
Kyoto visto desde las alturas.
Al final se me pasó hablar de Kyoto, que fue lo que más me gustó de Japón. Me sobró muchísimo Tokyo y me faltó del resto: me quedé con ganas de utilizar mi Japan Rail pass hasta que se desarmaran las esquinas o me echaran del tren, pero vino la boda por la que hicimos el viaje (estupenda, por cierto) y luego unos días de resfriado infinito, interminable, que el aire pegajoso y contaminado de Tokyo pegó a mis pulmones con la fuerza del super glue. Así que cuando por fin nos montamos en el avión camino de Montreal lo hice con ganas, muchas ganas, porque he descubierto que se no nací para ser turista. Y es que hay una diferencia entre viajar y hacer turismo sin saber un idioma y saltando de hotel en hotel, de restaurante incógnita en restaurante incógnita, de una tienda de souvenirs a otra. Entre conocer y deslizarse por la superficie de un lugar desconocido.

Altar en una esquina del Nishiki Market, en Kyoto.
Pero no se crean que no disfruté: cada minuto fuera de Tokyo, cada viaje, cada momento que pasé fuera de esa urbe infernal fue una delicia. Entre las cosas que me encantaron están el sistema de trenes, que es una pasada. Los retretes de sentadilla en los lugares públicos y el contraste con los retretes ultramodernos de casas y hoteles, que te calientan el trasero y, si quieres, te limpian con un chorrito de acierto aterrador (...). El barrio de Koenji con sus calles bulliciosas, su mercado y su aire de pueblo. Los parques. Los bares con ruido y pescado a la plancha (ya saben que estoy haciendo un paréntesis en mi vida de comeflores). Y Kyoto, Kyoto, Kyoto ...

Estación de Kyoto.
Llegamos a Montreal. El otoño llegó con fuerza durante nuestra ausencia y las calles tienen un aire de fiesta con los árboles de más colores de los que parecía posible. Dos días antes del viaje hicimos el traslado a un apartamento nuevo, convenientemente situado entre dos de mis instituciones favoritas de la ciudad: la mejor tienda de bagels (Fairmont, but of course!) y la tienda de bagels que no está mal (St. Viateur). Entre bagel y bagel desarmamos cajas y tratamos de amueblar el apartamento, que por ahora sólo tiene dos habitaciones habitables (cocina y oficina) y un colchón solitario. Eso, y una silla delante de la ventana donde paso mis ratos libres admirando los árboles de mi nuevo barrio.
Supongo que cada despedida es un comienzo :o)

Noche en Gion, Kyoto.
3 comentarios:
Muy chulo. A ver si el peque me deja viajar a Japón pronto, que tengo muchas ganas de verlo. Ya te preguntaré en su momento.
Por otro lado, me viene un poco mal ir a tu casa ahora, que si no me acercaba a ayudaros con las cajas...he vivido una mudanza hace poco y sé lo que es que te coman las cajas...y que deshagas y deshagas...y siempre aparece una en algún rincón esperando a que coloques todas las cosas que contiene....
Ya me mandarás fotos de tu nuevo hogar.
Muchos besos
Jules
Hooooola! Acabo de leer los ultimos seis posts de tiron depues de mucho tiempo sin entrar y he disfrutado mucho con las fotos y vuestros adventuras. Gracias por compartir y buena suerte con el nuevo piso y con todo. :)
Hola Julio! Le compramos unos calcetines ninja muy chulos a Daniel, a ver si esta vez no le están pequeños, jejejeje ... Lo de las fotos, en cuanto haya menos cajas te las envío. Tenemos un sofá cama para invitados y todo, ya verás que cómodos vais a estar! :D
Mariano: pues muchas gracias, con lo parco que eres con tus elogios me das una alegría. Ya he leido tu entrada, os pateasteis un montón en pocos días! Nosotros estuvimos 2 semanas, aunque con el tema de que el hermano de Alex se casaba y teníamos que echar una mano al final acabamos pasando casi todo el tiempo en Tokyo. Por qué no vivirías en Kyoto??
Laia: gracias! Yo también sigo vuestras aventuras a través de Marco, mucha suerte con todo y un abrazo!
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