No hace demasiado tiempo leí el libro The Man Who Mistook his Wife for a Hat, en el que el neurólogo Oliver Sacks cuenta las historias curiosas de algunos de sus pacientes. En una de ellas (Reminiscence) Sacks habla de Mrs O'C: una señora ya mayor que "soñaba", de manera particularmente vívida y mientras estaba despierta, con la Irlanda que dejó a los 4 años. Después de una vida sin esas memorias, los recuerdos (de su madre, de noches alrededor de un fuego, pero sobre todo de canciones) le inundaron un día tras un pequeño infarto cerebral. Lo que parece increíble es que todas esas memorias estaban ahí, intactas, esperando simplemente un desencadenante para salir a la luz.
Al fin y al cabo esas eran vivencias, recuerdos de una infancia lejana pero existente ... en la vida real.
En otra parte leí que la falta de sueño provoca cambios bruscos de humor, pérdida de autocontrol, menor capacidad para concentrarse, más dificultad para resolver problemas de la vida diaria de forma eficaz y que incluso las habilidades motoras se ven afectadas.
Lo que nadie me dijo es que la falta de descanso (y relativa, porque la mayoría de las noches duermo en sesiones de 4-5 horas, que no está nada mal) me iba a traer de vuelta a todos mis sueños. Pero es así: a cualquier hora del día me atacan sueños que tuve hace 10 años y que olvidé, con la nitidez de la experiencia vivida hace horas. Como en un flash, como si fuera la actriz de un melodrama de bajo presupuesto, me sorprenden los nombres de gente que nunca existió, caras que no recuerdo haber visto nunca, lugares que sé que estuvieron un día en mis noches porque de alguna manera sé que los soñé cuando tuvieron sentido (o no). Visito un metro de Madrid que es un laberinto donde las vías del tren acaban en cualquier parte y al fondo del túnel, donde está la luz, hay una estación de Renfe donde se puede tomar el sol; las calles de alrededor del Johnny son otras pero siguen estando cuesta arriba; a un edificio al borde de un acantilado lleno de personas a las que quise no conocer lo lamen las olas del sur; espero el autobús en el campus de una ciudad con mar delante de un mural morado y naranja; tengo todas las edades y ninguna, pero cada historia tiene su principio y su fin, y me llegan decenas de ellas cada día, fascículos atrasados de una revista a la que no supe que me había suscrito.
A cualquier hora del día, pero sobre todo cuando cambio pañales a las 4 de la mañana, me visitan los sueños de toda una vida.

4 comentarios:
Eres afortunada...el nuestro está fastidiado con los dientes que le están saliendo y se despierta cada 2 horas o incluso menos...imagina como estamos nosotros...
Al menos, como no era mío, aún no he soñado con los payasos-vampiro de Barcelona con los que soñaba Aran...glups...ese sí que daba miedo...
Besos y mucho ánimo!!!!
:D
Jules
Yo también tengo una historieta con los sueños cuando estoy muy cansada: son en alemán. Llevo casi seis años sin hablar-hablar alemán, y aunque lo sigo comprendiendo bien en todos los contextos, necesitaría una temporada en Alemania para volver a despotricar con la fluidez que presento en los sueños. Al despertarme sé lo que he estado diciendo, pero no soy capaz de repetirme las palabras, no me acuerdo de cómo se dicen. Y solamente me pasa en temporadas que me paso durmiendo dos-tres horas.
@ Jules: no, no puedo ni imaginármelo!! Espero que desde que escribiste el comentario (hace ya tiempo ... tengo el blog de lo más abandonado) las cosas hayan mejorado un poco. Me recuerdas por qué seguimos metiéndonos en estos líos??? Un abrazo :o)
@ Mortiziia: je, qué curioso. Tú crees que en los sueños de verdad hablamos? Yo creo que no, que simplemente sabemos lo que queremos decir, por eso podemos hablar en idiomas que ya no nos son tan familiares. Lo digo porque a mi también me pasa a veces con el francés, que en los sueños tengo una verborrea increíble pero luego, si me pongo, me doy cuenta de que ni siquiera tengo el vocabulario para decir lo que juraría haber dicho en sueños!!
Pues no sé, Luna. La cuestión es que yo sí sé todas esas palabras, pero las tengo en una especie de cajón del olvido del que me cuesta recuperar la información. Si las escucho o las veo escritas sé lo que significan, y si pienso suficientemente rato también se me vienen a la cabeza. Pero en los sueños rajo por los codos sin tener que recuperarlas, es como si volviera a hace 8 años, cuando hablar en alemán no me costaba. En cambio en francés (que lo hablo ahora igual que el alemán, a trancas, pero nunca llegué a hablarlo bien antes) nunca sueño.
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