16 ene 2014

Ritos de paso

En atropología cultural hay un concepto, "rito de paso", que marca la transición de un individuo de un estado a otro de su existencia. En la vida hay muchos ritos de paso, y el otro día, conduciendo un coche por la avenida Henri Bourassa (político y periodista franco-canadiense) pensaba en todas las transiciones por las que ya he pasado.

Nacer. Terminar la EGB, BUP, COU, la Selectividad; después la carrera, un master, un doctorado. Poder votar en España (cómo olvidar la primera vez que deposité una papeleta en la urna!). Casarme y tener descendencia. Comprar una casa y adquirir una hipoteca.

Seguro que se me olvida alguna transición, aparte de otras que no se suelen considerar como tales pero lo son, porque te hacen "mejor" ciudadano, más "normal", y te ponen sin lugar a dudas en el lugar de los miembros respetables de una sociedad: tener un trabajo fijo, pagar tus impuestos, sacarte el carnet de conducir. Sacarte el carnet de conducir, por segunda vez, en otro país, ya bien metida en la treintena.

Precisamente en eso estaba yo el otro día, haciendo el examen práctico de conducir medio en francés medio en inglés en el barrio de Ahunsic, avenida Henri Bourassa, allá por donde al gran Cheikh Amadou Bamba se le cayó la alpargata: habrá una razón por la que siempre nos mandan al quinto infierno a pasar este tipo de trámites?

Bonita y simple señal de tráfico montrealesa: ahora adivina si puedes o no puedes aparcar en esta zona ... Imagen de aquí.


Sacarse el carnet en Montreal es mucho más barato (y más fácil!!) que en Madrid, que es donde me lo saqué yo. Te dejan cometer muchísimos errores en el teórico, que además puedes hacer en 8 idiomas distintos aparte de los oficiales: francés e inglés; y el práctico, si sabes conducir, es cuestión de suerte. El barrio de Ahunsic tiene más señales de tráfico que una fábrica se semáforos (el 90% señales de stop) y es muy fácil cometer un error. A mi me sudaban las manos, me latía el corazón en los oídos, tenía el pulso como si me acabara de tomar 4 cafés. Pero pelillos al aire, que ya tengo por fin el ansiado documento. Y para qué? Para poder conducir un coche dos veces al año, que es la frecuencia con la que alquilamos uno para ir donde no llegan ni el tren ni el autobús.


No soy la única: hace unos años unos investigadores descubrieron que en ciertos países (entre los que se encuentra Canadá) cada vez más menos gente joven se saca el carnet de conducir. El estudio concluye que la razón es que las redes sociales digitales disminuyen la necesidad de contacto cara a cara. Pero yo creo que hay otras razones. Por ejemplo, tener un coche ha sido durante mucho tiempo un símbolo de estatus social y económico; ya no tanto, ahora tener un iPhone mola más*. Para los que vivimos en ciudades (que somos la mayoría, y el porcentaje sigue y segruirá creciendo) tener un coche es un engorro: llegar y aparcar delante de casa es un lujo del que pocos disfrutan. En resumen, tener un coche es caro, es incómodo e implica responsabilidades. Para gente de la generación que vino después de la mía que tiene la posibilidad de elegir (véase: no tienen críos), sacarse el carnet no es una prioridad.

Como tampoco lo debería ser para mi, pero qué le vamos a hacer: estoy chapada a la antigua, me hago vieja, y por alguna razón tener ese trozo de plástico en el bolsillo me hace sentir un poquito más parte de esta sociedad en la que nunca encajaré del todo.

Como si me hubiera ido a cazar un león adentrándome en la jungla, y hubiera salido de entre las matas cargando una bestia de 200 kilos, sudorosa, jubilosa y goteando sangre. Más mujer, más yo.

Y sin saber qué demonios hacer con el pobre animal sangrante.

* Hoy, después de publicar esta entrada, ha salido esto en El País. Que sepan que yo lo dije antes.

2 comentarios:

Pilikina dijo...

Que razón tienes!
Antes te comprabas un coche por comodidad, pero ahora resulta que no puedes aparcar cerca, cada vez que aparcas tienes que pagar.
Los fines de semana es mejor que no le cojas, pues te tomas una copita te hacen soplar y multazo.
Vamos, que sale caro y encima no es tan cómodo salir con él.

Lunatrix dijo...

Ya te digo!