[I am trying to decide whether it makes sense to write in English or not, since you don’t write any comments. Please answer the survey on the right.]
Supongo que en un momento determinado todos (y especialmente todas) hemos sido víctimas de un ataque repentino de tetofobia – una actitud social que, por otra parte, es una constante de nuestra vida cotidiana. Defínase la tetofobia como “el terror a la visión de una parte o la totalidad de las glándulas mamarias de la especie homo sapiens sapiens, en particular aquella en las inmediaciones cercanas del señor pezón.” (Lunatrix, 2009:1).
Sin entrar en experiencias personales (como la censura de otro blog a raíz de la inclusión de una fotografía de la siempre estupenda Isabel Muñoz) desde que Lunática vio la luz del cyberespacio hay dos casos de tetofobia que me siguen dando que pensar. Hum. No incluyo links porque mi conexion es una birria.
Del primer caso nos enteramos a través de un email en el listserv de la conferencia de la Asociación de Geógrafos Americanos (y otros nerds, AAG) en 2008. Una compañera pedía auxilio después de que la administración del Hilton de Boston, donde se realizaba la conferencia, le informara de que no había sitio para que le diera de mamar a su bebé de unos pocos meses. En una comunicación con mejores intenciones que acierto, uno de los jefes del citado hotel le recomendó que se encerrara en las cabinas del cuarto de baño (lugar ideal y muy cómodo a la vez que higiénico). La madre en cuestión pedía que alguien que se quedara en el hotel le dejara utilizar su habitación un par de veces al día. No sé qué pasó al final.
Poco después el H&M del centro de Vancouver echó a una mujer que osó utilizar tu glándula mamaria para cumplir la función para la que está diseñada – es decir, para darle de mamar a su bebé. Este caso de tetofobia recibió mucha publicidad, y pocos días después un grupo numeroso de madres amamantadoras se plantaron en el local de H&M, bebé en ristra y teta al aire: se sentaron en todas las esquinas y a la encargada de la tienda no le quedó más remedio que soportar la visión de tanta teta con tanto pezón y encima pedir disculpas (todo el mundo sabe que la clienta siempre tiene la razón, sobre todo si anda de mala hostia).
Pues bien: en Senegal la tetofobia es de una naturaleza muy distinta: esta mal mostrar por placer, pero no por necesidad. En el último mes y medio he visto tetas en el autobús, tetas en medio de la calle, mujeres con las dos tetas al aire de las cuales colgaban sendos bebés, tetas ancianas en patios de casas de vecinos, tetas en habitaciones llenas de gente, y más tetas. Veo tetas por todas partes que se muestran sin disimulo ni vergüenza.
Empiezo a pensar que hay muchas cosas en las que hemos perdido con esto de ser tan modernos.
3 comentarios:
Jeje. A mí también me parece increíble que se censure algo tan natural y hermoso como darle el pecho a tu bebé en público. Por suerte, yo no tuve nunca ningún problema, y eso que cuando son peques no entienden de horarios y les da hambre en cualquier parte :)
Por cierto, que dentro de unos meses me veo como esa senegalesa con un bebé en cada pecho...
Pero tiaaaaaaaaaaaaaaa .... dos!!! DOS??!!?? A la vez!! Si vais a ser familia numerosa en ná de ná!! Y cómo es que estás en cama?? Te encuentras mejor??
Ufff, en cuanto vuelva a Granada te llamo. No puede ser que llevemos tanto tiempo sin vernos con la pila de cosas que te están pasando.
Un abrazo y que te mejores pronto! :o)
jejeje
justo ayer pasé al lado de una terraza por el centro en la que había una familia tomando unas cañas y aperitivos...y la madre tenía a su churumbel enganchado a la teta...jejeje, parecía reivindicar que él también tenía derecho a tomarse algo en la terraza, siguiendo esta sana costumbre veraniega, leñe.
un abrazo
Jules
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