:
No he podido escuchar ese "dijcurso". Lo buscaré.
A lo demás te doy la razón...
Un abrazo.
Jules
Publicar un comentario