Recibir paquetitos en el correo es una de las cosas que más me gusta de estar lejos. El cartero llama a la puerta o te vas a correos, recibo en mano, impaciente y con la risa tonta. Da igual que ya sepas lo que hay dentro: te cuesta aguantarte hasta que estés de nuevo en casa para abrir la caja / bolsa, si hace falta a bocados, y disfrutar como una enana de saber que hay relaciones que el tiempo y la distancia no pueden estropear. Es una sensación increíble.
Desde que me fui de Granada me llegan regalos empaquetados de forma regular, normalmente cortesía de mi madre. Últimamente mi padre se ha unido al movimiento paquetil, y poco a poco yo me he animado a corresponder con un bultito de dimensiones menores. Hace una semana se enganchó al tren mi tío Ignacio y me mandó, no cualquier cosa, sino 4 jabones, 2 cremas y un protector para los labios hechos a mano. Todos estupendos (que ya los he probado, jeje).
Aquí una foto por si no me creen. De fondo Epi, el nuevo miembro de la familia.
Si teneis amigos en el extranjero, mandadles paquetillos de vez en cuando, aunque sean diminutos. Es algo que no tiene precio :)

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