25 mar 2013

419

Hace poco terminé un libro con el enigmático título de "419". La novela ganó en Giller Prize el año pasado, y en esta casa nos gusta apoyar una causa justa -- como por ejemplo defender la literatura canadiense del monstruo editorial que jadea al sur de la frontera. Una veces ganamos (The Sisters Brothers) y otras perdemos (The Sentimentalists), pero ya nos hemos habituado a hacer una visita a la librería de la esquina cuando anuncian los resultados de estos y otros premios.

Esta vez Alex llegó a casa con 419. Terminó el libro y me lo puso en la mesita de noche, con una advertencia: las primeras 50 páginas son insufribles. Cierto. No es sólo el estilo (frases demasiado cortas, insulsas; una narrativa fragmentada) sino sobre todo que, sinceramente, la historia no tiene ningún interés, y eso que se trata de un asesinato sin resolver. Pero muy rápidamente la novela remonta y cambia de ritmo (una se pregunta si de verdad el antes y el después vienen de la misma pluma!).

La historia: un maestro retirado con una vida nada reseñable de Alberta muere en un accidente de tráfico. Al principio la policía procede con una investigación rutinaria, pero pronto resulta evidente que el hombre en cuestión fue estafado y acabó suicidándose, no sin antes dilapidar los ahorros familiares y perder su casa en el proceso. Oh.

419, el título del libro, se refiere al artículo del código penal nigeriano que sanciona una estafa. En el caso del que se ocupa la novela es un esquema bastante manido: persona que tiene una millonada que sacar del país necesita benefactor extranjero para usar su cuenta bancaria. Pero en este caso los correos electrónicos están dirigidos especialmente a la víctima, con nombre y apellidos, y usan información cuidadosamente recolectada de internet (donde todos contamos mucho más de lo que debemos o es necesario).

Personalmente, nunca me había parado a pensar como funcionan estas estafas. La segunda cosa que más me fascinó del libro es descubrir, paso a paso, el proceso al través del cual la víctima se deja seducir, estafar, aniquilar. Al dermenuzar las partes de la historia una entiende mejor que el 419 (como hoy se le reconoce internacionalmente) se haya convertido en un lucrativo negocio a pesar de que no es nada sofisticado.

Lo que más me gustó de la novela, sin duda, fue todo lo que pasa en Nigeria. Es un país que no conozco, al que nunca he ido y que no tengo el más mínimo interés en visitar, pero los personajes de esa parte de la historia (un pescador de una pequeña aldea destrozada por la sed de petróleo y una mujer joven que huye a pie de su familia en el norte del país) son de una gran complejidad. Esta parte de la historia es totalmente adictiva. La lees sabiendo que la tragedia está a la vuelta de la esquina ... y sin embargo no puedes parar.

Los canadienses y los nigerianos se encuentran cuando Laura (la hija del maestro estafado) decide vengar la muerte de su padre. Se monta en un avión con su equipaje de cabina y unas cuantas fotos del cadáver de su padre y va a buscar a quienes haya detrás de la tragedia. Haciendo de cebo, contacta a los nigerianos pretendiendo ser alguien interesado en una transacción.

En este momento se lía todo: la mujer baja del avión, se encuentra con el responsable de la muerte de su padre e intenta vengarse. Si Laura termina flotando en el río o si consigue su objetivo, eso no lo voy a decir por si algún día os da por leer el libro :o) Pero la acción, las sorpresas, los desengaños y las frustraciones con los personajes y sus historias vitales no faltan en la segunda mitad del libro.

Si pueden, pasen y lean. No tiene desperdicio :o)

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