Aquí seguimos. Las horas, los días, pasan de forma inexorable, como las olas del mar, y cada vez que miro el calendario me da vértigo. Qué ha sido de las últimas semanas, dónde han ido a parar? La respuesta la conozco demasiado bien: a algún lugar que se encuentra entre la mecedora y la mesa de cambiar. Si no lo pienso demasiado y vivo al día me da un poco igual, la verdad, porque cada vez que Inara se ríe o hace gorgoritos se me quitan las penas.
Quién me iba a decir a mi que acabaría cayendo en tanto estereotipo, jeje: se me cae la baba.
Disfruto, y mucho, en parte por el apoyo que tengo, que me permite seguir con la cabeza encima de los hombros. Me han preguntado varias veces en los últimos días quién me ayuda estando tan lejos. Yo sé, porque lo he visto, que hay mujeres que pasan por esto solas (o peor aún: con familias -- en particular parejas -- que les hacen la vida aún más difícil). Creo que si ese fuera mi caso hace tiempo que habría tirado la toalla, porque esto de tener un bebé es un trabajo de 24 horas al día. Como no podía ser de otra manera, aquí van los créditos.
El primero es una oda a mi madre, que en cuanto supo que no me podía ni mover al salir del hospital lo dejó todo, se montó en un avión con un cargamento de ropa que me va a durar hasta dentro de 5 años y se pasó aquí tres semanas cambiando pañales, limpiando la casa, cocinando para que no nos tuviéramos que preocupar cuando se fuera (todavía tengo el congelador, tipo arcón, lleno de sus delicias, ñam!) y haciendo el turno de noche conmigo. Tres semanas suenan a eternidad cuando se trata de tener a la madre/suegra en casa ... pero cada minuto fue imprescindible para recuperarme y empezar esta etapa en condiciones. Así que gracias.
La segunda oda va dedicada (como no podía ser de otra manera) a super A, que toma el relevo de las noches a las 6 de la mañana y me hace las comidas, cambia pañales, y se encarga de "llevar a la niña a la escuela" (es decir, ponerla encima de una alfombra para que haga sus ejercicios de cuello y se entretenga mirando contrastes, que por lo visto son muy buenos para estimular el cerebro ... o algo así). También está a cargo de las mañanas y los turnos de biberón que me permiten perderme varias horas al día por las calles de Montreal. Sí, señoras: el espacio personal es imprescindible para la salud mental incluso cuando hay un bebé muy cuco esperando en casa. Así que gracias, super A, por hacer mi vida más fácil!!
Y luego están los padres de Alex, los amigos de aquí (que me la tienen vestida -- Hannah S.! -- y nos sacan de paseo), y todos y todas los que me mandan mensajes y otras cositas por internet y a la puerta de mi casa, haciendo mis días muchísimo más llevaderos. Sin nuestra gente no somos nadie, así que gracias!!


5 comentarios:
Antes de que os deis cuenta la tenéis correteando, jeje. Muchos besos a los 3. Hasta pronto.
¡Es preciosa! Enhorabuena por llevarlo tan bien y por esa red de apoyos que has tejido.
Ohh, guapa. Qué bonita entrada. La verdad es que la ayuda de toda esa gente es imprescindible, aunque a veces suponga una invasión a la intimidad y a veces se haga pesada, pero hay momentos en los que estás desbordada y, aunque yo no me sé aprovechar todo lo que debiera, es genial poder contar con todos ellos.
Mucho ánimo y mil besos, que más de uno te entendemos por aquí...
Qué haríamos nosotros sin los abuelos del peque...bufff
Besos
Jules
:D
@ Ghianti: eso es bueno o malo? XD
@ Aorijia: gracias. Hombre, no me importaría tener más apoyos por estos lares, pero no nos vamos a quejar ...
@ MMar: guapa tú!! :o) Un abrazo.
@ Jules: aprovechadlo!
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