Se despegó ella sola sin que nadie se diera cuenta, y a la dudosa voz de "mami" me volví para encontrarme frente a frente con una escena propia de una peli de zombis: Inara con sangre chorreándole por la barbilla, sin llorar, mas sorprendida que otra cosa, y un par de pellejillos pegados al metal. Ay.
Imagínense las miradas en el autobús mientras yo limpiaba sangre kleenex tras kleenex.
Al contarle esto a gente de aquí son todo medias sonrisas e historias: "ah, a mi se me quedo la lengua pegada a un poste / la barra de la silla en la estación de esquí / el cuadro de la bici / la puerta del coche en el invierno del año tal y cual". En fin, que parece que uno no puede ser canadiense sin antes sacrificar un trozo de piel o unas cuantas papilas gustativas al invierno!!
Y mira que le estoy dando vueltas al tema, pero no se me ocurre ninguna experiencia equivalente que te gane el pasaporte español. Ideas?
Cómo despegar una lengua que se ha quedado pegada a un poste. Instrucciones aqui.

4 comentarios:
No, no hay ideas. Eso sí, yo pegué mi lengua a una cubileta de cubitos de hielo..Sentí, como una llamada, oiga, y no pude resistir el impulso...
María
Hola! Me gustaria saber cuantos anos tienes, por que yo recien llegue a canada desde madrid, y ,e siento mas que identificada con tu blog!!
María: pues debió ser una situación parecida, la llamada del hielo, jejejeje ... Y eso fue en España?
Alexandra: entre 20 y 40, más o menos :o) Me alegra que te guste.
Jajaja, qué bueno! Esa curiosidad... Pobre Inara
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