
Pues parece mentira, pero hoy hace tres años que mi madre, mi hermana, mi maletón y yo llegamos a Vancouver en un vuelo de la British Airways. Tres años, y sin embargo todo comenzó mucho antes, cuando mi padre se fue a London, Ontario, a hacer su postdoc sobre transmisión neuronal de un tipo que no me acuerdo. Creo que si hubiera sabido las consecuencias de sus actos en aquel entonces lo mismo se lo habría pensado dos veces ☺
Como esto no pasa todos los días, me vais a perdonar que me ponga un poco nostálgica y os cuente una historia: la historia de cómo acabe aquí, desde el principio.
Primero fue London. Del tiempo que pasamos con mi padre en London sólo recuerdo imágenes sueltas – un triciclo rosa, un trineo amarillo, mi traje para la nieve rojo pasión y tres velas en la tarta de cumpleaños. Todo son colores. El blanco de la nieve que rodeaba la casa. El verde de la moqueta del pasillo. Un paraguas en las cataratas del Niagara. Por alguna razón siempre he relacionado Canadá con una felicidad tranquila, y a la vuelta, en ingles, dicen mis padres que a menudo preguntaba cuando íbamos a volver.De vez en cuando mi padre ponía el proyector en el comedor y me enseñaba las diapositivas de Canadá. Clic. Clic. Clic. Clic.
“Papa, cuando vamos a volver?” Mi padre respondía: “cuando tengas 8 años, niña, cuando tengas 8 años.”Cuando cumplí 8 años la promesa quedó en el aire, y tomando las riendas de mi destino empecé a ahorrar. Pegue tantos sellos para las cartas de los clientes de mi madre que un día la lengua se me quedó pegada al paladar y me tuve que beber dos vasos de agua para quitarme el mal sabor de boca. Mi paga semanal eran 20 duros; el doble si
limpiaba la cocina. Estilo hormiguita, como siempre, con 14 había ahorrado casi lo suficiente para pagarme el billete de avión, y mi padre (supongo que harto de que le preguntara) me mando con su mejor amigo de los tiempos de London, que por aquel entonces era profesor en UBC.Vancouver en Septiembre es la ciudad mas bonita del mundo. Y cuando yo vine por primera vez era Septiembre. Vancouver, con su mar, sus montañas, sus arbolitos verdes y su gente de paciencia infinita. Suena cursi, pero aquí me enamore por primera vez
con esa tontería que no hay quien la aguante. Volví a Granada y aterrice directamente en mi primer día de instituto, en la mesa de la primera fila que
era la única que quedaba porque llegue 4 días tarde; ya entonces esto me parecía mas real que aquello. El instituto, la carrera, y siempre pensando en volver, volver.Veinte años después del primer vuelo en avión que me llevo a Ontario y casi 10 desde que pisara Vancouver por primera vez, volví. No se a que ni adonde, a un lugar en mi cabeza, quizás, pero volví. Y ha pasado el tiempo.
3 años 3, como 3 toritos bravos. Y una vida entera planeando un viaje.
6 comentarios:
Preciosa historia!
Gracias Susana!! :o)
Felicidades por mantener un sueño por tantos años y convertirlo en realidad
asias ^_^
Muy buen post...perfecto para empeorar mi morriña.
Un saludo de un ex-residente de Kitchener(Ontario).
snif, snif :(
que bodito
:)
disfruta de esa ciudad imán para tí.
a ver si puedo volver y verte por aquellos lares un día de éstos.
besos
Julio
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