
El infierno del Toubab empieza en Medina y se extiende hasta el mar en dirección sur. En este territorio, raramente será considerado más que un billete, un pasaporte a otro lugar o (en el caso de las mujeres) sexo fácil de aventura.
Cuando llegué aquí con Alex me quedé en Ouakam (en el mapa, debajo del aeropuerto), un barrio normal pero tranquilo en el que por las mañanas se oía el canto al rezo lo suficientemente bajo como para ser agradable, pasaban cientos de autobuses de todo tipo y el frutero sabía mi nombre.
Ouakam.
Luego me fui al barrio de Marché Boubess, en Guédiawaye (arriba a la derecha en el mapa) a vivir con la familia del amigo Babakar. Allí me convertí en Madame Toubab, simplemente porque no había otra. Guédiawaye es una ciudad en sí misma, muy grande, de donde proceden muchos de los senegaleses que ahora están en España. Es, por hacer una comparación poco adecuada, como el Entrevías de Dakar: ese lugar al que llegan los inmigrantes internos del país en busca de una vida mejor, pero se viven muchas dificultades sobre todo económicas. Teniendo en cuenta las enormes diferencias entre Dakar y Madrid, eso significa que se ve mucha miseria sin edulcorantes.

Campo de fútbol en Guédiawaye, Marché Boubess.

Carrera de "calesas" y negocio de chatarra delante de la casa de Mame Fatou, donde estuve viviendo, en Marché Boubess, Guédiawaye.
Hasta ahora me he relacionado poco con otros toubabs, sobre todo porque estoy aquí para trabajar con senegaleses, no para bailar salsa o hacer amigos (hay que decir, no obstante, que los que he conocido son en su mayoría estupendos). Aquí hay muchos blancos: trabajadores de multinacionales y ONGs, funcionarios de empresas extranjeras, etc. Senegal es un país tranquilo desde el que se llevan muchos de los negocios y asuntos políticos de la región. Los sueldos suelen estar mejor que bien (por lo que tengo entendido), lo que hace que haya una enorme distancia entre los blancos residentes o turistas en la ciudad y los senegaleses de a pie. Para poner un ejemplo práctico, ahora que soy una pijo-Toubab y vivo en el barrio de Fann Hok (justo encima de donde pone "Dakar" en el mapa) tengo frigorífico, internet y estoy rodeada de hoteles de 100 euros la noche y de tres panaderías estilo francés; a menos de 100 m hay una colonia de sin techo que por no tener, no tienen ni chabolas. Es la regla del todo o el nada: el todo de los toubabs, el poco o nada de los senegaleses y el un poco más de los senegaleses que se arriman a los toubabs. Por eso esta zona me gusta tan poco: porque es imposible relacionarse con un senegalés sin que directa o indirectamente te haga el reproche de ser toubab (y por tanto, según la regla de tres, tener dinero).

Vistas desde mi habitación (el mar a la izquierda)
Vivir en Dakar no me gusta por esa sensación de confrontación permanente; vivir tan cerca su epicentro me resulta tan incómodo como un grano en mi ombligo existencial. Tengo todo lo que necesito y seguramente mis padres se quedarán más tranquilos al saber que vivo con otra toubab, que tengo agua corriente, internet y una cama con mosquitera en una habitación con ventanas que miran al mar. Sin embargo he tenido que volver a Guédiawaye (que por cierto aún muestra las consecuencias de las inundaciones de este verano en forma de agua pútrida en cada esquina) para sentirme como en casa comiendo thiéboudienne alrededor de un bol compartido.
2 comentarios:
Respeto tu forma de pensar y de actuar... pero no se te nota alegria en tu vivir
No entiendo tu comentario, te refieres a esta entrada o al blog en general? Si es lo primero, pues sí, fui a Senegal a trabajar y el día que escribí esto estaba de mal humor por algo que me había pasado en Dakar. El resto del país me gustó muchísimo más.
Si es lo segundo ... pues no será porque me falta!!
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