20 nov 2012

Denise

Lección que aprendí hace unos años: ser agradecido es importante. No se trata sólo de educación, si bien es cierto que es de justicia reconocer a la mucha gente que nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos o hacer nuestros días más agradables. Dar las gracias es también una manera de dejar una marca en la gente, y, por lo general, facilita que piensen en ti cuando aparece una oportunidad interesante.

Como leo la tesis en una semana en mis (escasos) ratos libres me da por pensar en gente que me ha ayudado desde que llegué a Montreal. Si se presenta la ocasión me gusta mandar un correo, nada especial, un mensaje corto dando las gracias y dando mis coordenadas actuales. Es increíble lo rápido que responde la gente ofreciendo quedar para un almuerzo o un café!!

Denise, porque la conozco un poco mejor, me dijo que por qué no quedábamos para cenar. Es la persona que me ha ofrecido más sin esperar nada a cambio, aunque a nivel personal siempre me ha resultado difícil de interpretar. Cuando hablamos lo hacemos en español a pesar de que ella es una francesa gruñona de 60 años. Su adjetivo favorito es "comemierdas" (que aplica a todo el que hace algo estúpido, incluyéndose ella misma) y siempre lo está cuestionando todo de una manera que cae rotundamente en el terreno de lo borde. Pero entre tacos y quejas tiene un lado humano que siempre me ha atraido, así que ayer, de camino al restaurante, iba con ganas de forzar los límites de una relación que hasta ahora ha sido fundamentalmente profesional.

El momento llegó a la hora de los postres. Como he dicho es francesa, y a menudo habla de sus problemas con el consulado (bueno es saber que el español no es el único que sólo emplea a incompetentes) o de las curiosidades del pueblo quebequense. Así que, muerta de curiosidad, durante lo que ya parecía el final de una velada muy agradable le pregunté: "Denise, y cómo es que acabaste aquí en Montreal?"

Me miró de una manera extraña, como de lado y con los ojos entrecerrados, y me dijo: "la culpa fue de Fidel." Y entonces comenzó la historia más apasionante que he escuchado en muchísimo tiempo. La historia de una jovencita que se movía en los círculos trotskistas del París universitario de los 60, donde se enamoró de un director de cine cubano que le ofreció el mundo si se iba con él a Cuba. Pero en Cuba (adonde llegó en 1965, cuando se fundó el Partido Comunista) estaba Fidel, y ellos llegaron a La Habana cuando comenzaba la censura de verdad. Un mes después la policía política los puso a los dos en la lista negra. Cambió su tema de doctorado tres veces para apaciguar al régimen, y contra todo pronóstico terminó la tesis a base de hurgar en un archivo polvoriento donde no molestaba a nadie. De allí salió para volver a Francia, donde al llegar las autoridades la recibieron con sospecha; meses después un conocido le consiguió un puesto en las Islas Reunión hasta que se calmara el asunto.

De las Islas Reunión vino a Montreal en el 76, el mes que Levesque salió elegido como primer ministro de Quebec: la ciudad le pareció un pueblo cutre y maloliente. Cuando sus antiguos enemigos franceses le ofrecieron irse a China para retomar un proyecto de investigación antiguo no lo pensó dos veces y se fue. Pero la promesa de un régimen abierto no era más que propaganda, y después de un año de intentos Denise no había conseguido entrevistar ni a un chino ... aunque varios acabaron en la cárcel por el mero hecho de que ella se les acercara.

Desanimada, un día llegó un telegrama a su nombre a la embajada canadiense en Pekín: "puesto en la universidad X, te queremos a ti. Condicion: que llegues antes de 48 horas a Ottawa." Y se fue. Y de allí a Montreal, que ya no era tan pueblo, no había tanto, y ahora es mi vecina.

Ya no la veo con los mismos ojos. En lugar de una vieja malhumorada cuando la miro veo una jovencita atrevida en su periplo por el mundo, allá por los años 70. Me llenó la imaginación de lugares que no conozco, de conspiraciones políticas y paisajes raros, oscuros, misteriosos. Cuando llegué a casa se me había olvidado que la semana que viene es mi tesis. Que Inara se partió el brazo y la pobre lo está pasando muy mal con la escayola. Que se supone que tenía que estar de los nervios. Detrás de los ojos sólo me cabían aventuras.

2 comentarios:

ghianti dijo...

Preciosa entrada. Gracias por compartirla. Besos para la princesita y ánimo.

Lunatrix dijo...

Gracias!! Yo diría que hasta se está acostumbrando a la escayola ... ??