Si estáis por aquí supongo que ya os habíais enterado de que mi rutina de oficinista me traía por el camino de la amargura. Por suerte, el contrato se me acababa el miércoles y no me lo han renovado. No porque no estén contentos conmigo, que conste (una tiene su orgullo hasta cuando toca hacer fotocopias) sino porque están entre dos ciclos de financiación y por ahora no saben si les van a renovar los fondos o no. Así que a los que estábamos con contratos a corto plazo no nos han renovado, a los trabajadores indefinidos les han pedido que se tomen unas vacaciones, y los directores se han bajado el sueldo. En otras palabras: la ONG está en hibernación.
Y yo, tan contenta, porque si me llegan a decir que me renuevan me ponen en un compromiso. No se me dan bien esas cosas :o)
Lo que no me hizo mucha gracia es que después de tres meses haciendo nimiedades en la oficina, hace un par de semanas me mandaron hacer algo de lo mío, hacer averiguaciones en internet y preparar un documento-propuesta bien presentado. Mi jefe (que en realidad no ha sido mi jefe todo este tiempo, porque yo estaba con otra persona organizando unas actividades que se han realizado en Colombia) se quedó muy impresionado. Yo no me creo más que nadie por tener un doctorado, que conste. Pero cuando el hombre, que por otra parte es una persona estupenda, me llamó para decirme que la calidad de mis pesqusas y del documento final eran lo mejor que había visto nunca, me dieron ganas de llamarle cenutrio. Después de 6 meses va y se entera de que soy investigadora de profesión. Pues muy bien.
Aparte de la frustración momentánea, el último día en la oficina fue todo regocijo y buenos ratos. Voy a echar de menos a mis compis, que son un grupo de personas maravillosas, inteligentes, divertidas y con ganas de cambiar el orden de las cosas. También voy a echar de menos ver cómo mis pequeños gestos tienen repercusiones directas en las vidas de gente que vive lejos. A veces, durante estos últimos meses, me daba la impresión de que de mis dedos salían hilos larguísimos que me contectaban con personas muy parecidas a mi en otras partes del mundo, y que juntos tejíamos un mundo mejor.
Así que bueno, ya me ven, ahora a volver a escribir y a seguir dando clases a mis criaturas de 20 años. Lo último me está gustando más de lo que pensaba (creo que lo he dicho unas cuantas veces, jeje). Si al final me pongo a escribir, y más me vale, probablemente nos veamos más por aquí (si se pasan ustedes), porque escribir es como andar: cuanto más escribes, más sitios descubres a los que te gustaría ir.
Como dice un tal amigo ... seguiremos informando :o)
1 comentario:
Bueno, pues... ¿enhorabuena? Al menos te has ido dejando claro lo que vales y ahora puedes dedicar más tiempo a otras cosas, como ésta.
Muchos besos y a seguir caminando... que "al andar se hace camino" ;)
Publicar un comentario