1 ago 2013

Día 10: Val Jalbert - Montreal (10 km)

[Hace unos días regresamos de un viaje en bici a la región de Saguenay, donde hicimos la Véloroute des Bleuets alrededor del Lac Jt. Jean. Estoy subiendo las entradas poco a poco y en orden inverso para que queden en el orden correcto en el blog, pero hasta que no estén todas quedará un poco raro. Paciencia!! :o)]

El último día fue un día completo. Como el día anterior habíamos llegado tarde al pueblo histórico de Val-Jalbert y nos fuimos directamente a cenar, el domingo nos levantamos a la hora de las gallinas para poder ver al menos alguna de las casas y subirnos en el funicular a lo alto de la catarata. Nos portamos los tres muy bien: a las 7 ya habíamos hecho las maletas y puesto la tienda de campaña en lo alto de la bici. A las 7:30 estábamos desayunando. Nos hicimos una visita del viejo molino, que es la fábrica de pulpa de papel en torno a la cual se creó el pueblo de Val Jalbert, que contaba con unas 900 personas en los años 20, fue un pueblo fantasma desde comienzos de los 30 (cuando la fábrica cerró) y finales de los 70, y es hoy un parque temático. A las 9 éramos los únicos en la cola del funicular. No está mal para viajar con una peque de dos años y medio, eh?

El viejo molino con la catarata.

Y como en internet hay fotos muchos mejores del funicular que las que tengo yo, aquí os dejo una:

De la página oficial del village historique de Val-Jalbert.

La razón de tanta prisa es que teníamos que coger el tren de las 12 para volver a Montreal. Así que después de mucho entretenernos visitando la escuela de monjas original (reconstruida) y ver los cimientos de la iglesia nos volvimos a montar en la bici camino de Chambord. Menos mal que esta vez ya nos sabíamos el camino y supimos encontrar la carretera secundaria para no tener que ir por la autopista!

El tren, como a la ida, era como para verlo. Tres vagones: la locomotora, el vagón para pasajeros y el vagón para bicis ... bueno, y para cualquier otra cosa que los viajeros quisieran llevar. Tiene usted un roedor? No pasa nada, al vagón de mercancías, que lo podrá visitar durante el viaje! Un trineo? Sin problema! Una canoa? De lo más canadiense, oiga, traiga que la pongo en una esquina. Todo por un módico precio.

El problema, más que el espacio o las limitaciones del equipaje, fue en este caso un retraso de más de dos horas. Para cuando llegamos a Montreal era media noche y estábamos los tres dormidos, aunque a dos de nosotros nos tocó pedalear 45 minutos más para llegar a casa. No regresamos tan frescos como cuando salimos, pero la ventaja es que el próximo viaje en tren nos va a salir gratis, jeje.

Con tanto tiempo que matar en el viaje me dio tiempo a descubrir un décimo paralelismo entre el Quebec profundo y la España antigua. Aquí va:

Parecido razonable #10: los pocos nombres. Si en la España castiza sólo existían un par de nombres (Paco, Pepe, María, Carmen) lo mismo se puede decir del Quebec profundo, donde todos los niños se llaman Alexis y las niñas Ocean.

Oh, la tristeza de cerrar el cuaderno de un buen viaje ...

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