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23 abr 2009

Desorientada (from Hamburg)

Hace poco más de un día que Alex y yo nos levantamos con la llamada a la plegaria de la mezquita que hay al lado del Auberge de la Jeunesse, en Saint Louis. Rápidamente, para no perder la primera luz del día, salimos intentando no despertar a las chicas de la habitación de al lado. Calles destartaladas, paredes desconchadas, cabras, basura y la luz que sólo tienen las ciudades de la costa. Disfruté tanto, que me da miedo recordarlo demasiado por si se gasta la memoria.



Para celebrar el fin de la magia nos tomamos un croissant con un zumo de manzana y nos fuimos a bailar y gastar a la tienda de música de Saint Louis, donde el señor Omar brilla en el centro su constelación de discos escasos pero muy bien escogidos. Estrechándole la mano y con una sonrisa de oreja a oreja saltamos dentro de un sept places que salía hacia Dakar. Esta vez, nuestra compañera de asiento trasero fue una señora de culo generoso que comía gambas a doble ritmo de djembe y tiraba las cáscaras al suelo del coche; desde fuera llegaban hasta nosotros el aliento de horno del desierto a mediodía y los balidos periódicos de las omnipresentes cabras. Al llegar a Ouakam los niños de la escuela para discapacitados donde nos alojamos nos dieron la bienvenida (algún día hablaré de eso, algún día …) y Dam, el sastre más dicharachero de África occidental, nos entretuvo con sus (des)venturas amorosas y sus planes de futuro: tener una casa enorme en Rufisque con un montón de fuentes en el jardín y un BMW X5 en el garaje. Casi nada. Al aeropuerto me llevó un taxista Guineano hijo de Jah al que le hizo gracia mi Wolof macarrónico y me enseñó un par de palabras más que ya se me han olvidado. Eran las 2 de la mañana. Tres horas más tarde la azafata sirvió la cena (¿?) de macarrones con tomate. Gracias al retraso del vuelo Lisboa – Hamburgo me dio tiempo a terminar Etoile Errante ( totalmente recomendado!!) y descubrir que los duty free hay un rímel que alarga las pestañas hasta un 80%. Fascinante.

A veces nada tiene sentido.
Ahora estoy en Hamburgo, en un hotel donde pasaré los próximos días hablando de migraciones, ciudades y transnacionalismo, y como soy una nerd de mierda seguro que al final hasta me lo paso bien y todo. Aquí el agua caliente corre sin fin, reina el silencio, cae una tormenta antidiluviana y no hay mosquitera cubriendo mi cama, que es grande y está vacía.

Ay …