El viaje a Nueva York no fue tan malo después de todo, aunque las tres primeras noches dormimos más bien poco (lo de poco, en este caso, es un eufemismo). Va a ser que es cierto eso de que viajar con niños pequeños es más fácil que hacer de turista cuando las criaturas tienen ansias prematuras de independencia. Sospechamos que la culpa la tuvo Times Square, que estaba a unos 20 metros del hotel donde nos quedamos y por donde paseábamos todas las noches antes de irnos a dormir. A quién se le pasó por la cabeza semejante idea, dirán ustedes, sobre todo cuando en casa no tenemos televisión? En retrospectiva fue una idea malísima, porque después de una media hora de atraco a mano armada de luces, ruidos, pantallas y qué sé yo la pobre no se dormía, y cuando lo hacía (si es que lo hacía) era sólo para despertarse cada hora queriendo jugar ... pero con los ojos cerrados. De lo más raro. La consecuencia: que fuimos a una conferencia con la idea de tomárnoslo con calma y hacer un poco de turismo, y al final no tuvimos calma, no nos quedó energía para salir del barrio de Midtown y a la conferencia fuimos los dos hechos unos zombies. Tanto, tanto, que por primera vez en mi existencia pensé en mandar un correo 5 minutos antes de la sesión diciéndole a la organizadora que me había atropellado un coche (mirado con ecuanimidad no habría sido una mentira tan grande, aunque a Inara todavía no le han salido ruedas). No es broma.
Al final de nuestra estancia, el día 29 de febrero, metí la maleta del padre y la monstrua nocturna en el maletero de un taxi y les dije adiós con la manita. Me monté en un avión camino a Toronto, a otra conferencia, y así de golpe y porrazo me di cuenta de que -- ay, dios mío!! -- iba a ser mi primera separación de Inara desde que nació. No sólo eso, sino que no estaría en casa para celebrar ... su primer ... cumpleaños!!
Alex me había prometido que esperaría a mi regreso. Pero el muy traidor hizo una fiesta, preparó un pastel, le puso una velita, hizo fotos de todo el percal y me las mandó!! Será posible, pensaba yo mientras miraba las fotos durante una sesión plenaria con el ministro de inmigración de fondo (el funcionario con un alto cargo de mi derecha, por cierto, se pasó todito el discurso jugando al fútbol con su teléfono).
Cuando me percaté de la situación me senté bien quieta a esperar un ataque de culpabilidad. Y esperé y esperé, pero no vino. Me pasé 4 días haciendo y deshaciendo a mi antojo, hablando con todo el mundo, gritando a los cuatro vientos que en unos meses estaré buscando trabajo y durmiendo (agárrense los pantalones) hasta las 8 de la mañana. Terminé de leer The Inmortal Life of Henrietta Lacks (genial). También hice las paces con el descubrimiento de que mi vocación no es ser profesora universitaria. Y cuando el último día tocó montarse en el tren de vuelta a casa estaba lista para volver, pero en ningún momento me entró congoja o me sentí culpable por dejar a Inara con Alex para dedicarme a lo mío durante unos días. Y eso, para quien me conozca, es una novedad :)
3 comentarios:
No veas... Enhorabuena por saber recuperar tu espacio. Y nosotros diciendo que sería muy bonito Nueva York con un bebé.
Supongo que te has merecido desconectar... Pufff
Ya te digo. Por cierto, que nos vemos dentro de poco, me han dicho ... :)
¿Ah, sí? ¿Vienes pronto?
Publicar un comentario